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jueves, 27 de abril de 2017

El café y la otra realidad.





  • Andrés, veo que no has cambiado – le dijo Marta, quitándose, con suavidad el flequillo de su pelo negro, muy oscuro, que le caía, fatigadamente sobre su frente.
  • Sí, Marta, sigo siendo el mismo y también lo que te digo es verdad.
Y la música seguía sonando en el fondo del bar y el anzuelo que había pescado aquella conversación, todavía bailaba entre las notas. Marta marcaba siempre, sin ninguna intención, una distancia gigantesca entre ella y el mundo, en el oscuro color negro que la dominaba, tanto en su cabello como en sus ojos - “o bendito misterio, pensó más de otra persona”
  • Marta – siguió Andrés- es una autentica realidad y no tiene menos razón de ser que no serla que aquella que tu abogas como cierta. A ver ¿cual es la diferencia entre aquella y esta?, la intensidad de existencia es la misma, sino mayor en esta de la que yo te hablo.
  • Andrés – replicó Marta esbozando una pequeña sonrisa y moviendo con una lenta locura su cabeza de lado a lado- ¿me dices que trasladas a una realidad entre las notas de aquella canción?
Volvió a reír. Exultante seguía, aquella mañana, como pudo haber sido cualquier otra, de alegría y felicidad. Era capaz de obviar al mundo en toda su inmensa e infinita pequeñez. Tenia la virtud de olvidarse de lo supuestamente evidente. Disfrutaba con Andrés, no porqué le convenciera en sus grandes actos de asuntos trascendentes, sino en el viaje hacia la diferencia.
  • Marta, sentí la realidad realidad de tiempos pasados, escuchando aquella canción y fui capaz de mantenerme en ella. Fue un esfuerzo voluntarioso de no volver a la actualidad. Te aseguro, amiga, que durante un rato, estuve, textualmente, en otro lugar. Era absolutamente consciente de que no estaba en el tren que parecía. Y te digo y continuo ¿por qué vale más una que otra?, ¿porque en una te puedes romper una pierna?, ¿esto es la esencia de la realidad?
La risas de Marta, ducharon de alegría todo el café.
  • Vale, y ¿podremos hacer continuo esta nueva realidad?, ¿no es totalmente dependiente de la primera, dura y traicionera?
  • Bueno, bellísima – le dijo mientras le sonreía con sinceridad y hermosura- quizás es un asunto más de episodios y viajes puntuales.
  • Es decir, ¿un bono-realidad virtual? - le dijo mientras gesticulaba la operación espacial.
  • Sí, pero no realidad virtual, si no, y hazme caso, unos episodios personales auténticos, reales, con una igual validez a tu nivel personal como la de aquella realidad en la que te puedes romper la pierna – volvieron a reír.
En aquel mismo instante, pedro apareció de improvisto. Gorro, gabardina y paraguas cerrado y muchas ganas de tomarse algo calentito
  • tal y como un café, amigo – le dijo al barman, que era, se pensaba él, el que mejor se lo pasaba entre aquellas conversaciones.
Tenia una cara de extres, pero fuerte y decidida.
  • ¿Qué ocurrió allí arriba?, tu cara me dice que allí donde se creen que deciden el trascurrir del mundo habéis tenido movida – Marta tenia la facilidad de hacer cualquier comentario aceptable y divertido.
  • ¡Discutiendo medios de reparto de la última edición, por ti impresa, Andrés, con las fotografías ilustradoras tuyas, Marta! - dijo Pedro, esbozando una sonrisa algo cansada, pero nunca y como siempre, cansada o perdida.
  • ¿Has venido buscando otra realidad en la cual sumergirte?, le pregunto desde el misterio que solo ella sabia poner.
  • ¿De qué me habla tu amiga? - dijo en irónico a Andrés.
  • De la desconexión del momento actual y el disfrute del recuerdo de otras situaciones – le dijo la propia Marta.
  • No, no te he hablado de ello – contesto Andrés.
  • Andrés – le replico Marta- si que lo has hecho.

Enfrentaron sus miradas con una enorme dosis de amistad.

  • Mira que me voy, pues sé de lo imposible que es seguir cualquier conversación ya empezada de cualquiera con Andrés.
  • Hazme caso, Pedro, hazme caso. Las mujeres tenemos más concepto de la realidad y practicidad que los hombres.
  • Será de otros hombres que conoces – le dijo Pedro mientras se terminaba el café con leche.
  • Entonces, si esto es así ¿dirigiréis el mundo? - preguntó Andrés siempre con una sonrisa a sabiendas de la poca repercusión que estos pensamientos tendrán en sus vidas.
  • Sí, no lo dudes, y tú harás filosofía para explicarme por qué y Pedro hará las cuentas. Filosofía y ciencias para los unos y gestión y poder para las otras.
Andrés se rió a conciencia y satisfacción, ya era una temática hablada y discutida por elos, y Pedro, con cara de malicia añadió

  • ¿Con tus fotos harás las cuentas? - le dijo acercándose a ella y poniéndole las palmas manos en sus mejillas – sube, ahora conmigo, amiga, y se lo dices a nuestros jefes.

Rieron los tres, sabían de la particularidad, excentricidad e intimidad de sus conversaciones y conclusiones. Fue el Barman el que intervino y comenzó a preguntar, entonces de que sexo tenía que contratar a sus trabajadores. Volvieron a reír de nuevo y ésta vez los cuatro.

lunes, 30 de enero de 2017

DISCURSOS VESPERTINOS (IV)




Salía, como todas las mañanas, por la calle a la derecha de la iglesia. Iba bien abrigado, pues hacia frió aquel día. Bajo apenas un par de dedos sólo, pero estaba todo el pueblo cubierto de nieve.
Ahora bien, el publico, para criticar, curiosear, disfrutar o aprender, no faltaba.
Las señoras, estaban, con las sillas dentro de la protección del arco romano a la puerta de su casa, pero ésta abierta de par en par, para no perderse detalle.
Hoy también habían subido los pijo-hippies de Valencia y desde las ventanas más lejanas de la confluencia de la calle con la plaza, los dos arquitectos le observaban. Habían bajado a comprar los Papis con mucha pasta, de las urbanizaciones y, disimulando, claro está, se habían quedado a oírle.
El alcalde, que era el que menos se enteraba de todos los asuntos, por fin acudió a presenciar un espectáculo, no buscado por nadie, pero ámpliamente establecido, para ver su aprobación, absolutamente y totalmente, formal e inútil.
Caminando dio una vuelta muy despacio al perímetro de la plaza.
Pasó delante de las señoras, ya con sus años, del pueblo.
      - Oye, míralo, abrigado está más aseado y ordenado y ya no parece tan abandonado y pordiosero como en verano.
       - No, no, no te engañes. Seguro que debajo del gran abrigo, va todavía en pijama.
Las tres se rieron con un tanto de malicia, menos la dulce e inocente Natalia, que le sonreía, con un aire de complicidad hacia el abandono.
  • Seguís sin daros cuenta – abrió los brazos y comenzó su monologo al publico reincidente- que estais condenando a la humanidad por olvidar y dejar lo más propio y natural de ella. ¿Y qué es esto?, la Filosofía.
La señora del alcalde, se giró hacia la dueña de la charcutería y le pregunto.
  • ¿Filosofía?, y eso, ¿qué es? - miró a sus compañeras de charla y cotilleo intrigada.
  • Ahy, sí, sí, al parecer, me contó Elisa, en su quiosco, muy moderna, que es un estudio de la universidad – se miraron las cuatro y las cuatro, también callaron y decidieron seguir escuchando.
  • Si nos alejamos de nuestra capacidad de entender el mundo y situarnos en éste, estamos perdidos por el camino sin rumbo del desconocimiento. Si nos olvidamos que no sólo estamos, sino que también somos, estamos condenados a un negro futuro. La esencia de nuestro conocimiento propio, nos abre los caminos de la realización y felicidad. Si vivimos atrapados en la superficie de la vida, pasaremos y moriremos sin haber vivido., La muerte llamará a la puerta de nuestra casa, antes de habernos vestido para salir.
Lanzó una mirada acusativa volteando todo el perímetro del supuesto circulo formador de la plaza y cayendo sobre todas las personas. Los pijo-hippies, comenzaron el éxtasis diario.
  • Sí, sí, cuanta razón – dijo Gloria, que ante unas verdades que ella sabia que lo eran dichas con tanta seguridad, le habían llevado al ciego amor hacia el transmundano y sabio habitante de la calle izquierda de la iglesia.
  • Sí, realmente impresionante, pero debía puntualizar, quizás más, las primeras ideas sobre nuestra esencia filosófica. Juan estaba loquito por Gloria y siempre encontraba alguna crítica tras algún elogio de está.
Al fondo de la plaza y entre la conjunción de los dos balcones últimos de la plaza y primeros de la manzana, se encontraban Andrés y Pedro. Uno Gerente y el otro artista encuadernador.

  • Pedro – le dijo Andrés- independientemente de su discurso, su forma de vida y planteamientos circunstanciales, ya nos dan bastante información, sobre su concepción de los elementos, a todos los niveles, de su opinión y acción vital.
  • Sí, bueno – le contestó Pedro- después habrá que ver hasta que punto se queda todo el discurso en agua de borrajas.
Andrés se giró y lo miró con algo de decepción. Pensaba en alguien diferente, en alguno que se saliera de la monotonía, de la imposición, de falta y cobardía decisoria. Y quizás era este personaje. Pero bueno, no lo sabía hasta que punto llegaba sus intenciones y actos.

  • Porqué – continuó dirigiéndose directamente hacia la conjunción de los balcones- no penséis que los cambios deben de ser, y como más importantes siempre, de contenido. Las formas tendrán que salir como reflejo del cambio. Vivimos sujetos a los hábitos y costumbres adquiridos por otros individuos en otros tiempos, debemos de liberarnos. Mirar como visto, como hablo y como me oís.
  • ¿Pero que importa la toga o los vaqueros a la hora de definir tus ideas y conceptos?. - le preguntó aquella mujer. Era joven, quizás nomas que una adolescente y con las manos debajo de los brazos a la altura de los codos, estaba colocada, con la suela del pie izquierdo apoyada en la pared, cerca de la puerta de entrada en la Iglesia, cuando comenzó a hacer la pregunta.
  • ¡Cuanta verdad dicen tus palabras y qué gran problema nos encontramos entre la revolución y el cambio desde el exterior o la intrusión y el cambio progresivo!, o, y nos queda otra opción, la cual sería no buscar el cambio, sino el abandono, el desprecio, el insulto ante la indiferencia de aquello por lo que algunos mueren – las señoras sin saber nunca por qué, se sintieron aludidas.
La adolescente se quedó mirándole, sin miedo y con ansias de futuro. Las abuelas del arco de la puerta, resoplaban ante las palabras revolución, cambio, abandono.
Dio, quizás un par de vueltas más reflexionando en voz alta sobre elementos vitales y existenciales que le ocupaban su tiempo al reflexionar. Vivía realmente apartado del mundanal ruido, y nunca mejor dicho, huyendo del materialismo prisionero. Sin embargo, tenia una gran empatía con los interlocutores, con auditorio, con los conversadores, con los espectadores, fuese quizás por la intensidad y escándalo del error o por el discreto veneno, que te enferma muy progresivamente, de la verdad y la diferencia. Las mujeres entraron en las casa, los padres subieron hacia los chalets, los amigo, producto de una asociación de ideas se fueron enfrascados en otra discusión y , Gloria, antes de irse, tuvo tiempo de derramar algunas lagrimitas de emoción.


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martes, 24 de enero de 2017

...y el barman, intervino..







  • Claro, Andrés, si hacemos validas nuestras todas individualidades ¿donde queda el eje desde el cual construir?

Andrés y Él, llevaban mucho tiempo investigando, en el centro técnico, barra-maron, y tras los cafés, el asunto concerniente a posible explicación y verdad que englobara a los millones de individuos, potenciado por sus varias inclinaciones, perjuicios o culturas.

  • Pues – continuó- ¿tiene alguna validez generalizadora y conclusión cualquier solución tomada por dos personajes – dijo entre una sonrisa mientras desplazaba el dedo del uno al otro- entre la inmensidad? desde nuestra pequeñez ¿tiene alguna validez en conclusiones absolutas?
Andrés le había estado contando, los días anteriores, el comienzo de su sospecha sobre la inutilidad de la continua construcción de estructura de gestión y comprensión social de carácter global y etiquetado. Le había comentado a Pedro, que quizás tuviera demasiado establecida y determinada, el desarrollo como personas. A continuación de estas palabras y el muy amigo barman les comentó que sus palabras tenían la misma validez en juzgar maneras o formas de actuación del las que nombraban como elementos negativos.
Y el infierno de la multitud calló sobre aquella barra.

  • Pedro, Pedro, tiene que haber un elemento de juicio que no dependa de un individuo creador. ¿Quizás aceptando unas normas mínimas y que sea las propias circunstancias las que se determinen?
  • Bueno, aun así, los individuos deciden, estarán también, enfermos en el cobijo de la acción colectiva.
  • Entonces – se inclinó ligeramente, si el sistema no tiene una posible renovación propia ¿me hablas de personajes diferentes o separados de la supuesta normalidad?

Llegó el silencio, simplemente provocado porque los dos conocían grandes figuras, Literarias, Filosóficas, Políticas, y otras y comenzaron, en sus pensamientos, el recuento y el calibre de la repetición de maneras, modos y características entre ellos o la propia visión de ellos sobre el individuo en cuestión.

  • Sí, ellos han sido, sin duda, diferentes a la multitud del momento, pero, Pedro, mi incredulidad llega cuando me resulta imposible aceptar que, inventemos, 2.000 individuos con importancia histórica entre cientos miles de millones de personas y sus inquietudes y creaciones propias, en el espacio de tiempo estudiado, sean los que consiguen construir, inventar ideas que revolucionan y constituyen nuestro trascurrir.
  • Es decir, das como imposible estatificar, en forma de individuos, la formación de la realidad, y ya, volvemos al principio.
  • Sí, Pedro, a lo de ayer, y el dinamismo propio.
  • Voy a cerrar -sabéis que el dilluns cierro mas pronto el café, amics. Se sonrieron los tres, mientras pagaban los cafés.


Venían, antes de entrar al café del trabajo. Uno, Pedro, de las oficinas, en lo alto del edificio, de gestión general de la editorial, el otro Andrés, de las plantas bajas, diseño e impresión de los libros de su compartida editorial. Pedro iba con las manos colgando a sus laterales, acompañadas de la estaticidad del traje de chaqueta recto. Serio y elegante. Andrés llevaba también chaqueta, pero de pana y marrón y llevaba las manos dentro de los bolsillos de ésta, dándole dinamismo a la imagen. Si alguien les viera juntos siempre hubiera pensado en la situación causal y nunca el tipo y manera de sus conversaciones.

domingo, 22 de enero de 2017

...de la variabilidad en el instituto probalístico...





