miércoles, 22 de marzo de 2017

El fin de la evolución





Y veamos que la razón evolutiva y los medios seguros de funcionamiento dejaron de funcionar y nos dejó ante la sinrazón y evolución irracional,propia de las sociedad. Irracional pues no es, por necesidad, un movimiento fecundo y productivo. La evolución biológica, te lleva, inflexiblemente a la mejoría. El cambio cultural, puede que sí, tanto como puede que no.
Darwing lo marco claro y nos afirmo que sólo sobrevivirán los fuertes y los débiles, ante su incapacidad para asumir las circunstancias, desaparecerán y sólo permanecerán aquellos que estén totalmente adaptados a las circunstancias que les rodeaban.
Entonces, antes de la agrupación en que las personas nos hiciésemos sedentarios, los individuos, estaban perfectamente adaptados a la situación que les rodeaba y si no, con coherencia y operatividad se adaptaron a ella. Toda, absolutamente toda parte humana, tiene una razón de ser y explicación constitutiva. Esta forma producto de una serie de condiciones, estaba preparadas por una acciones necesarias y oportunas, diarias a realizar. Pero llegó el momento en que dejamos de vivir de forma errante, persiguiendo la caza y huyendo del frío, y encontramos formas y maneras, para vivir en comunidades y formar, núcleos sociales, en los cuales la vida tomó otras formas y el acto evolutivo, murió entre las manos del fuego que se encendió para del calor y curar al enfermo, débil e inadaptado. Murió la evolución y el resto, decidimos que viviese el débil. Aquí dejamos de cambiar, de evolucionar y nos estancamos en una formas físicas que ya nunca cambiaran ante nuestra incapacidad para definirlas de otra forma sin la actuación de una selección natural, con la que hicimos una eutanasia convencidos de su necesidad en cuanto su muerte.
Hace más 10.000años, cuando comenzamos a plantar trigo y comer frutas dejamos de tener la necesidad de recorrer 10 o 20 km diarios para encontrar la comida, poco a poco, esta necesidad de movimiento se fue reduciendo hasta cantidades ínfimas actuales, en las cuales, algunos, pueden pasar todo el día, y como cualquier otro, caminando, no más, de 500 metros diario. Casa-garage, misma finca, garage-trabajo, mismo edificio.
La evolución muere, pero nuestro cuerpo y alma, se quedaron estancadas en el nivel aquel en que la abandonamos, y toma la necesidad de respeto de tales, pues sino, la consecuencia, es la deformación de nuestra persona, pues ella, necesita de una serie de medidas y de formas evolutivas que sirvieron, cuando fueron conformadas para vivir y que hoy, ante la falta de cambios, son necesarios para sobrevivir en otras circunstancias.
Tenemos que andar 4 o 5 kilómetros diarios, sino por la única razón que nuestro cuerpo así lo necesita. Tú cuerpo y el mio, tiene una preparación, características y necesidades que corresponden a un ser humano de la prehistoria. Tenemos que respetar las necesidades de estaa configuración física, sinó, esta máquina natural, sufre.
Mas ejemplos ilustrativos. Llevando a unos de mis hijos al dentista, éste, le realizó unas acciones y después de hacerlas y hablando informalmente, me recomendó y me dijo que le diera de comer a mis hijos comida más densa y dura, pues como, actualmente, se comía muchos alimentos blandos, con poca masa y densidad, la mandibular y dientes humanos, preparado para ciertas atmósferas de presión que no hace, con los alimentos actuales, con lo cual, le produce dientes débiles y mandíbulas deformadas. Nuestras mandíbulas no están preparadas para comer yogures no más, sino manzanas, carne, pescado y frutos secos y alimentos con consistencia..
Démosle a nuestro cuerpo lo que necesita, es decir, darle las condiciones para las que fue criado por la propia, ya con forma y entidad, evolución.
Salí con los ojos muy abierto al haber oído a un especialista ratificar mis sospechas.
Nuestro cuerpo se estancó en un momento evolutivo en unas circunstancias concretas.
Hay que actuar conforme a ellas, estudiarlas y ponerlas en prácticas.

viernes, 10 de marzo de 2017

El monasterio, santo Tomas y la Razón.

