jueves, 6 de octubre de 2016

...de la mentira de la razón...



Y me pregunto si puedo hacer filosofía utilizando las palabras de un literato y trabajando desde el corazón de un poeta.
Nuestra visión explicativa de la realidad conlleva no aceptar como correcta aquella explicación que no tenga una lógica y un desarrollo racional.
Hacer filosofia es imponer tu razonamiento para explicar las supuestas, siempre supuestas, principios y razones de los acontecimiento.
Pienso francamente del error de todo aquel que trate de encontrar una explicación estática, invariable, inmutable, trascendental y sin albergar dudas mediante la razón.
No, pues la vida está bastante por encima de ésta.
El mecanicismo y la explicación física y matemática del mundo necesita directamente, tal cual bisturí al medico que opera, la razón. Estos razonamientos siempre serán supuestos, pero sea cual fuere su verdad, funcionan en los cálculos operados, es decir, la explicación podía alejarse mucho de lo supuesto, pero nos es válido pues los cálculos salen y funcionan.
Pero, y os lo digo, siquiera tenemos la total certeza que los motivos sean los que nos cuentes. Bajo esos resultados podemos tener muchos diferentes motivos.
Pero, la pobre razón entra en la filosofía y la reflexión, va a sufrir golpes y torturas por la siguiente generación de pensadores, debido a su poca credibilidad alcanzada en sus razonamientos lógico para explicar la vida, conforme a sus principios primeros y necesarios.
Y entonces, tal cual ladrón entrando por la ventana abierta de verano la poesía y el sentimiento acampan en mi corazón y ocupan los lugares explicativos de los que la razón había ya levantado sus tiendas de campaña.
El desprecio hacia la explicación sólo con la  validez del sentimiento es patente.
Lo pienso y lo necesito, reflexiono pensando  en la belleza del pensamiento su forma, elementos, sentimientos, imágenes y completud, cómo y donde estriba su verdad.
Mi convicción llega cuando, escuchando aquella canción, encuentro la verdad mientras paseaba pensando en aquello.
Es innegable y de tontos esconderlo, que una parte esencial, formativa y primera son nuestros sentimientos.
Aquel que no sepa darles una función constitutiva y explicativa como elemento formador, esencial y ontológicamente constitutivo tanto en el individuo como en la construcción social se equivoca.
Educa desde la proximidad, explica desde la personificación, relata desde tu corazón y estarás, siempre más cerca de la verdad que  si sigues pensando que la explicación esencial de todas y cada una de las personas, tiene cabida un viejo Silogismo Aristotélico o una gran tabla de  verdad de Wittgeinstein.
Me interesan, los disfruto, a los diferentes autores razonando, explicando, dibujando con conceptos sus ideas, pero lo digo y lo repito sólo me encuentro en algún lugar cerca de la verdad, cuando la siento y no cuando la  justifico o demuestro.
¿Será que caigo en la trampa de la música?
¿Será que ella me engaña y me lleva a un fin equivocado?
¿Será que lo que ella me da y a donde lleva mis pensamientos no son más que mentirás?

No sé, no sé, pero cabe el principio en el cual la belleza sustituye a la verdad, o que ésta es ella.
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