  • Pero, ¿tú eres consciente de las consecuencias de este estudio?
  • En todos los niveles – le dijo Andrés, levantando lentamente el poleo.
  • Y las conclusiones – arqueó ligeramente las cejas Pedro- ¿provocan una inutilidad en el funcionamientos social actual?
  • ¿Porqué no?.
  • O quizás ¿una propia disfunción ontológica?
  • Si quieres, también.
El estudio fue realizado de a siguiente manera.
Durante una duración de dos años, se realizó, por parte del instituto probabílístico en conjunto con el de varios países, unos controles individuales de 100.000 personas. El experimento, consistía, en el seguimiento de los acontecimientos en imágenes y sonido propio, sin estar narrado ni comentado por ningún sujeto intermediario. Era  en la pura realidad sobre la que los sujetos eran preguntados en lo siguiente. Conclusiones, estereotipos, razones correctas y opiniones.
Las conclusiones fueron tratadas como datos y tratadas de agrupar en sentidos similares o conclusiones parecidas.
  • Entonces, me dices que ¿la probabilidad de la unión y concordancia de las conclusiones en grupos definidos se aproximaba apenas a un 32%?
  • Correcto.
  • Y los medios de comunicación de masas, pues ¿no responden a un directo caudal existente de opinión?
  • No.
  • Y ¿qué son?
Pedro, no lo había leído, pero Andrés había publicado un articulo, tratando de advertir de la deformación en la construcción social de la imposición total, en la existencia de opiniones, como las encontradas en los grandes canales televisivos o de radio y los periódicos.
  • Veo y entiendo, que de manera involuntaria y necesaria de su existencia, nos manipulan. Son manipuladores – le dijo Andrés contestando directamente a su pregunta.
  • Y en lo Ontológico, ¿cómo lo concluyes?
  • Que esta falta de uniformidad no revela más que la variedad inherente en el pensamiento humano y el necesario cambio del movimiento informativo y cultural a nivel social.
  • Pero ¿me dices que no son válidas las respuestas y comentarios que en ellos nos encontramos?
  • No, y yo !quien soy para concluir eso¡, lo que si que sé, es que es limitado, concentrado y en ocasiones interesado.
El estudio había levantado muchos comentarios entre los primeros que los conocieron, cuando se vio la abismal diferencia entre las conclusiones de los mismos sujetos, cuando recibieran información con intermediarios, necesariamente influyentes en la forma y contenido final, que cuando la vivían, la calibraban y la juzgaban en primera persona.

  • Entonces ¿vivimos en una sociedad inmersa en el engaño de una estructura estática básica y acabada?, ¿debemos de entender que los caminos son los ya sabidos, vistos y aceptados o los escuchados en la actualidad, como realidad?
  • A lo primero sí – por fin a Andrés le brillaron los ojos del momento en que sus pensamientos se llenaban de sangre- a lo segundo no.   

viernes, 29 de enero de 2016

EN EL PEQUEÑO CAFE CON NIETZSCHE




Probablemente en aquel bar de las estribaciones de los Alpes a la altura de Austria, nadie menos yo, sabía quien era aquella persona que tenía delante.
Además yo sabría como establecer conversación.
Vestía con un traje de chaqueta gris de invierno y deportivo, un pelo largamente ondulado y un gran y dudosamente estético, bigote.
El hotel era pequeño y se dibujaba desde el jardín de éste, un valle que se extendía hasta el horizontes, y a sus espaldas, ya las grandes alturas de imponentes montañas. Era un lugar propiamente de reposo sólo permisible para los adinerados.
Estaba de espaldas a la barra, serio, pensativo, pero sin un ápice de mirada perdida, sabía muy bien allá donde estaba pensando.
Me acerqué. Él y yo solos en el café.
- Hola señor, ¿qué tal? - dos huéspedes del hotel en el confín del mundo no es nada fuera de lo común que yo me acercara.
- Bien – tenía una cabeza muy voluminosa, entre la nariz algo abultada y redondeada, el pelo y el bigote así me lo parecía.
Le sonreí, dándole normalidad al asunto
- Aquí he venido yo buscando la paz y la tranquilidad – me miró de reojo y con un aspas de desconfianza
- ¿Y la has encontrado? - era escritor, filosofo, pensador, le resultaba muy difícil pararse en los pensamientos.
- Sí, vine aquí a poner en orden mi cabeza, a estudiarme con la razón, a buscar la luz en los conocimientos, a cubrir mi pobre naturaleza buscando la huida de ella.
Comenzó a reír, risas que se debieron oír hasta en la cocina. Su expresión cambió. Su ojos de indiferencia, pasaron a ser unos de burla sutil.
- ¿Hasta donde quieres llegar?
- A buscar la paz en algo superior a mi naturaleza o al menos que la englobe.
- Engañado y cobarde – aun a sabiendas de lo que me podría encontrar, me resulto tosco y desagradable, sus palabras, la manera y la forma. Se aproximó hacia a mi, acerco su mirada a la mía y continuó
- ¿Tanto te cuesta aceptarte?, pero ¿tú que te piensas que es la vida?, ¿tienes algún lugar donde ir?, ¿te espera alguien?
- Pero, ¿Qué me dice Usted?, señor – yo sabía de su mal humor pero traté de operar como absoluto desconocido. No, no me espera nadie, pero sé que hay un espíritu, razón o Dios universal para explicar y comprender todo esto que nos rodea – me miraba con los ojos muy abiertos
- ¿Se siente poca cosa y necesita de los elementos externos a su persona para justificarse?
- Bueno no lo hago.
- Sí, tiene usted miedo a la vida, le cuesta aceptar su oscuridad, su capricho, su voluntad irracional ¡La embriaguez del destino!
El café estaba totalmente recubierto, paredes y suelo por un fino y bonito parquet, enlacado y encajonado en las esquinas. Una gran chimenea en uno de los laterales hacia y daba un ambiente hogareño y cómodo. Le cogió placer y gusto y siguió conmigo.
- ¿De verdad le encuentra orden y razón de ser a este mundo?
- Bueno, la verdad es que cuesta.
- Sí – contesto levantando algo la voz y más la mano-, claro que le cuesta. Buscar unas razones o causas tranquilizadoras, no es más que una acción propia de los cobardes incapaces de aceptar su volatilidad.
Las palabras volatilidad, flaqueza, angustia, sonaban realmente extrañas en la boca de aquel hombre. Fornido y de anchas formas, más un lenguaje taxativo y un tono imponente.
- Pero yo llevo mucho tiempo buscando paz interior.
- ¿En la locura de la vida?, mira, el mal y el dolor, existen y son partes integrante y definitoria de la vida, si no puedes aceptar la dimensión en la que esta se mueva, vete a pasear con las religiones, que someten al ser humano a su cobardía que toma la forma de cualquier Dios. Te queda la solución de situarte allá donde cabemos y estamos, es decir, en la banal tierra y en nuestra lucha personal que solo será la voluntad quien te lleve a un lado o al otro.
- Pero señor, sólo soy uno más entre todas las muchedumbres, ¡qué espera de mi!
- ¡Que eleves tu individualidad!, ¡que no sometas tu naturaleza a los poderosos!, ¡que nadie te quite tu voluntad de acción!, lucha y serás más ser humano. Huye de la oscuridad entre las dudas que nos han enseñado.
En aquel momento se fijó en el libro que yo llevaba entre las manos, Fenomenología del Espíritu, Hegel, y su mirada fue de sorpresa.
- Creo, señor...
- Andrè
- Que poco tendremos en común, sino dime, ¿Hasta donde se piensa elevar para dar razón y sentido de ser a la persona?, ¡váyase hasta la propia vida!, ¡no huya con las fantasías!, ¡acepte su contingencia y finitud!, hágalo con voluntad, con poder, la voluntad de imponerte el sentido y razón de ser partiendo de uno mismo, del individuo, del particular.
Tras esto ultimo, frunció el cejo, se quedó algunos instantes mirándome impertérrito, hasta como si nunca hubiéramos hablado, pagó el café y se fue del bar.
Caminaba rápido, fuerte y con poderío.
El barman ya le conocía y se quedo, aun así, mirándole como se iba.
Era un hombre de una tremenda personalidad y carácter, incapaz de comprender la debilidad ante la falta de asumir aquello que se sabe que es verdad.
Salí a verlo irse, pero ya no estaba, pues ya solo quedaban los ríos verdes de césped que bajaban hasta el pueblo blanco de principios del valle y grandes laderas, blancas de nieve, bajando por las cumbres hasta el hotel.


domingo, 9 de agosto de 2015

De la técnica y el declive cíclico



- El avance técnico, Pedro, hasta en sus aplicaciones solamente civiles, sociales, lúdicas, médicas, comunicativas y demás- no nisiquera destructivas, no tiene por qué ser beneficiosas. Puede ser mala, muy mala, por ir contra natura. Es una cuestión cíclica.
Pedro apreciaba muchisimo a su amigo Andrés. Todos y cada uno de sus respectivos asuntos en sus vidas les habían puesto fácil su amistad. Lugares y gente compartidas, maneras cercanas, valores similares. Pero tenían una diferencia fundamental. Pedro no era nada imaginativo y Andrés, cuando podía, vivía en ella. Andrés sufría, en ocasiones unos bárbaros ejercicios de lucidez mental que le hacía ver con mucha claridad, aquellas ideas que pensaba o buscaba.
- Mira, Pedro, la tecnología fue algo esencial para salir de la absoluta dependencia en el trascurrir cotidianeo de la naturaleza, potenciando nuestra capacidad de formación y construcción de la raza huana, como es hoy entendida. Pudimos pasar, con la manipulación de cualquier elemento natural, a la creación de estructras, máquinas, objetos, materiales, es decir técnica, que nos llevó a la cultura, supervivencia e independencia humana. Esto nos ha permitido haber llegado a un nivel alto de conocimientos de la naturaleza. La aplicación de los primeros utensilios técnicos en las primeras uniones colectivas sedentarias, comenzaron a acelerar y mejorar nuestra vida.
- Y ¿donde está el problema? - Andrés
- En que la técnica ya ha heho su trabajo, nos ha permitido, a través de ella, tener concimientos suficientes para nuestro desarrollo global. Vida mas sana, fructífera,  cómoda. Hay que empezar su reducción.
- ¿Por qué?, ¿qué mal ha hecho ella?
- Ahora ya nos está desnaturalizando y haciéndonos perder nuestros principios esenciales. La naturaleza humana está preparada para las condiciones físicas existentes en la vida que teníamos hace 12000 años y la técnica de ahora nos aleja de lo estamos preparados. No hablo de cutura ni conocimientos, hablo, pues, de estar rodeados de maquinaria.
- ¿Y que mal tiene que tengamos el coche aparcado en el garage?
- Que tu cuerpo necesita, por constitucion física y no estética mentener una actividad mínima, fundida en este sedimentarismo total. Cuando la selección dejo de actuar pues no había diferencia entre quienes debían sobrevivir y quienes no, en los grupos sociales, nuestro cuerpo estaba diseñado, via natural, para andar 15 kilometros diarios. Ahora ya no se hace y nuestro cuerpo sufre.
- Y las comunicaciones globales ¿qué?
- Y a ti ¿quien te ha hecho pensar que es buen para nuestro propio desarrollo vivir sometidos a tantos impulsos informativos a nivel mundial?
- Y Andrés, ¿como construir los grandes edificios?
- Y Pedro, ¿no piensas que las posibilidad de la megalomania enturbia y nos aleja mas de nuestras individualidad e intimidad formadora?
- Bien, Andrés, pero un buen sillón, una sabrosa cerveza,  un gran gran partido en la televisión ¿no produce placer primero e inocente?
- Sí, pero el proceso ha sido a la inversa, es decir de los instrumentos, cerveza, sillón, televisión se les han aplicado unas características que no tienen, sino que se la hemos dado. La tecnología nos aleja de nuestra persona y de sus principios formadores. Nos introduce en un mundo en el que no estamos preparados ni es acorde con nuestra naturaleza primera. Lo que fue una necesitad bastante razonada, se ha convertido en un virus que invade todas nuestras partes constitutivas, las transforma y enagena. Es un elemento exocéntrico que nos conforma totalmente. El ciclo debe de iniciar su segunda etapa, y una vez la tecnologia nos ha permitdo llegar a este punto de sabiduria, debe de desaparecer.
- Pero ¿qué es tecnología?, ¿de qué me hablas?
- Hay muchas cosas que debatir, limitar y solucionar, por aspectos de la salud fundamentalmente, pero el retroceso de la tecnologia  a vuelta a nuestra esencia primera seria la reduccion progresiva de motores, de máquinas con motores que no fuesen movidos por fuerza natural, animal o humana y que desaparecieran todos los materiales sintéticos, es decir, creados por el ser humano a través de experiencias químicas en situaciones nunca existentes fuera del laboratorio. Así, reflexionando rápido, estos podrían ser algún ejemplo.
- No creo que se pudiese realizar una totalidad con la progresiva desaparición de la técnica.
- No lo confundas, que muchos los hacen, hablo de técnica y no de conocimientos.
Pedro le miró molesto.
- Sé exactamete de qué me hablas y con qué propositos, ahora bien, lo que no sé muy bien si has calibrado tú las posibilidades de la continuidad de nuestra civilización sin la tecnología, Andrés.
- Pues no sólo lo he hecho y te lo voy a contar estos días, sino que vivo en la creencia , en la cual, la tecnologia, es decir la creación de máquinas para diferentes aspectos cotidianos, no es buena para nuestra formación. Las únicas imposiblidads sin la técnica, sin motores de combustión, seria mandar personas al espacio exterior o excabar los enormes pozos en busca de combustibles fósiles. Volar se puede sin utilizar combustibles fósile ni energias eléctrica. Que hablen con leonardo Da Vinci.
- Bien, Andrés, y donde pones el limite a los sistemas tecnológicos, y quien va a cuidar el funcionamiento de los mismo, sus reparaciones y piezas. Y ¿qué pasa con la medicina?
- Cierto, es un tema largo, difícil y complicado, pero realmete necesario plantearselo y buscarlo. Con muchos problemas pero yo creo en su posibilidad. Pero bueno, Pedro, subamos a la editorial que se nos ha acabado la media hora del almuerzo, !ah! Y paga tú que me lo debes.
- Bien, bien, roñica.
- Pedro, estos días te traeré acciones no abstractas, sino prácticas para suprimir la tecnología y te contaré el asunto del ciclo para que entiendas la completitud teórica.
- Andrés, eso lo haremos cuando terminemos de diseñar, ordenar  y trabajar la útima re-edicion de Pierre Loti y en el  titulo Les désenchantées. Sino, nos vamos, como amigos, pero a  calle. Que nuestro jefe tiene muy mala leche.
Siguieron conversando por el camino y Andrés le prometió traerle los próximos días las ideas concretas y conclusas de aquello que habían hablado.



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sábado, 20 de junio de 2015

EL MOMENTO



Y me dijiste que el pasado no existía y yo te añadí que el futuro tampoco. El pasado ya no es y el futuro no es todavía.
No tenemos nunca por qué cargar con el pasado, su única existencia será aquella que la queramos dar con su permanencia en nuestro pensamiento.
Y el futuro, me río mucho de aquellos que piensen en su capacidad de predicción. Mi mente y mi cuerpo son testigos de esto. Tenemos en todo caso un estudio probabilístico y éstas, las probabilidades, no son más que unas brujas maliciosas.
El error o acierto que cometiste o tuviste se difuminó en el siguinte día y sólo existe en el miedo o alegría de tus pensamientos y  ¿alguno sabía de esa maceta que le cayó, aquella tarde en la cabeza, aquel día que alegre y feliz iba a casa de su novia?. Ni pasado ni futuro, sólo presente.
Y no sólo tú y yo, también Ortega y Gasset afirmaba que nuestre esencia se conforma en el propio presente. Indefectblemente, nuestro ser está ubicado allá donde nos definamos. Fue algo más lejos, hablando de la falta de una esencia propia y formadora inmutable. Somos insertos en una circunstancias, pero yendonos algo más aquí, va y aplicamos a nuestra conversación, provecha tu carpe Diem, pues no hay nada más.
Pero, tratemos de no olvidarnos de nosotros, de los ratoncitos con los que la vida experimenta, que al fin y a la postre es la realidad y aceptemos que es muy difícil sentir sólo la potencia de nuestra existencia puntual.
Añoramos llegar a algún lugar y nos difícil olvidar de donde partimos.
Cierto es, opino como tú, somos sólo presente. Lo cual no implica la falta de explicación de nosotros o el no interés en la búsqueda de ella.
Ahora, siendo esto así, surge el problema de lo livido y hetereo con que se nos presenta y acompaña el presente en nuestra vida.
Si llegaramos a un puerto final en el cual vivieramos con aquello que habíamos ahorrado a lo largo del camino, sí, pero esto no parece y repito en voz baja, parece no ser así
La locura del sinsentido o la sinrazón de lo obvio.
!Ponedme 10 cervezas más!

viernes, 9 de enero de 2015

ANDRÈ, MONTESQUIEU Y EL FUTURO


Montesquieu paseaba por el salón principal del edificio, con la mirada siempre fija a delante y los ojos claros y muy abiertos. No apreciaba la vestimenta de sus congéneres, la que allá, a finales del siglo XVII, se empezaban a llevar entre la todavía bullente nobleza y aristocracia Francesa. Se sentía demasiado encarcelado entre los pliegues de las rectas chaquetas de gruesas capas de tela.
La Europa en la que se movía estaba ciertamente dominada por el racionalismo, en el cual, las soluciones eran buscadas absolutas e independientes y fuera de cualquier puntualización temporal. Él miraba con envidia el practicismo de la Europa de las islas, habiéndose leido febrilmente a John Locke.
- !Montesquieu, mon ami¡ - le llamó un hombre, quizás más mayor, desde el final de aquella sala, cubierta de mármol blanco con techos abovedados y mientras se acercaba rápidamente hacia él le dijo ¿qué le has dicho al Rey? - sonrió, ¿a quien pretendes darle poder?
- A nadie y lo sabes, Andrè, busco precisamente que nadie lo acumule y trate los asunto con un control total.
Andrè, sonrió y siguió su camino, mientras le comentaba que el poder estaba, está y estará previsto en los futuros, pues el mundo está bien dibujado, y que las nuevas corrientes que surgen en Europa no se impondrán nunca. Mantengámonos alejado de lo nuevo - le añadió, que Usted y yo vivimos muy bien.
- Sí, vivimos bien, pero tras salir de las nieblas de la ignorancia ¿no ansías algo más para los habitantes de nuestra siempre grande Francia?
-Sí, sí, como no, pero recuerda que cualquier cambio es un riesgo. Nuestra Francia está en un momento de gran esplendor, compitiendo con los Españoles e Ingleses en el dominio del mundo ¿qué pretendes?
- Pretendo que debemos elevar a la raza humana al punto aquel que se merece, que lleguemos a los lugares de belleza y sabiduría a los que estamos preparados. El hombre es el centro del Cosmos y como tal hay que pensar en tratarlo.
- Montesquieu, tienes una concepción excesivamente buena de los demás hombres. Has recorrido el mundo, has visto al menos lo que yo, y tras tantas barbaridades, me extraña que todavía pienses así.
- Andrè, seamos tolerantes con los pensamientos diferentes a los nuestros, con las otras religiones, razas, países diferentes. Los hombres hemos nacido para dominar el mundo desde la más absoluta comprensión producto de nuestro raciocinio. Estamos preparados para construir un mundo perfecto y lo primero que tenemos que hacer será establecer una forma de gobierno que sea útil y funcional
- Y ¿cual es ésta?
- La que en el poder esté dividido y no caiga en manos de una sola persona.
- ¿De qué me hablas?
- De dividirlo y que cada una de las partes controle a las otras.

Andrè comenzó a reír. Él todavía no creía en la posibilidad de solucionar pacíficamente y por medio del orden y la razón las diferentes situaciones. El poder, pensaba, era de Dios o de los hombres preparados para ello. Que los individuos, en su generalidad, eran torpes y sólo una clase preparada y privilegiada podía sustentarlo. Montesquieu lo miraba con pena y misericordia pues le traía a la cabeza aquel niño que jamás crecerá ni se realizará. Pensaba y sabía que en la organización, planificación y tratamiento de los problemas de manera puntual, estaba la solución. Despreciaba las grandes doctrinas de la edad media o del renacimiento que todavía buscaban una solución global donde los hombres no fuéramos más que piezas de algo más grande que existía. Practicismo y razón - pensaba y quería él que fuéramos
- Sabes, Andrè, el poder deberá estar dividido en tres niveles, el que sustenta el estado, el que realiza las leyes y los que las llevan a hecho estas. Ahí tienes una posible solución en la organización correcta del estado - así se lo dijo y mirándole se quedó
Las risas de Andrè, resonaron por toda la sala - no paraba de reírse, pero sólo por lo estranbótico que veía en la conversación y no del contertulio ! Mon deu!
- Amigo, sabes que te aprecio y te considero, si no el que más, si unos de los más grandes pensadores Franceses, pero, amigo, olvídate que en Francia dejemos de vivir bajo el mandato de algún Borbón y que el poder sea tal y como me lo describes.
Se despidieron y cada uno se fue por un lado.
Paseando seguía pensando en cual era la capacidad de los hombres para construir un mundo correcto, a través de utilización, metódica y práctica de la razón, pensaba que la ceguez impuesta al concebir al ser humano pequeño e inútil, debía de caer e iniciarse una primera ilustración en la visión futura.

- El hombre es grande - le dijo a la ama de llaves mientras ésta, compungida, apenas levantaba el mentón.

miércoles, 22 de octubre de 2014

J. P. SARTRE, ANDRÈ Y LA ALEGRÍA



- No, no, déjate de una pura metafísica disfrazada de ética -le dijo, su compañero de viaje en el tren a Jean Paul
- Pero amigo, no te hago más que realismo si te afirmo que sólo hay que existencia - le contestó.
- Sí, pero ves más allá. Igual me da igual lo que sea, lo mismo me resulta lo que haga, !lo acepto, lo asumo¡, Estáte, amigo, algo por encima de las vicisitudes humanas, y sigue su desarrollo como el trascurso natural del devenir.
El tren se alejaba del campo de prisioneros. El más poderoso ejercito alemán los hizo prisioneros y los encarceló hace ya unos 8 meses. Allí se conocieron y su amistad fraguó. Sartre le gustaba escribir, pensaba hacerlo y algo había publicado ya. Andrè le motie, nunca lo pensó. Reflexionaba, especulaba, pensaba pero no tenía ninguna intención de publicar. Disfrutaba haciéndolo. Éste era su premio.
- André, ¿no te provoca vacio el no encontrar ninguna entidad formadora que dé sentido a nuestra vida?
- No, amigo no, el que así fuese, implicaría un profunda aceptación de la realidad. Derriba tus pasiones que te atrastran por el mundo del debería y acepta el es, a las cosas cómo son. Controla tus sentimientos, maneja tu vida. No es una entidad lejana, no, la tenemos metida en el bolsillo de la chaqueta. Capta los derroteros propios del devenir como parte integrante de la vida.
Sartre lo miraba con los ojos grandemente abiertos y pensamientos de admiración. Parecíase pensar en nada, para cuando te sorprendía con una conclusión absolutamente definitoria y definitiva.
Mientras hablaba se desplazaba un mechón de pelo que le caía ondulante por entre la frente. Tenía la nariz recta y la boca pequeña. La mirada era dulce, pero cuando no la fijaba, las arrugas laterales reflejaban su reflexión y seriedad.
- Considero - continuó Sartre, el gran fracaso de la humanidad, estas dos grandes guerras del siglo XX. Creyéndose parte de un grandioso colectivo, llamado humanidad, hemos caído en una suma heterogenea de diferentes y mucho entre si, individuos. Me siento perdido Andrè, ¿donde estoy?,¿cual es nuestro sentido?, me siento vacío.
Alzándose del respaldo de la butaca le dijo Andrè
- ¿por qué?,¿quien te ha dicho que las cosas hayan de ser diferentes?,¿por qué te angustia si no hay nada más y tienes todo lo que hay? Acepta lo que hay con inteligencia y fortaleza. Deja de buscar algo que ni está, que no es más que un sueño inventado, una imposibillidad que te lleva a los fracasos. De sabios es no sufrir por aquello que no se puede cambiar.
Camino iban de Paris, era un día magnifico y bonito de otoño, con cielo azul, limpio y despejado. Jean pensaba en cómo actuar y poner en marcha sus inquietudes. Se iba a afiliar en una facción muy moderada comunista que en Francia estaba creciendo. Había que mirar hacia el furturo, luchar contra la miseria de la vida e intentar cambiarla.