             Aquel monasterio estaba a punto de derruirse.
             Tenía sólo 500 años, pero había sido quemado y saqueado en varias ocasiones durante aquel último siglo.
             Era un viejo Franciscano, viviendo en la pobreza por voluntad y por hecho, el que estaba dentro de la ya maltrecha y pequeña librería donde y a plena fuerza de sus ojos, pues apenas habían unas velas alumbrando todo el recinto, desmenuzaba los muy pocos papiros que allí le quedaban. Se había prometido llegar a Dios desde su razón. Había estudiado a ciencia cierta y mucho esfuerzo e interés a Santo Tomas, el gran padre de la escolástica y los caminos para justificar a Dios con la razón. No quería seguir a Santo Tomas porqué creía de él que había utilizado demasiado la teoría Aristotélica y la búsqueda de Dios de una manera racional en su creación, debía de ser reflejada en muchos aspectos.
              Era por la mañana cuando sonó la campana del viejo edificio. Marcos llevaba ya despierto desde la salida del sol siempre. Casi no tenía necesidades y el pueblo de abajo, con unas ceremonias religiosas, la proporcionaba un mínimo sustento, de aquí que su relación con el exterior fuera prácticamente nula. Desde el patio interior, del pasillo de la oración bajo a la corroída puerta principal a abrir al visitante. Cuando abrió,  su sorpresa fue relativamente grande.
              Marcos vivía en el centro Europeo en el cual estaban viviendo plenamente la edad media alta. Comunicación nula, teocracia e inseguridad. Las visitas eran, en muchas ocasiones, malas. Pero le abrió. Era joven, burgués, con un sirviente y dos buenos caballos. Así pues y sin más le dijo.
                - Señor, me perdí ayer en el camino hacia Austria y ya se nos ha hecho tarde y necesitamos descansar y nos gustaría hacerlo detrás de la protección de los muros de tu monasterio, a cambio de un dinero.
                Marcos sonrió, le invitó a pasar y les dijo:
                - Afortunadamente para todos, los franciscanos no cobramos por nada.
                 Aquella noche sí que trajo algo especial. Los visitantes llevaban buenas provisiones, de las que, con mucha moderación como con todo, Marcos disfruto desde su voluntaria abstinencia diaria. Tras la cena, Marcos, como buen Franciscano, les invitó a rezar con él, en la pequeña ermita del patio central.
                 - Señor, le dijo, este hombre joven, mis maneras religiosas no tendrán nada que ver con las suyas. He visto los rollos y papiros de Santo Tomas repartidos por las mesas y respetando mucho a ese gran pensador discrepo en su elemento principal.
                  Marcos llevaba unos quince años estudiando, comprendiendo, trabajando los principios de Santo tomas y su posible bifurcación en otro campo más lejano a Platón. Su sorpresa fue alta, pues a su abandonado monasterio de aquellos únicos visitantes anuales, uno era aquel.
                    - Y ¿cómo sabe nuestra disconformidad, Señor?
                    - Porqué Usted trata de confirmar la existencia de Dios utilizando la razón. Demostrar y justificar.
                    - Enfrentado a Usted, me dice, vale, es que ¿usted que cree?
                    - Yo creo en el mismo Dios que usted, pero yo sólo puedo llegar a través de la fe. No tratemos de justificar ciertos elementos con la razón pues con ella no tienen ningún sentido. Ciertos dogmas y premisas religiosas son injustificables por la razón. Somos demasiado pequeños para explicar la universalidad e infinitud.
                     - Y digo yo ¿tiene miedo a definir el bien o el mal por el miedo a sentirse mal calificado y lejos de lo que quería estar?
                     - Ah, no, Marcos, y empezaré diciéndote que el bien y el mal son dos características que Dios ha querido dar a unos elementos. Que son dos palabras vacías de contenido significativo. Son dos conceptos invisibles que Dios lleno de conceptos. las palabras no son nada, los conceptos se nos vacían de contenidos y se quedan en nomás que referentes.
                      - Mi Dios si que tiene referente y sentido y tiene mucha racionabilidad todo lo que Él nos dijo - le contestó ya con cierta molestia
                      - Le respeto mucho y alago se pobreza de espíritu y la ayuda a los demás, pero deje la razón para otros asuntos y a Dios limitémonos a sentirlo.
                       En la intimidad de la sala central y al lado de unos pequeños troncos, ambos siguieron discutiendo, con gran amabilidad pero intensidad problemas concernientes a la teología hasta bien entrada la noche.
                       Amanecía, cuando salía el franciscano y el visitante ya estaba sobre su caballo, esperando muy pacientemente la salida del hermano.
                       - Ya se va, como me dijo.
                       - Sí, padre, recuperada la orientación me dirijo a mi destino.
                       - ¡Lastima que no pudiese ayer reconducirle! - rieron los dos al unísono.
                       - Padre Marcos, mi creencia es tan grande como la de Usted, pero me resisto a creer que llegaremos a su comprensión con la razón, la cual es limitada.
                        Se acercaron y se dieron un sincero apretón de manos a la par que intercambiaban sonrisas. El hombre del caballo ya estaba saliendo por lo que quedaba del arco central de la puerta cuando el Padre Marcos le pregunto.
                         - Señor, válgame Dios que no se todavía su nombre
                         - Fallo mio por no presentarme supongo que por la intensidad y gozo de la conversación. Mi nombre es Occam, Guillermo Ocamm.
                         Con un suave y rítmico movimiento a las bridas, puso en marcha a su rocín, mientras el fraile franciscano se quedó fijamente mirándolo al alejarse. Tenía tiempo, mucho tiempo, para analizar, estudiar y comprender sus palabras. Pero, complicado, pues la razón es el instrumento de comprensión y control. No quedó muy convencido de esta última afirmación y corriendo volvió a la biblioteca.

