sábado, 30 de mayo de 2015

LA TOURNE (Cap. 4) (1,2,3,4)



LA TOURNE


Cap. 1

Acabó el concierto, en el mismo momento en el que el sol comenzaba a desaparecer detrás de los últimos edificios al fondo de la Gran vía.
Don Cipriano caminaba erguido, como siempre y en cualquier lugar, mirando fijamente hacia  delante con el entrecejo puesto y pensativo.
-  Magnífico, maravilloso, sublime, !cómo puede estar esto tan olvidado y deslazado!, !acaso a Usted no le tiembla el alma cuando escucha, por decir uno entre mi, los violines de Vivaldi, !es que somos los únicos!
-  Hombre, Maestro, los tiempos pasan y las cosas cambian.
- !ah!, claro, Andrés, pero las personas estamos cumpliendo la leyes de la física y nuestro sistema va, por necesidad y en el arte, a peor.
-    ¿Me dice, Don Cipriano, que lo que ya hemos hecho,  siempre  es mejor?,  ¿que el buen arte ya se hizo?
Don Cipriano,  se giró y le miró muy seriamente meditando el último comentario de su alumno.
Andrés y Don Cipriano, se conocían de la escuela de música de la ciudad de Valencia. Don Cipriano era Doctor en Solfeo y le daba clases de quinto de composición a Andrés. La técnica, la perfección, el ritmo, la armonía, la medida, Don Cipriano, las trasladaba de los libros a su vida y la buscaba insistentemente en todo lo que le rodeaba. La inocencia en el abandono de lo usual,  les unía, pues eran totalmente diferente. Andrés era su joven alumno, 17 años, con unas dotes espectaculares y magníficas para tocar el piano. Había dado conciertos y realizado ensayos con la filarmónica, ahora bien, no tenía ni poseía el concepto del orden. La concordancia de sus manos era natural, innato. Lo que hacían sus dedos, era un acto puro de virtuosismo cada vez que los ponía sobre las teclas del piano. Era un joven modesto y humilde y un genio en la interpretación.
Camino de casa, vivían a dos manzanas el uno del otro, tomaban el viejo cauce, convertidos en espléndidos jardines, del rio, y seguían con sus comentarios.
- La música actual es un ataque continuo a nuestra capacidad de pensar de manera coherente. Los sonidos disonantes, sucios, indefinidos y des rítmicos, son malos para los oídos y sobre todo, para el alma.
- Maestro, la verdad es que no estoy de acuerdo con Usted. Cuando salgo con mis amigos a algún lugar,  con música acabamos seguro. Hombre, unos bailes.
- Si, si, alumno -le dijo mientras se giraba dispuesto a decir con solemnidad la resolución a todos los problemas - ahí está el asunto, la música se abandona. Lo que ahora la llaman como tal, ya no lo es.
Andrés siguió mirándole, mientras Don Cipriano, alto y erguido caminaba mirando al horizonte, al que fuera y donde lo hubiese. Los ojos abiertos y la cara inexpresiva, anunciaban sus ganas de comprender totalmente a su maestro y su incapacidad de llegar entonces.  Don Cipriano le había descubierto cuando apenas tenia 8 años en el instituto Luis Santangel durante unas jornadas de exposición de objetos musicales en el colegio. Y entre la risas y felicidad de los niños llegaron al piano y Don Cipriano  le dijo a Andrés que se había sentado cerca de él - ale,  a repetir dos notas – muy bien, -y cuatro notas, !oh!, !magnífico!, y seis y diez y doce y veinticuatro, hasta que aquella misma tarde Don Cipriano llamó a los padres de Andrés. Anonadado quedó tras semejante exhibición de virtuosismo.
Mañana salían en una tourne del dúo formado por Andrés, piano, Margarita, violín y Don Cipriano, organización, orden y amor y pasión por la música,  más la colaboración en montajes y escenografía del siempre atractivo y sorprendente Pedro,  artista y licenciado en bellas artes.  Al lado de cada pieza,  bailarán.  Don Cipriano, lo tenía todo el montante y asunto de viaje absolutamente organizado. Andrés también pero éste necesitaba bastante menos,  tiempo,  lugar y utensilios,  para todo y en cualquier momento. !quien pudiera imaginar lo que les iba a pasar a unas personas tan peculiares y particulares!
Llegando al final de la calle, desde la lejanía se observaba a Don Cipriano, dibujar en el aire con sus manos, rectas, curvas, espacios, diques y todo tipo de formas geométricas para explicarle la organización a Andrés.
Así pues continuó la pareja moviéndose como tal representación artística, con las luces de las farolas marcando sus perfiles, en las paredes de los edificios, tanto el pasear altivo, sujeto a una supuesta distancia cualitativa con el resto del mundo del maestro,  como la discreción y naturalidad propia de Andrés.