Andrè pensaba volver con Paulinne, con la que soñaba todas las noches y trabajar en la impresora de la editorial para echarse grandes tertulias entre cervezas al fin de la jornada. Volvería a tener inolvidables paseos cada día de cada fin de semana por las verdes dunas de las primeras estribaciones de la cordillera, disfrutando y pensando simplemente en respirar, en el ahora más absoluto.

viernes, 10 de octubre de 2014

LA BIBLIOTECA ALEJANDRINA Y SU AMOR


La cultura vive en el silencio y la somnolencia del ambiente,  es su amante. Su lecho siempre está cubierto del blanco y puro mármol y vive acobijada en  la madera. Los libros son su soporte y Dioses. Allí estaba  Estragón en el gran templo de ella.
Se fue de Atenas cansado de volar entre las ideas abstractas. Pues él sentía que estaba ubicado en una realidad tangible y material. El gran maestro, Aristóteles había comenzado el camino, pero su Liceo estaba insertado en un movimiento que se alejaba de observar el mundo. Dejó su dirección.  Se fue y acabó en Alejandría. Había llenado la gran biblioteca de todo tipo de artilugios y materiales mecánicos en todos los tipos de actividades para su correcta observación material. El materialismo llegó con él y lo sabía. Dejo su vida y familia en aras del conocimiento verdadero y real.
Aquella mañana paseaba con Andresoto. Hijo bastardo del gran rey Ptomeo I, uno de los generales que se hicieron cargo de una de las partes, Egipto,  del grande y jamás olvidado Alejandro Magno que trató de escapar del circulo de las aisladas ciudades griegas y extender su grandeza, la de la cultura Griega,  por todo el mundo. El griego era el idioma por excelencia de aquel que quisiera tenerla.
Desde lo alto del tercer piso, observan los 900.000 escritos que allí había. Todo el conocimiento que existía en el mundo estaba delante de ellos. Estratón emocionado, siempre se extasiaba al contemplarlo.
-          Maestro- dijo Andresoto ¿por qué jamás estudias al inimitable Platón?, ¿Por qué solo investigas los escritos Aristotélicos de filosofía natural y biología?
-          Y yo te digo, mi noble alumno ¿Por qué hemos de duplicar los problemas compresivos y explicar dos veces los misterios?. Platón nos dejó una realidad que interpretar detrás de aquella que intentó solucionar.
-          Pero ¿observando nuestro mundo circundante encontraremos su explicación?
Estratatón giro su cabeza y contempló la cara inocente del esbelto, bello y alto joven Andresoto. Sus largos cabellos rubios le ondulabas  mientras recorrían sus esbeltos hombros. Fidias hubiera disfrutado mucho realizando una escultura de su persona. La belleza – le dijo aquel día paseando por el ágora de Atenas, no tiene sexo.
-          Mira, inquieto y joven ciudadano, la esencia de las cosas está en la generalización de sus características. No haces tú aquella acción, si no que está y es parte integrante del objeto. Aristóteles ya nos habló de ella, pero siguió atrapado sin salida del alto grado de abstracción que envolvía los conocimientos. Los primeros físicos, Tales, Anaximandro o Anaxímenes, por ejemplo, habían  decido observar la realidad pero fue aquel que convirtió a las polis en maravillas políticas, Sócrates,  quien nos alejo de ella.
-          Pero ¿y los dioses?, qué papel  tienen?
El rosto del maestro adquirió un gesto grave. Sabía en qué aguas se introducía al responder a esta pregunta. Lo irracional e incomprensible era asignad a los caprichos de los Dioses que como los hombres también lo tenía.
-          Lo podemos explicar todo con nuestro conocimiento. La racionalidad humana no tiene límites ni fin. La materia responde siempre a unos principios matemáticos, que no viven, como trataba de hacernos ver Pitágoras allá, entre los dioses, sino que actúan y están,  en una realidad material que es la que hay que estudiarla. El conocimiento se encuentra en ella y está en ella. Tenemos a los esclavos para que realicen todos los trabajos, no debemos de utilizarla para crear artificios utilizables en el trabajo, pero y te repito el conocimiento está allí.
Ptolomeo de Cirena, director de la biblioteca lo pensaba también. Quería reunir el conocimiento del mundo en el que vivía. Biología, Zoología, astronomía, matemáticas y todo  conocimiento que huyera de las simples especulaciones que explicasen desde principios primeros el mundo.
-          Maestro, hay principios ineludibles que provocan una necesaria forma de la realidad. Platón los encontró y entorno a ellos la construyó.
-          Ya descubrirás que le camino puede ser a la inversa, alumno. De lo pequeño a lo necesario.
-          ¡Cuando!
-          Cuando hayas leído lo suficiente – dijo mientras le regalaba una sonrisa que un padre le da a su hijo que más quiere.
L a tarde llegaba con su ritmo cansino. El sol caía dulcemente por entre el horizonte. Las grandes puestas de la biblioteca se fueron cerrando mientras los soldados se guardaban en las puertas para proteger el gran tesoro.

Estratón se alejaba y cada poco tiempo giraba su cabeza y miraba el siempre inmenso y esplendido edificio del que estaba enamora como un joven  que ya no era. En la última mirada se pregunto ¿la bajeza y miseria  humana,  tomarán su forma más descarnada y harán desaparecer este tesoro irrepetible?,  espero, quiero estar ya muerto si esto ocurre. Se echó por los hombros su blanca túnica y continuó su camino

martes, 30 de septiembre de 2014

EL ÚLTIMO PASEO DE SÓCRATES


A  pocos centímetros del suelo pisaban mis pies mientras pensaba en el mundo de los elementos universales.
Meditaba en  círculos concéntricos dibujando una espiral enfilada hacia las nubes mientras que con mi reflexión escapaba de la inútil materialidad que expectante, me vigilaba.
Tenía claro, muy claro que no había otra salida más hacia la verdad.
Sabía que el destino estaba así configurado.
Aún así las intensas y rápidas conexiones de mi cuerpo y mi alma apostaban por la resistencia y se parapetaban en el menor suspiro de la sinrazón reinante, con la pretensión de escapar del real y autentico orden establecido.
Realizaba giros de 360 grados con mi visión, hacía lecturas verticales de arriba hacia abajo, mientras construía movimientos trasversales de un lado al otro de las circunstancias puntuales y físicas, buscando salir de la trampa y del engaño reinante.
Paseaba, codo a codo, por la calle de mi ciudad, con todos aquellos que permanecían ciegos.
Tenía la esperanza que alguno de mis alumnos, hubiese llegado,  ya también,  a la fase final de los conocimientos.
Las hojas perennes de los bonitos arboles cían caducas ante la incomprensión e imposibilidad crónica y patológica de lo que tenían como verdadero.
La meditación me había dado la luminosidad, pero me había quitado la comprensión que se debe por vivir en el engaño.
Fue con Bruno, al verlo por el camino, por el que apenas por unos instantes deposité mis pies en el suelo.
Empezó a hablarme y yo traté de escucharle. Cuando él se fue, acepté que ya estaba lejos y la conversación resultó inocua, vacía, estéril.
Continué caminando consciente de que mi volatilización se estaba consumando y concretando. El mundo de las ideas me abría las puertas y mi alma se iba allí donde nació.
Desaparecía ante los ojos de los transeúntes cercanos, pero tan lejos estaba de sus principios formadores y actuantes que como el polvo de primavera, apenas podían sentir algunos pequeños  efluvios alérgicos.
La última trasmigración de mi alma llegaba y mi libertad nacía.
Lo que vi primero y con claridad fue la ciudad a lo alto.
Desde la verdad observé la mentira y la apariencia de la sociedad.
Sabía que ya no volvería.
Entendí el proceso de los viajes como realizados por tener el máximo conocimiento de la verdad y realidad.

Entonces, la hoja de la carta voló por los aires, cayendo a los pies de aquel joven discípulo, mientras su cuerpo se difuminaba en la morada de los conocimientos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

DARWIN, JHON Y LOS MONOS ENJAULADOS



Crujiendo el casco Roble Ingles y temblando en su verticalidad los mástiles de pino Español, el gran Velero Beagle había salido ya hacia dos años de Inglaterra con el objetivo de recorrer las costas de Suramericana primero en un viaje de investigación que daría la vuelta total al mundo por sus océanos y mares. Jhon era el cocinero y había conseguido una gran amistad con Charles.
Aquella mañana, se encontraban viendo una vez más, la salida del sol en la eslora izquierda del Beagle en su viaje hacia el pacifico, habiendo pasado el estrecho de Magallanes, en el confín del mundo, cerca de la tierra de hielo, en el punto más lejano de la Patagonia.
Charles salía a pasear con su traje de levita azul y disfrutaba mucho de los vientos frescos y matutinos que levantaban su pelo rizado. Observaba con atención y su lente los azules amaneceres de aquellos inhóspitos lugares. Coincidía normalmente con Jhon que con su siempre puesto delantal, le iba a su encuentro.
- Señor Darwin, lo he vuelto a hacer. Como me pasa algunas mañanas, he vuelto a gritar a mis ayudantes y mostrarse violento con algunos marineros. Me detesto esos días, parezco un mono enjaulado.
Charles se le quedó mirando fijamente y volvió perder su vista en la lontanía y soledad del océano. Había estado estudian los pinzones de las islas del atlántico, había observado la rareza de los dragones de las islas de estrecho y empezaba a especular sobre la necesaria adaptación de los animales a su entorno. Susa notas comenzaban a tomar forma de libro y en el empezaba a plasmar su idea de la evolución. Justamente aquella noche, en sus sueños especulativos tuvo la tentación, durante breves instantes de aplicar estas conclusiones a la especie humana.
- Pero, qué me cuenta Jhon, ¿que deja de utilizar su razón humana y actuá de manera impulsiva como lo hacen los animales.?
- Bueno, tu pregunta es difícil, no sé, sin pensarlo.
Darwin había leído algo de Hering, fisiólogo de Liebnizg que estudiaba la relación entre la velocidad respiratoria y el sistema nervioso. Sabía que había una relación entre el estado corporal, en este caso matutino de Jhon, y su humor. Ahora bien, la idea de que fuera el posible reflejo de la evolución del ser humano, le asustaba.
- Sí, Señor Darwin, y me siento arrepentido, pues yo no soy así y no quiero que mis compañeros me vean de tal manera. Por la tarde nunca me pasa.
Darwin seguía pensando. Había estudiado a los primates en todos los zoológicos de Inglaterra que los habían traído de sus colonias extendidas en todo el mundo, y había visto que no tenían un estado de humos variable a las horas del día. Aquí si que había una diferencia clara. Pero sabía que esta reacciones en las cuales las personas no utilizaban la razón y no estaban en sus cabales eran tremendamente similares a las de los animales.
- Jhon, es importante y fundamental controlarse, lúchalo, pero no te desprecies pues en mayor o menor cuantía a todos nos pasa.
El estudio de los picos de los pinzones adaptados a la vegetación propia de cada isla apenas separadas por unas millas pero la imposibilidad de comunicación por los grandes vientos del océano y su forma debido a la adaptación al tipo de flores le apasionaba y le hacia reflexionar sobre qué tipo y hasta donde podían llegar este tipo de cambios.
- Pero, Jhon, ¿te pasa constantemente o viene de unas condiciones especiales? - le dijo mientras acariciaba la suave madera pulida de tono azulado de la barandilla del casco.
- Sí, especiales, en cuanto que menos noción de mi mismo tengo, es decir, tras una noche cansada y la mente aturada, tengo más dificultad para pensar.
- ¿Será como si dejaras a parte tu razón?
- Sí, algo así.
- ¿Como los monos que no la utilizan?
- Bueno, señor, esa broma ya la hago yo.
Rieron los dos.
Darwin sería repudiado por la Iglesia Anglosajona si se atrevía establecer cualquier conexión en la engendración entre el mundo animal y el ser humano, pero no podía evitar pensar, en las reacciones inconscientes de los animales, la reacción consecuente nerviosa ante la aceleración respiratoria de Hewring y los cansinos amaneceres y de mal humos que inconscientemente tenía Jhon.
El mar pacífico, cruzado ya hace tiempo por Magallanes, le esperaban. Era una larga travesía flotando entre las aguas vaciás. La nada era su población.
En el movimiento repetitivo y el silencio creado por el grito continuo de las aguas rompiendo en el casco del barco, le inspiraban y ordenaban su mente.
Sabía que había un elemento evolutivo propio en la naturaleza y que podía haberlo habido en el ser humano, lo que le daba la probabilidad de encerrar en sí mismo el acto irracional e irreflexivo propio de los gorilas en celo del África tropical.
Pero no se atrevía pensar que hubiera alguna dimensión actuante e irracional propia formadora del ser humano.
El atardecer se completaba y no quería escribir esta noche a la luz del candelabro.
- ¡Señor Darwin! - Jhon daba una vuelta revisando las provisiones antes de irse a dormir ¿qué tal ha pasado la tarde?
- Bien, bien, mi querido y buen cocinero y déjame que te diga, que intuyo que en este siglo, a sus finales, alguien nos explicará de donde vienen estas reacciones que tan poco controlamos y que tanto nos perturban.

Entre los graznidos de las gaviotas de las últimas tierras costeras, se dieron las buenas noches.