viernes, 3 de marzo de 2017

LA MUERTE DE SÓCRATES





Los alumnos se habían ido ya. En un diván, semitumbado sobre el apoyabrazos y cansado se quedó. La fatiguez de su cuerpo le vaticinaba una muerte no muy lejana. Triste estaba pues pensaba la injusticia en el juicio, por sus conciudadanos, que le habían hecho de sus actos y opiniones.
  • ahy – decía mientras levantaba la última copa de vino - ¡que pocos recordaran todas las ideas y conclusiones a las que he llegado en la experiencia de mi vida!, espero que a alguno de estos alumnos que con tanta sinceridad me escuchan, le valga, al menos para encauzar su vida.
Una risa profunda, tenebre, oscura y alegre sonó por toda la estancia. Realizando una gran contraluz con el sol de mediodía que entraba por las ventanas, vio aproximarse a un hombre vestido de blanco con togas y pequeñas trenzas de soga. Caminaba, pero a dos palmos del suelo. Sócrates, puso la otra mano sobre la cama, y comenzó a abrir la boca. Su pelo era absolutamente blanco, fuerte, rizado, desordenado, y, una grandes patillas, también rizadas y desordenadas.
  • ¡Quién eres, que quieres! - exclamo Sócrates.
  • Espera, ahora te cuento, pero dime, ¿de verdad piensas que tus palabras y conocimientos no pasarán más allá de tus alumnos? - dijo sonriendo con una celestial maldad.
  • Sí, la pequeñez máxima de mis pequeñas charlas en círculos pequeños, hará que mi nombre se pierde en el transito de la información.
  • ¡No, no! - dijo abriendo los brazos y provocando un alargado pequeño temblor de todos los rincones del salón- ¿cuantos habitantes tiene Atenas?
  • Unos 250 mill – contestó con seguridad, espera y curiosidad.
  • ¿Y si te dijera que en un futuro te estudiarán un numero más alto que todos los habitantes de Atenas?
  • Imposible.
Volvió a reír y se giró bruscamente. Una larga cola roja azotaba, con dulzura y elegancia el espacio que iba dejando su cuerpo. Sócrates ya pensó que era su día.
  • Pero ¿Por qué tú has venido? - alegó sin variar un ápize la expresión en su cara. Su curiosidad siempre podía más que su temor.
  • No, siempre viajamos juntos, no te equivoques. Ya te cuento después y dime, ´¿y si te contara que iban a ser millones de personas las que conocerán tus palabras? Por tus alumnos llegaran a otros lugares y serán estudiados por personajes y en paises que jamás podrás, aquí, imaginar.
  • Pero ¿cuando?
  • Te estoy hablando de aquí a 2 mil años - El delirio y la aluzinación espiritual le abrazaron. Pensaba que ocurría debido a la locura de su muerte era máxima y de aquí esta imposible conversación.
    El diablo volvió reír a carcajadas. Tenía la piel que llevaba al descubierto, blanca e impoluta. Menos las grandes y exagerada patillas y las largas melenas rizadas, el resto de su rostro era absolutamente imberbe. Camino dándole la espalda, hasta se volvió a girar enseñándole los pequeños, pero afilados y brillantes, colmillos y le dijo.
  • - ¿Tú eres consciente de la futura utilización de tus palabras?
  • - Ahora sí, y no tengo nada que arrepentirme de lo que he dicho.
    El diablo se giro dándole la espalda, entrecerrando algo los ojos mientras apenas suspiraba una tremenda sonrisa. Lo había conseguido y Sócrates se quedó pensando en la influencia futura de sus palabras en el caso que tomase las dimensiones que este ser de Argos le contaba. Su pequeñez aumentaba en segundos mientras se veía e imaginaba hablando ante millones de personas y cuando el mundo ya no fuera lo que entiende ahora. El diablo le dio la cara otra vez.
  • - Hemos venido, la unidad que formamos los dos, a advertirte del problema que tendrás con los dirigentes de está ya inolvidable ciudad que será.
  • - Sí, lo sé, pero mi sitio está aquí.
    Se giró y comenzó a andar. La cola había desaparecido y la sonrisa se había tornado amable y cariñosa cuando lo miró de nuevo.
  • - Has dado grandes y buenas enseñanzas, y en el futuro, gente y pueblos, más lejanos y deferentes posibles, habrán oído hablar de ti.
    Sócrates se arrimó hacia el respaldo de su cama. Trataba de ordenar su mente en un acto imposible. El delirio, sin aceleración ni respiratoria ni cardiaca, continuaba.
  • - Tu nombre pasará a la historia, dentro de 2 mil años habrá alguna persona en cualquier lado escribiendo Filosofía o alguna otra historia en la cual tu nombre aparezca. - El mareo y los vértigos le hicieron recostarse algo más. Desde su pequeñez se le hacia imposible aceptar tales medidas.
Allí se quedó levantando su copa al aire y sintiéndose en el punto y momento más álgido de realización de su vida, y entre los últimos efluvios de la copa de vino, sus ojos se fueron entrecerrando mientras el ente celestial le extendía las sabanas sobre los hombros y ponía algo más de madera en el fuego central-


martes, 28 de febrero de 2017

El riesgo de la tecnología



La máxima globalizan segrega los ácidos gástricos, y la sociedad se nos merienda más fácilmente.
La similitud y repetición formadora, no es un acto consciente. La monocromía intelectual, producto de fuerzas externas en el mundo accidental, es cuasi total. Estamos igualmente concebidos, aqui y allá en, lo que equivocadamente geográfico, se considera, el mundo occidental.
La vox populis está sometida a las reglas de funcionamiento, tanto legales, como y he aquí el máximo problema, intencional, y final
¿Veremos en internet unas convicciones parejas o encontraremos una multitud inabarcable de diferentes opiniones?
Las personas, pese poner todo nuestro interés en hacer, cada vez tomamos menos decisiones en la independencia propia de nuestra persona y ya nos influye en ella, acontecimientos totalmente extraños tanto a nuestra zona, modo, costumbre y demás, en nuestra vida.
Ante esta repetición actitudinal y constitutiva, llegan los buitres de la publicidad y actúan.
No son buenos, te observan, vigilan, estudian. Buscan tus debilidades y las explotan. La ventaja del producto jamas es vendida. Te crean la ilusión de la necesidad y la falsa satisfacción de tenerla.
El mercado y sus fuerzas compositivas, en su máxima expresión de la globalización internacional del mercado, es la miseria y humillación  máxima del individuo como tal.
Y los publicistas, son los que hacen las rapiñadas de lo que será el cadáver del inútiles intenciones de los sujetos formadores.
El la globalización puedes encontrarte con gente poco habitual, diferente, no repetitiva, con otras aspiraciones, intenciones e inquietudes diferentes a las de la máxima totalidad, como podrían ser aquellos,  invierten unos minutos en leer, repito, en leer y más una reflexión como la mia, digamos mala, pero reflexión. Si vienes de leerlo, estás haciendo, sabedlo, una excepción.
El problema y mi problema, que la máxima globalización, está matando la identidad propia de las pequeñas culturas, pequeños movimientos intelectuales, tendencias espontaneas, movimientos desinteresados y mas acciones similares, por una falta de personalidad y sumisión total de aquellos que no tenemos ni creatividad, ni fuerza, ni valor, para buscar otro camino de satisfacción.
¡Que sonrisas más fáciles y falsas que me encuentro!, ¡cuan poca consciencia de lo que son, de lo que valen, de lo que pueden y lo engañados que está¡
- Bien, pero yo no paso hambre.
- Vale, pero siempre, también, tendrás la verdad a tu espaldas y nnunca la verás.
En la globalización encuentro más problemas que ventajas.
Las invenciones y adelantos científicos, nunca son asépticas, ni puras y todas también, tienen una utilización correcta, pero no ha de ser buena en su globalidad.
Damos, como un hecho admitido y normalizado, el asunto que consiste en el cual todas las personas estamos totalmente adaptadas y aceptamos con normalidad la creencia en el avance esencial y  naturalizado del ser humano, utilizando toda aquella nueva tecnología que se produce.
Es inaceptable y fuera de toda discusión calcular hasta que punto nos afecta en nuestra esencia como personas.
El cambio técnico es inamovible, es el rey, el director del futuro.
Nuestros planes propios quedan subyugados a las posibilidades que las nuevas ciencias nos deparan.


viernes, 24 de febrero de 2017

...de nuestra imbecilidad constitutiva, integrante y formadora...



Es la verdad que tengo dudas entre hacer una liviana, sutil o suave Filosofía o acusar directamente de las imbecilidades que cometemos, con ganas y acierto, constancia.
En el estudio Antropológico, quizás podíamos hablar de la perdida de visión puntual a estar constituidos, tanto Ontológicamente como Metodológicamente, de manera social, que nos hace obviar una serie de elementos por su pura naturaleza social y su admisión sin dudas ni reflexiones.
O podemos hablar de nuestra imbecilidad, cuando delante de nuestros morros, las excentricidades, imposibilidades, errores, chantajes, torpezas, sumisiones se mueven al ritmo jotero, que además, nos hace bailar allí.
El espíritu místico de nuestra esencia, la huida en el movimiento de la reflexión hacia un punto más trascendente y lejano, nos lleva, en muchas ocasiones a realizar un movimiento metafísico que nos aísla y puntualiza.
O, y volvemos, nos olvidamos de toda generalización abstracta y nos lanzamos, sin las gafas con todas nuestras dioptrías y sin flotador, pese a no saber nadar, al mar de la prisa y ritmo matutino y el ambiente, el mercado, las compras, los movimientos sociales, los mass media y otros elementos manipuladores nos dominan.
-  ¡Por favor!, estoy escribiendo Filosofía – le dijo antes de entrar y tras parar un segundo en la barra del café a Pedro.
-  Es decir, ¿Qué tú eres consciente desde el caldo de pollo en el cual, sumergido, me cuentas?
Me encontraba haciendo Filosofía, reflexionando, intentando saber conceptos y conocimientos sin, pero sin, absolutamente ninguna aplicación directa, cuando oí, en los anuncios de la radio como hablaban de unas galletas de una gran compañía mundial que versaba algo así….”y hechas con todo el amor del mundo…”..y se quedaban tan tranquilos.
-  ¡Si es que te gustan las gilipolleces ¡– dijo aquel tercer invitado que ojala nunca se hubiera acercado a la barra del bar.
-  No – me sosegué y le dije-, son mentiras que nos pululan sin ningún tipo de control. Es un pequeño ejemplo de la hipocresía y mentira asumida y permitida que la sociedad da a ciertos movimientos que juegan constantemente con la mentira y la falsedad.
Tenemos una serie de irregularidades aceptadas y admitidas como tales y nuestro duro y encastrado corazón ya no siente.
Y, aquel dia, debatiendo sobre nuestra naturaleza social o nuestra fraternidad y piedad formadoras de una sociedad moderna, de los primeros principios universales, de los derechos primeros y universales, que si, bla, bla, bla…… y al  salir, apenas miramos, de reojo y con mala gana, al pobretón, mal vestido y sucio que está pidiendo justo en la puerta donde se debatía y se conversaba sobre el alcance y dimensión de la esencia y dignidad humana.
Vivimos acostumbrados a la miseria y suciedad y la obviamos cruelmente.
Estúpidos y giipollas, aquellos de nosotros que aun intentemos donar de justificación reflexiva o conceptual del montante social y humano que hemos construido.
Y haciendo Filosofía, continuaba, tras salir de aquel gran acto de hipocresía, me hablándome de la pérdida de individualidad y de la capacidad de tomar elecciones juzgadoras propias. Vivimos enajenados en muestras propias mentiras. Alimentamos y le dimos biberones al Leon, hasta que sin piedad, comenzó a merendarse a sus propios creadores. Este rey de la sabana, dueño, señor y más poderoso, le pusimos Mercado y cuando nos clava sus garras nos arrastra y despedaza.
Nuestra imbecilidad es suprema y no somos conscientes de pequeños detalles que evocan todo el sometimiento a las maniobras envolventes del propio mercado. Dime si habéis visto alguna acción comunicativa e interesada de los elementos propios del mercado que no se encuentre rodeado de mentiras todas. A la hora de las relaciones para su creación, a la hora de la presentación del producto, a la hora de su necesidad creada y demás.
- El imbécil lo serás tú, Andrés, yo sólo compro lo que quiero - le dijo desde detrás de la barra, levantando, quizás,  algo la voz.
-  Barman, eres, si crees eso, dos veces tonto.
Me tuve que ir del bar, pues el doble tonto, tal como todos nosotros, comenzó a elevar la voz.
Que sí que hago Filosofía y habla de la enajenación propia producto de la inserción en el movimiento social o trascribo, más bien las ideas, dándole más realidad en su forma y concepción y  afirmo nuestra imbecilidad y ceguez ante nuestra inconsciencia del Leon que por la yugular nos está merendando, con alevosía, premeditación, disfrute y quizás, pero sólo quizás, morbo por parte de alguno.

lunes, 20 de febrero de 2017

La mala perspectiva en el tratamiento del Bullying




Pienso que tenemos la mala costumbre de analizar el asunto debatiendo sobre las características del que recibe la acción y no del que la hace.
El enfermo y problemático no es la víctima, sino el que la provoca,.
Aquel que tiene un defecto y problemas en su personalidad es el acosador, esto que normalmente olvidamos.
Tendemos a asumir la fortaleza del que acosa y a deducir, entonces, la debilidad que se considera como una característica adversa del acosado.
La verdad estriba en que la deformación y la patología es del que acosa.
Las consecuencias del acto injusto, son, o suelen ser graves.
Ahora bien, dejemos de referirnos como un acto de debilidad la incapacidad de responder violentamente y démosle más valía a la actitud no-violenta del que sufre las incoherencias y defectos personales de la mal llamada, parte fuerte del asunto y empecemos a denominarle, tal y como es, es decir, una pobre alma en pena que busca en sus actos una realización que jamás tendrá.
El paciente, el sujeto a tratar, deberá ser el acosador.
Las patologías y los elementos a estudiar y corregir, será el de aquel o aquella, chulo, macarra, faltón, que debido a su falta de personalidad y su estado hueco en sus conocimientos realiza actos de escape.
Poco tienen que ofrecer más que la violencia.
A los acosados habrá que ayudarlos a salir del estado traumático, pero el que necesita un tratamiento psicológico, debido a una patología, que hace daño propio y daño exterior, es al acosador.
Quizás fuera un elemento correctivo el hacer público estas características del agresor.
Quizás dejando claro la poca valida de aquellos que aterrorizan ante su falta de todo lo demás.
Quizás con la opinión colectiva que repudiara ese acto como degenerado de la persona que lo hiciera, estas acciones, se redujeran.
Sigo convencido que la manera de solucionar el problema, es curar a los enfermos, enfermos patológicos, es decir, los que no tienen más elemento de avance, que la violencia.,
La patología del cobarde y no el problema del débil.
Es la agresión frente a la ligereza.
Estas convicciones irían aumentando la opinión colectiva sobre y en contra de los acosadores o chulos macaras del patio del colegio.
Ante la negación colectiva y miradas cargadas de reproche, se reduciría al máximo el asunto de acusación que se produce en los colegios, no por ser tal, sino porqué están los muchos chavales.

Con la mentalización y aceptación colectiva del problema y éste se acabaría.  

sábado, 18 de febrero de 2017

En el café y la sociabilidad




         La potenciación máxima de la sociabilidad, engulle al individuo y le cambia su prespectiva de realización.
La persona desaparece como punto de referencia en la realización de los actos.
La voluntad propia enferma.
La parte proporcional de tu conformidad con tus propias decisiones tomadas, disminuye cada vez mas por una simple, leve y sinrazón, de la aprobación social, ya sea en más o menos, amplios circulos de mmovimientos.
La toma de decisiones nos viene demasiado empaquetada en un monton de presuposiciones impuestas o, al menos, supuestas, que miramos y abservamos casi más que el contenido.

Sin parar y seguido, le había servido, Andrés a Pedro, toda aquella reflexion a cambio de un leve comentario, a raiz del asunto si pagas tú o pago yo

  • Andrés – le dijo mientras se colocaba corectamente su corbata, azul opaco, bonita, pues había tenido una pequeña reunión con el director de la editorial, Pedro - ¿no crees que exageras?, ¿esto lo sientes?
  • No, cuando actuo no, ahora cuando me observo y me encuentro enfrentando mis conclusiones con las que me rodean y calibrando el punto de gravedad en el caso de tomar este o aquel camino. Es decir, desde la insconsciencia, cada vez nos es más pequeño el marjen de actuación sin emfrentamiento con los topicos, tipicos y supuestos imperativos sociales.
  • ¿Desorden?, - preguntó Pedro con toda sinceridad y sin ningun ironismo

Andrés sonrió mirando a Pedro. En la zona de impresión y diseño de la editorial, donde trabajaba, había habido una mañana muy tranquila, acabando la ya última obra para formatear e imprimir. Nunca había sido amante de las revoluciones y menos hoy.


- Sabes que no creo en el cambio radical y violento, no creo en la destrucción de un sistema por otro, te hablo de un modus operanti diferente que no tiene por qué inutilizar cualquier modo de unión social. ¿cómo conseguir que nosotros, los pequeños individuos que todos juntos formamos aquello, que no existe, pero que le llamamos sociedad, tengamos la voluntad propia, dentro del orden legal, actuando superando las fuerzas del orden social que actuan sobre nuestra persona?
- ¿educación?
La palabra quedó sonando. El tema tabú. El gran estigma, el asunto ya casi mitico, la creida imposibilidad, el orar como solución buscada. Los dos callaron, sabían de su longitud.
Pedro se puso en pie y dejó el dinero de los dos cafés en la mesa.
- Si quieres, repágalo - dijo sonriendo. Se miraron con complicidad y se fueron. Andrés no tenía ningún problema en que lo invitaran, aunque fuese el primero que pasara.