Cap. 2

El día salió realmente soleado. Ni una nube ni un mal soplo de viento fresco. En valencia y aquel día, el sol actuaba castigando.
Don Cipriano, en su estatus en el cual la totalidad exterior apenas tiene importancia, llegó a las ocho de la mañana estando la cita concertada para las nueve. Allí estaba con su libreta de mano apuntando y esquematizando las labores del día. A las ocho y media llegó Pedro, y el pequeño autobús donde empezarán la gira y los peculios de la vida a pagar.
Pedro bajo de éste. Había contratado y organizado todo lo concerniente a la gestión material del asunto. Era un hombre joven, pero su experiencia en el campo logístico era muy amplia. Era un hombre con mucha seguridad en si mismo y una personalidad realmente propia. Guapo, alto y con mucha clase.
Del grupo de trabajo para este acontecimiento y espectáculo cultural, sólo se conocían Don Cipriano y Andrés. La relación con Pedro venía organizada por el propio institut de música, pues ya había organizado, en Valencia, otros acontecimientos, con resultados magníficos.
Y ahí y entonces tuvo lugar su primer contacto.
- Señor ¿Pedro?. Encantado de conocerle - apenas estiró sus labios en forma de sonrisa- Mire, le voy a dar esta lista de temporalización que debemos de seguir este día - y comenzó a explicarle, realizando una escenificación temporal espacial con la posición de sus manos, hasta que Pedro le interrumpió y sin ninguna expresión más que la de intensa normalidad le dijo
- Sí, soy Pedro y Usted es, entonces, Don Cipriano. Encantado. pero, olvídese de esto que me esta contando - no, no podría ser, aquel hombre le estaba discutiendo la organización de algo relacionado con sus organizaciones referentes a la música que parten del Institut.
- Pero !que me dice Usted!, !tenemos que seguir esta organización si  queremos cumplir los  horarios! - le dijo, entre autoridad y súplica.
- Mire, Don Cipriano, yo le entiendo, pero déjeme estos temas y haremos lo máximo que sea posible. El primer concierto es pasado mañana y sería imposible realizar el primer ensayo hoy en el auditorio de Alicante. Más de doscientos quilómetros, acomodándonos en los diferentes lugares, realizando las visitas pertinentes para el ejercicio de situabilidad para los días posteriores y todo, sobre todo el trasporte del piano. Jamás he trasladado un objeto con el que tuviera tanta atención y cuidado. Sé que es muy bueno y sensible.
La contestación airosa pensada por Don Cipriano, se calmó al escuchar las palabras de respeto y cuidado hacia el piano de Andrés por parte de Pedro.. Era, sin duda, dentro de las diferencia ya captadas por los dos, un punto de cercanía.
Girándose con la sonrisa sincera. Allá dejó a Don Cipriano, pensando en él. ¿Cual ser el acontecimiento que dota a las personas de una gran personalidad y estilo captable a su alrededor?, ¿Quizás sea el trabajo realizado siempre en contacto con artistas?, ¿nació con éste?, ¿lo han educado así? - y entre estos pensamientos llegó, justo en ese momento, Andrés.