sábado, 20 de septiembre de 2014

SPINOZA EN EL CANAL HACIA EL BÁLTICO



Paseaba despacito y tranquilo, por una bella Amsterdan, cubierta de amplias flores blancas, caducas, sutiles, efímeras, pero esplendidas en su corta madurez.
El verano era corto.
Marchaba lento y pensativo pues su tuberculosis le producía problemas en el movimiento pesa a su juventud.
Observaba lo que le rodeaba y luchaba por no sentir odio y desprecio hacia aquellos que lo había apartado del mundo del pensamiento por alegar la existencia y manifestación como parte de la misma ontología, a Dios, su pensamiento y la belleza extensional de los blancos tulipanes expuestos en cada balcón de aquella ciudad construida con una madera clara de frescos y grandes abedules.
Se dirigía a su taller. Los antiguos Sefardíes, los Judíos expulsados de la península Ibérica, no lo abandonaban, pero si apartaban y sólo le dejaban dedicarse a la artesanía.
Spinoza, se sentía feliz puliendo las lentes para sus amigos científicos, pues le permitía reflexionar y mantener contacto con buenas mentes pensantes.
Apoyado en los vallas protectoras de un canal, elevado por la marea, se le acercó un antiguo alumno, que ahora ocupaba un puesto de dirigente importante en su comunidad. Nunca estuvo cerca de lo fanáticos, pero siempre fue un hombre precavido.
- Maestro ¿cómo está?
- Bien, mi amigo, tratando de, contemplando la belleza, olvidar los dolores en mis huesos.
Acercándose más le dijo
- Ya está impresa su obra, el tractatus teologico-philosophicos. Vamos a empezar a mandar a los tantos otros pensadores racionalistas que le siguen en el resto de Europa.
- ¿A Liebniz?
- Sí, también
- Alumno Christiaan, probablemente deba irme a la Haya, en cuanto se haga oficial mi excomunión y me gustaría que siguiéramos, en secreto repartiendo mi obra.
- Sí, señor, cuente conmigo, pero dígame ¿qué alegan para condenarle?
- Mire, el gran admirado por mi parte, Descartes, quiso separar ontológicamente al ser humano de Dios, para mantener su capacidad de elección.. Su cuerpo, su alma y Dios, no eran lo mismo. Y yo le pregunto a Usted ¿en qué punto rebajo un centímetro el poderío y omnipotencia divina si le afirmo que Dios también se encuentra y se da en la belleza de las flores que cuelgan de los balcones?
- Bueno, Señor, pero nuestro Dios, Yave, es superior y está por encima del ser humano.
- Pero, mi alumno el que yo piense no me da independencia divina ni la existencia de las flores como realidad tampoco. Todo lo existente es Dios, nuestra libertad está en la asimilación de nuestro destino como parte creadora, es la Panagea, todo es y está en Dios.
- ¿Los mismas vertientes formadoras de Santo Tomas?
- Sí, parecido – y le dijo acercándose, cuidado con nombrar a un santo de la iglesia católica, cristiana, apostólica y romana, aquí, en este barrio comercial grande y Judío muy judío.
- ¿Quería Dios que le hayan apartado de la iglesia y no le permitan instruir a los jóvenes, señor Spinoza?
- Te voy a decir una cosa, y que nunca se te olvide, Christiaan, la iglesia, sea cual fuere, no está formada por Dios, son los hombres quien la hacen y la componen y todos los pecados y defectos que tienen las personas fuera de ella, la tienen dentro también.
La última mirada fue algo melancólica. Sabría que debería de partir hacia se nuevo lugar de residencia pronto. Su capacidad intelectual estaba pletórica, pero su cuerpo se consumía con lentitud. Apenas tenía 40 años, pero pocos más le quedaban, le dijeron algún amigo intimo médico, con otras palabras.
- Baruch- por un momento sintió la fuerza para tutearle ¿podremos, con la razón explicar el mundo?
- No sólo podemos, sino debemos. El mundo no es más que la manifestación del orden divino. Nuestra mente llegará a su conocimiento pues somos parte de Dios. Somos, esencialmente seres racionales y con nuestra razón llegaremos a la más alta comprensión, lease por favor a descartes, siempre lo he admirado.
Se despidieron y su antiguo alumno se fue con paso ligero pues tampoco quería que se le siguiera asociando en la cercanía con él.
El canal estaba enfocado hacia el mar báltico, en el norte y el sol se ponía en su hombro izquierdo con lo que no le molestaba y podía ver los rayos de luz caer trasversales en la madera húmeda del casco de la pequeña barca cargada de girasoles que llevaban hasta la costa.

- las religiones no son malas, la maldad esta en las personas que dicen que la representan – dijo en voz alta, sin miedo pues los dados de su destino, ya estaban jugados.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

DESCARTES Y EL JARDINERO




Era el precioso castillo de Fontenebleau, pero si lo era, más sus jardines.
Paseaba entre los setos, con un traje negro alisado, con mangas largas y cuello alto.
Siempre permanecía con la mirada atenta y fija. Parecíase que estaba contando hasta última hoja de cada uno de los frondosos abedules que formaban el centro neurálgico del jardín dividiéndolos entre los metros cuadrados del mismo.
Su vida era matemáticas, más bien, exactitud. Buscaba la completud del pensamiento, fuera el tema que fuese.
Inclinándose en un conjunto de setos, estudiando las lineas de conjunción que surgían en el horizonte, se tropezó, como todas las mañanas con Andrè, el joven y porqué no, magnífico jardinero y encargado de aquello.
- Haces arte, joven – le dijo Descartes
- No señor, no me avergüence.
La cercanía humana que mostraba ante los trabajadores, de un Aristócrata bien situado y mejor apreciado producía una gran ternura pero humildad en ellos.
- Que, ¿consigues realizar lineas paralelas entre los lados de las hileras de los setos?
Andrè, muy modestamente, alzó una media mirada y le contesto
- No señor, no es mi intención, en la desigualdad de los lados encuentro la belleza.
Cual una tormenta seca de verano, se abrieron los ojos de Renè.
- Pero !que me dice Usted¡, ¡La belleza es la perfección!, el punto de fuga debe estar calculado hacia el fin de las vallas finales del jardín!, ¡Tiene un poste central hacia donde dirigirlas!
- Si, maestro donde los haya, pero en mis pocos años en el arte de la jardinería he llegado a la conclusión que la a simetría trae cierta belleza y encanto.
Se dio media vuelta con potencia y comenzó, Renè a andar hacia el castillo, pero tras unos pasos hacia el se giró y se aproximó de nuevo.
Andrè, temblaba, intuía que había hablado demasiado aun sin saber por qué.
Plasmado entre las pequeñas montañas totalmente verdes en su espalda, observaba como el paso de maestro se iba calmando, y el ruido de las pequeñas hojas color cobre aligerado, sonaba más calmado en su proximidad.
- Tendría ganas de que Usted se hubiese leído el ensayo que escribí hace algunos años cuyo único objetivo era enseñar a pensar, pero bueno, dejémoslo y déjeme preguntarle si el desorden es bello
- No Señor
- Y la desigualdad es un tipo de desorden.
- Si, señor
- Por lo tanto concluiríamos que el desorden no es bello.
- Sí, Señor.
Descartes se le quedó mirándolo a la par que se sentaba despacito en un banco a la vera del jardinero.
- Sé que me contestas con afirmaciones pues sientes la necesidad de hacerlo.
- Sí, Señor.
Sabía y entendía que en la belleza del jardín nunca podría encontrar una verdad absoluta.
Sabía que tenía tantas posibilidades él, estudioso y culto en deducir donde está la belleza, que aquel, sin estudios ni cultura clásica, entendía que todo era susceptible de encerrar dudas en cuanto a su concepción y desarrollo.
Miraba y observaba las lineas escapatorias.
Él las veía rectas, pero el jardinero ya le había dicho que no lo estaban.
Él le había hecho un pequeño razonamiento, el cual si hubiese tenido toda la claridad y evidencia, no lo hubiera dudado André.
Descartes, pensaba firmemente que estábamos, en manos de Dios y sus antojos y motivos y la que pensásemos podría estar muy lejos de las realidades.
Vivía rodeado de las matemáticas pero el sabía que su exactitud podrían ser sólo consecuencia de este Dios caprichoso.
La verdad única que encontraba era que pensaba y dudaba.
- Andrè, he de decirte que busques la belleza donde quieras encontrarla, pues allí estará, pues te puedo decir que la única verdad será que yo estoy dudando que ahí estuviera.
El jardinera seguía con las tijeras anchas cortando las lineas irregulares, con la mirada dirigida hacia Descartes, su Señor, pero perdido totalmente en sus deducciones y conclusiones.
Renè, el Señor, se levanto sin mediar palabra.
Sabía la forma y características que debía de tener las verdades, pero aun intentando y creyéndose ver así ciertas reflexiones, sabía que esto era una deducción perfecta, un modelo, pero después entraría su propia apreciación a la hora de aplicarlas, es decir, clasificar o darle unas características de una verdad absoluta a otros conceptos, pero seguía sin saber si su asignación de modelo la tenían los objetos que había mirado como tales. Lo buscaría, necesitaba más conocimientos similares, o mejor, iguales.

- Clara y distinta, así debe de ser la verdad dijo en voz alta mientras se iba.