sábado, 14 de mayo de 2016

...de los mellizos y el porqué de la muerte...






Y levanto sus ojos y le miró a los suyos.
- ¿Y por qué nos tenemos que morir?
Seis años y sólo la curiosidad.
Una duda muy tierna.
- Pues Andrés, no lo sé.
- ¿qué? - estaba acostumbrado a que su padre se lo explicara todo.
- Ya te digo, mi amor, que no lo sé – se quedó sonriendo ante semejante cuestión.
Allí estaba sentados, en las bardas del pequeño jardín en medio de una gran ciudad.
Sonreía a la par que la gente pasaba a pocos metros de él.
- “¿cuantos de ellos se habrán preguntado alguna vez esta cuestión?, pero ¿tiene solución la pregunta? Y digo y me pienso, bajito y con temerosidad, que es un imperativo su existencia, siendo esto lo único que tiene verdad, que su verdad, es la existencia.”
En aquel momento el hermano, eran mellizos, se giro, sin darle ninguna importancia al asunto.
- Es porque si no nos muriéramos acabaríamos por no caber – dijo con la más absoluta cara de inocencia, pero con una afirmación de ser una explicación evidente, clara y deducible – dijo su hermano.
- Sí, Pedro, me parece una razón buena para que nos muramos – riéndose, o al menos, sonriéndole, le dijo. Siguió pensando - “es absolutamente una respuesta con tanta capacidad de ser real que las más grandes teorías o creencias. El valor experimental es lo que da la verdad y el mismo de este tipo, tiene unos que otros”.
Seguía pasando gente por el pequeño paseo que dibujaban al rededor del pequeño jardín.
- Pero, papa – dijo Andrés, entonces ¿nos morimos todos?
- Sí, Pedro, sí.
- ¡ah!, ya – le contestó con cara de total tranquilidad, girando para seguir mirando al frente, tras haberle dispersado la duda, y poniendo la expresión, tal cual le puso, al saber el sabor del polo que le compró aquel día.
- “Cuantas explicaciones hay, habrán y han habido, sobre la cuestión. Buscarle la razón es un callejón sin salida que muy pocos toman. Su salida y solución no es deductiva”
Le cambiaba, siempre, cuando pensaba en esto, el cariz de su rostro
- “ No hay explicación racional sobre nuestra existencia. O Fe y creencias, o una indudable aceptación, de su existencia por motus propio y no por agentes externos a ella. La vida, sólo es.”
Andrés y Pedro se cansaron de estar allí sentados, los tres, y se pusieron de pie. Amigos desde siempre y para siempre, continuaron el juego, de todos los días, y que empezaron al nacer-
- “qué validez racional le puedo poner a esto” - estaba observando a sus hijos jugar delante de él.
- “Cual quiera y un intento en su razón, sería equivocado y al engañado, le restaría belleza y valor el hecho”
Se levantó y continuó el camino con ellos, a hacer el recado.


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