- Maestro, discúlpeme lo justo de mi llegada, pero es que mi madre no me dejaba irme de tanto besos que me daba.
Don Cipriano sonrió, le miro con ternura. Saco una expresión que sólo la calzaba un día cualquiera al año.
- Andrés, cuidado con las pasiones y los amores, aun siendo de tu madre, que en muchas ocasiones te llevan al agujero de la irracionalidad.
Andrés le devolvió la sonrisa y volvió, otra vez, a no saber de que le hablaba.
Pedro se les acercó y les hizo el gesto para que se fueran acercando al punto de partida situado detrás del auditorio en la avenida de los jardines centrales. Detrás del autobús, estaba preparado una gran furgoneta en la cual llevaban el piano y otros objetos imprescindibles, tanto para la interpretación musical, como para la escenificación del baile que se había preparado para cada pieza. Eran pequeñas composiciones ilustrando, en función del contenido, el motivo o la expresión de la música, de la pieza. Un baile e interpretación ligeras e ilustrativas. El grupo de baile llevaba sus propios horarios para la primera cita. Venían de Madrid.
Estaban ya todos preparados, esperando a Margarita.
Allá a lo lejos se la vio aparecer.
Llevaba un falda suelta con encajes a la altura de a cintura que escalaban por los laterales de un disimulado corsé ligeramente ajustado. Iba toda de blanco salvo unas ligeras sandalias marrón clarito. Era muy morena de cabello, pero realmente blanca de piel. Era una mujer bella y distante, hermosa y misteriosas. Andaba hacia el autobús sola, acompañada solamente y no más, de su gran amor   y amante. Pensaba que su violín jamás le sería infiel y que la acompañaría toda su vida.
Llamó la atención de los cuatro hombres, incluido el chófer, que la esperaban. Había un gran silencio. El lívido huía y el amor venía representado.
- Hola, buenas tardes ya, disculparme el retraso.
- ¿Sólo el violín?, ¿y su maleta? - preguntó Don Cipriano algo alterado.
Margarita le miro condescendiente.
-No se preocupe, maestro - margarita conocía su fama a nivel universitario- mi marido ya lo ha cargado hace algún rato en el autobús - sonrió y se sentó en la última fila de asientos, sonriendo a todos mientras pasaba.
Para Cipriano era una componente más y le miró con continuidad, Pedro y ella se miraron con la tranquilidad del absoluto desconocimiento entre ellos, pero fue Andrés, !ahy Andrés!, al que sus ojos se le llenaron en inmensidad de la limpia sonrisa que tenía Margarita.
Los ojos de su maestro Don Cipriano, no perdieron ni una sola nota de lo ocurrido.
Y allí estaban los cuatro dispuestos a comenzar el viaje.
El autobús se puso en marcha pero tuvo que pasar casi media hora para que se comenzara a hablar.


Cap. 3


La ciudad ya habíase quedado atrás junto a la vegüenza propia de la gente conocida. Pedro miraba con interés el paisaje, observando como recorría, la autopista,  las orillas del mar  mientras pasaba casi sin interés, por lugares buscados por gente de todo el  mundo, miró hacia la parte delantera del autobús y dijo
- Señor Cipriano, de bobos sería no reconocer y escuchar con placer al , siempre elevado, Bach - por sus estudios y afición tenía unos conocimientos, al menos por encima de la media, de cultura clásica y general- ahora bien, vamos a darle un poquito de marchita al asunto, !Manuel - así se llamaba el chófer- ponme alguna emisora con algo de marcha!
Lo hizo y como saliendo directamente del infiernos, el diablo con una guitarra entre las manos, ACDC comenzó a sonar.
Margarita y Pedro, se sonrieron con complicidad.
Margarita no conocía aquella música, de hecho, fuera de los clásicos, no se movía ni siquiera con canto autores. No era para nada tímida y escondida, pero tenía muy claro sus gustos, preferencias, destino y ambiciones. Esto le hacía una mujer realmente especial. No estaba casada, pero la vida le iba bastante mejor con esta mentira. Era una mujer hermosa que no le atraían los hombres, siendo con esto, incluso, más sugerente.
Los ojitos pequeños e inocentes de Andrés observaban desde la tormenta de los sentimientos, sensibilidad y humildad, aquella mujer que le estaba descubriendo aquello que hasta entonces no pudo o no quiso saber. Empezaba, sólo, solo y dentro de aquella hora, a sentirse enamorado. Lleno estaba, de interpretar las lagrimas de aquellos que quieren y no son correspondidos o las alegrías de todo aquel que la mujer de su alma le besara. Su piano  comenzó a hacerse real en los ojos de Margarita, los cuales si, apenas le habían mirado de pasada y, entonces y con voz bajita, aguda, suave y dulce, le preguntó, aunque sólo fuera para verla en la totalidad.
- ¿Donde estudio Usted?, Señora Margarita. - preguntó Andrés.
Por el espejo grande central con el que el chófer miraba a los pasajeros, Don Cipriano, miraba con preocupación y misterio la cara, expresión y movimientos de Andrés. Jamás le había conocido ninguna novia y apenas vivía, nomás que por la música. Se le veía con algún amigo, y con amigas ni una. De aquí su preocupación. Había pasado muchos años desde que, y a la mínima versión, su corazón funcionaba así y tenido esas mismas experiencias. Ser diferente es difícil y complicado. Así pues la mirada fue de preocupación ante la cara de borreguito degollado con la qué la miraba. No tenía por que haber nada desequilibrante, incluso podía ser constructivo, pero atento y mucho estaría.
Este vocablo - tratarla de Usted y nombrándola como señora- les hizo reír a los dos jóvenes más del autobús.
- !Apenas tendré 1 o 2 años mas que tú! - dijo Margarita !tutéame!
- Bueno, está bien que empieces así, pero, ves olvidándolo que vamos a estar muchos días juntos - añadió Pedro.
El sinpas, sorpresa e indecisión de las risas al bienestar del "mucho tiempo" sólo hubo un espacio demasiado corto de tiempo para contar.
En estos avatares, Don Rinoscopia se puso en pie
- Primero, ACDC ¿así se llamaba, no? nunca jamás volverá a sonar en mi presencia. Pero ¿cual concepto tienen Ustedes de la armonía? ,  Ya debatiremos cómo refleja la música el valor,  las consecuencias,  los actos y los modos propios y cohetáneos.  Prefiero morir en la ignorancia en cuanto a qué pasa hoy.
-Dos, la máxima formalidad va a ser poca para lo que os voy a exigir a Margarita y Andrés. Esto será necesario para el correcto desarrollo de la gira. Que sepan Ustedes, que las confianzas siempre traen malentendidos y discusiones. Usted, Pedro, trátenos como quiera pues sólo y conmigo, deberá realizar labores decorativas fuera del punto central de todo el asunto, qué son ustedes dos virtuosos, que la luna, el día que nacieron, decidió mecerles en la cuna.
- Y tres, allá dentro de dos horas, espero tener todo el material guardado y preparado para poder empezar el trabajo mañana a las 8 recién salido el sol. Hoy tendrán un tiempo libre antes de irse a dormir para que se relajen, aclimaten, y se tomen, Andrés y Margarita, un refresco juntos. La combinación y entendimiento entre ambos ha de ser máximo. El amor de cualquier pareja ha de ser irrisorio, frente a la coordinación que han de exhibir Ustedes.
De pie, sin perderles la cara, aun con un gran calor,se subió el nudo de la corbata, llevaba camisa larga, muy fina y blanca. Tras esto, dirigió una mirada seria, fija y larga a todos los del autobús. Hasta el conductor le había tomado, al menos, respeto.
 Directamente y por la autovía del mediterráneo, fueron entrado en Alicante, viendo, a su vez, al siempre querido mar.  Parecíase que éste quien veía y observaba al peculiar grupo.


Cap. 4

Realmente, los interpretes, ella y él, no hicieron más que saber el camino y la colocación de sus respectivas habitaciones. El asunto de la logística en lo referente a los materiales, a las ubicaciones, era el trabajo de Pedro, siempre bajo la mirada y supervisión del maestro y profesor. Ellos dos, siguiendo la insistencia de Don Cipriano, salieron a conocerse y entenderse. Entre refrescos, cacahuetes y poco más, entamblaron conversaciones.
Como en todos los lugares allá donde se moviera, Andrés era diferente y la distancia, en ocasiones, como ésta, se hacía más patente. Se notaba más pues las piernas de él, temblaban desde los tobillos, cada vez que Carmen abanicaba el aire que les rodeaba a los dos, con sus grandes y bellas pestañas negras como el fondo de un túnel, para Andrés, de amores.
Hablaron de los pormenores a aplicar a cada una de las piezas que ya sabían y tenían ensayadas independientemente cada uno y por su parte y las cuales mañana serían ensayadas en conjunto.
Apenas le supo a nada un magnífico pez azul, pescado esa misma mañana en aquella costa de la ciudad pues todos sus sentidos estaban en la boca de ella. Todo el amor que nunca jamás había tenido, en un suspiro de tres o cuatro horas, había crecido hasta su madurez. Tomaba casi el cariz de una autentica estupidez y tontería, Pero como tal, así vino y, sin duda, apareció.
Don Cipriano, tomándose una dulce infusión, observaba a la pareja y veía al corazón de Andrés reflejado en la cara de éste. La sensibilidad es condición, sin ecuanun e imposible sin ella, para interpretar a los músicos que compusieron aquella música que nunca será repetida, ni imitada, ni buscada- pensaba Don Cipriano, mientras veía, dentro de su más grande preocupación, la mirada que le ponía Andrés, encima a Carmen.
- Lqa sensibilidad es una mala compañera para el mundo actual – dijo susurrando bajo la mirrada de sorpresa que puso el barmen, justo pasando por allí, ese mismo momento.
Cotejaron las impresiones de piezas a interpretar. Repasaron el contenido, hablaron de aspectos peculiares y particular en sus manera de tocar aquellas piezas. El corazón del músico manda y las notas son sólo unos dibujos para ellos, aun siendo todavía notas interpretativas para el resto. Hablaron de hasta que punto alargar los finales, la velocidad en la coordinación, la distancia en el escenario, el orden de las piezas, la posición hacia ellas, hasta que acabaron hablando de la música, del amor y de la felicidad, justo en el momento, en que Don Cipriano, como buen bombero, acudió, cuando el corazón de Andrés, echaba fuego por toda la barra.
- Bueno, Andrés, Carmen, vámosnos a la cama que mañana hay que madrugar.
A carmen nadie, le daba ordenes, solo aquel el que pagara, y este no era el caso, pero pensó que era pronto para tener algún roce y con una sincera e ilusionada sonrisa, se evaporó.
- Andrés ¿Qué te parece tu compañera?
El siguiente cuarto de hora Andrés no paró de hablar sobre ella, de lo maravilloso que era todo y lo feliz y contento que estaba.
- Andrés ¿alguna vez has interpretado con alguna preocupación en tu cabeza?
- Hombre, Maestro, bien sabe Usted que ninguna. Que soy un joven realmente afortunado.
- Pues debes de saber que en una te estás metiendo.
Andrés, contrajo los labios, y miró pensativo.
- Pero, ¿a qué se refiere?
- A las pasiones, alumno. Los grandes compositores han creado sus obras desde una gran pasión controlada, de grandeza, de humildad, de nacionalismos, de teología, desde la ascensión del alma hacia la tranquilidad. Pero siempre dominando aquello que escriben o tocaban, independientemente de los motivos. Hay pasiones y motivos que te quitan parte de la frialdad y decibilidad que hay que tener en la vida.
- Sigo sin entenderle.
- ¿Qué te parece, como persona Carmen?
- Extraordinaria, simpática, magnífica.
- Es una mujer independiente, lejana y que no volverás a ver cuando esto acabe- le espetó sin aviso. La cara de incomprensión se hizo máxima.
- No tengas nunca jamás, ninguna pasión incontrolable. La felicidad está en el domino y decisión total sobre tu vida y como máxima revferencia, tu conciencia tomando las decisiones.
- ¿Me lo dice por Carmen?
- Sí, Andrés.
- Maestro, no se preocupe. Si que es verdad que es una mujer que veo y considero hermosa, pero la música es lo que a mi me mueve, me gusta y me seduce. Soy joven, ya tendré tiempo.
Así pues y entre alguna sonrisa de confianza – muy pocas, Andrés se levanto para irse, y el el mismo giro le dijo.
- Don Cipriano ¿alguna vez Usted a estado enamorado?
Se limitó a hacer un pequeño aspavientos para que se fuera rápidamente a su habitación, mientras con la otra mano se acariciaba la punta de la barba, pensando y reflexionando sobre la pregunta - ya le contaré lo que es enamorarse, que no tiene ninguna idea de ello, empezó a pensar, hasta que en aquel momento Pedro entró, a su lado se sentó, se pidió un cerveza y giró la cabeza hacia Don Cipriano. Así se quedaron mirandose, hasta que comenzaron a hablar.


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