Sumergido en el camino de mis pensamientos, busco aclarar todo aquello,
múltiple y vario, que se me oculta a la claridad de mi razón.
Navegando entre imposibilidades de esta realidad, naufrago en las
fijaciones impuestas y asumidas.
Aunque le hinque los dientes con violencia, el áspero peso de los
principios sociales me abruma con sus hipocresías e ignorancias.
Vivir instalado en el mundo de la mentira, no sólo me corroe, sino que,
además, me sitúan fuera de ella.
Así habla mi razón desnuda intentando contar la descolocación que
nace en mi persona ante su falta de comprensión y aceptación de los movimientos
humanos que se dan, y que conozco, en la sociedad que me rodea.
No es, este escrito, una reflexión de su estructura, significado o verdad
de esas construcciones angulares que utilizamos y que son útiles para vivir en
el error.
Las palabras que forman mis dedos pasan por mi razón, pero son empujadas
muy violentamente por mi corazón.
La desidia y su aceptación inmovilizan la capacidad de actuación.
No quiero entrar en concebir en el razonamiento con objetos concretos que
son una manifestación plena del problema, tales como los medios de comunicación
de masas.
Me quedo con el olor a podrido de tantas cosas que vemos y oímos
constantemente y que no provocan, en casi ningún caso, mas que comentarios,
bajitos y entre dientes de maldición y desde la aceptación total y casi ya no
sentida, de una realidad con la que no estamos casi nunca, de acuerdo.
Las letras de música lejanas son el único acompañamiento que encuentro, con
su inspiración y comprensión, cuando apelo al error asumido y justificado, por
todos.
Los gritos histriónicos en su contra o la aceptación de manera salomónica e
inevitable de la realidad, son el estribillo que acompaña toda la reflexión
histórica sobre la descolocación natural de los personas en nuestra realidad.
Cuando deje de escribir, será como colgar el teléfono interno y volver a la
actualidad.
La reminiscencia de mi infancia terminará entonces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario