sábado, 14 de enero de 2017

...de la personalidad electromagnética...




La evidencia y la costumbre de los hechos, nos lleva a su olvido y su asumisión inconsciente. El cuerpo humano es una precisa y biológica máquina. El mecanicismo en su funcionamiento es máximo, porque y cuando no se produce ninguna acción, sin una causa buscada anterior.
La materia compositiva, es decir biológica, no le quita ni un ápice de validez en su definición, es decir, Máquina.
La parte funcional más interesante es el Cerebro y su estudio, a no ser que aludamos a entidades, del tipo que sean, supramateriales, debe tener también, unos componentes causales de sus actos.
Pero, la cueva y el agujero de la oscuridad y las dudas, arriba cuando tratamos de definir como una forma material aquella entidad que toma decisiones y hace funcionar a la máquina.
La toma de decisiones incluye un momento de estaticidad ontológica, es decir, en la decisión, nada fluye, el tiempo se para, y nos surge un sujeto, situado por encima de las circunstancias, y éste, decide.
¿Cómo puedo tomar una decisión libre si mi supuesta entidad trabaja sobre caminos materiales ya marcados por las conexiones eléctricas de mi estructura neuronal?, ¿Nuestro órgano director y actuante en nuestro cuerpo tiene ya unas causalidades dibujadas?, ¿somos una continua retroalimentación recorriendo lo que ya estaba?
Hay, una manera, de devolvernos la libertad sin tener que aludir a ninguna entidad suprameterial, ni dada, ni formante, y esto es el Dinamismo Ontológico como el funcionamiento de nuestra mente. Salir del Estaticismo como entidad.
El hecho decisorio y libre, no vive en la elección como visión estática y lejana, sino es la función dinámica de nuestra existencia como personas.
Vivimos en movimiento y nuestras decisiones son tomadas en el propio trascurrir de los conocimientos, vivencias, experiencias y demás, que nos conducen.
Sea quizás la manera de eludir la existencia de un elemento estático y diferencial que nos defina esencialmente, el alma o el espíritu, dándole una existencia, en este ámbito, a un puro elemento funcional de cargas eléctricas formados por nuestras experiencia existenciales y que recorre, sin parar, toda nuestra existencia y en su movimiento, nos define como lo que somos.
Este “yo”, en su existencia en el ámbito material, es decir, en la realidad, es un pequeño rio de existencias que coge caudal con la lluvia de la vida, con esencia electromagnética.
Por la noche, la supuesta vigilancia estática, que vigila y decide, pulula por nuestros pensamientos, tomando forma y decisión en cada uno de aquellos que esté.

El mecanicismo corporal es claro. El conocimiento total de éste, traería la solución a todo su funcionamiento. Cualquier acción, cual sea, que realicemos, se van a realizar, pongamos 50 movimientos o más, desde los más pequeños a los esenciales, al unisono y sin ningún desrritmo. Tenemos una joyita.
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