jueves, 29 de septiembre de 2016

...de cómo los malos ingredientes lo deforman...





No hay sistema político o gubernamental que no contenga en si mismo los defectos que da la imperfección de la naturaleza humana, lo que les lleva directamente a la deforme construcción, con abusos, intereses e injusticias.
Desde luego, de un punto y principio hemos de partir, y en mi caso abogo por un mercado como único medio operativo posible, que escapa de la propia consciencia humana y lo libre de la corrupción propia de cualquier situación que provoca el ser humano en su nivel cívico, ético y educativo actual.
Este mercado sí, pero sometido a las más amplias restricciones de ganancias y perdidas propias de las grandes empresas e individuos.
Las ganancias no pueden pasar de unos limites, marcadas por la media nacional de poder adquisitivo.
Hay que dominarlo, el mercado ha de trabajar bajo nuestros pies.
Pero, aun este, que bajo reglas, es la manera mas distante a la corruptiva naturaleza humana, sigue siéndolo y necesita de un paso más.
El más alto grado de inviabilidad serán los sistemas autoritarios, ya sean personales o colectivos, ya sean dictaduras o oligarquías, ya sea el fascismo como el comunismo, pues asumir responsabilidades sin perdidas directas, pero con el control total del sujeto que realiza la acción, está directamente condenado a la corrupción y acciones interesadas.
Los dirigentes y participantes de estos movimientos no están educados, sino, adoctrinados.
Me repito, aunque alguien ya me dijo que no, yo le insistí, que bajo el primer momento funcional de un mercado con unos limites absolutamente definidos en cuanto a ganancias, perdidas, inversiones y demás, es el único punto posible de inicio para un cambio total y este jamás será producto de un sistema o construcción, sino de la preparacion del ciudadano para tal acción.
¡No revoluciones!, cuya vida, por su propia naturaleza, es leve y débil. Me rio del triunfo violento y radical de cualquier tipo de pensamientos. Aquel elemento impositivo, no va a ningún lugar.
La historia repite y vuelve a repetir el efímero destino y ninguna continuidad de lo impuesto, sea cual fuere su naturaleza por la fuerza.
Vivo bebiendo entre los efluvios de libertad de cualquier Cáliz educativo Griego.
Sigo, por el camino que dejaron y disfrutaron de éste, los grandes pensadores de la Atenas de Pericles y de la construcción social y racional que ellos propusieron.
  • ¡Serás elitista¡ - me dijo aquel ¿unos nacidos para gobernar y los demás para otras cosas?
  • No, aunque puede que si, lo único que calma mi sed en la búsqueda de la verdad es precisamente la formación del sujeto para el correcto funcionamiento de la sociedad – le contesté.
La educación es un proceso lento e incluso cansino para el que permanezca como espectador a ella.
Si iniciáramos ya este proceso de valores éticos y cívicos, de concienciar a los alumnos de nuestra propia esencia como seres sociales, si se les trasmitiera los primeros principios de la convivencia, como serían, la libertad, la fraternidad, la justicia y el amor, cualquier sistema, sea cual fuere, sería totalmente funcional y estaría preparado para su funcionamiento.
No construyamos un sistema, sino a los sujetos que en él, han de vivir.
Que no se adoctrinen y memoricen unos principios y normas, sino que asimilen y comprendan unos principios éticos, sociales y culturales, para una correcta convivencia allá donde fuera.
  • ¡Qué utópico que eres!
  • ¿Cómo?, ¿utópico por describir la única solución?, ¿lo lógico es continuar en un mundo de la impotencia por asumir nuestra supuesta incapacidad de resolución?. No amigo – continúe- te describo un camino largo, pero como único y posible.
Los resultados vendrán ya pasado el tiempo. No es una resolución inminente y con esto, todavía se aleja más el asunto de tomárselo como objetivo.
Vivo entre los sueños y ambiciones de las polis griegas que sabían que serian los ciudadanos en la aportación de sus características propias en la ciudad, lo que conseguiría su efectivo funcionamiento.
En muchas ocasiones me pregunto el calado que puede tener estas palabras resolutivas que buscan alcanzar elementos máximos de resolución.
Actuemos bajo un máximo practicismo en la visión inmediata, atemos el mercado y estructuremos todo el sistema a la formación de ciudadanos preparados para construir un mundo mejor.
Por la historia de los bárbaros interesados en la deformación y adoctrinamiento de los jóvenes, el termino educación colectiva en busca de cualquier motivo, ha sido, y justamente, puesto bajo las dudas.
Pero, repito, sólo con educación y preparación de los ciudadanos, podremos tener un mundo justo.
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