lunes, 20 de febrero de 2017

La mala perspectiva en el tratamiento del Bullying




Pienso que tenemos la mala costumbre de analizar el asunto debatiendo sobre las características del que recibe la acción y no del que la hace.
El enfermo y problemático no es la víctima, sino el que la provoca,.
Aquel que tiene un defecto y problemas en su personalidad es el acosador, esto que normalmente olvidamos.
Tendemos a asumir la fortaleza del que acosa y a deducir, entonces, la debilidad que se considera como una característica adversa del acosado.
La verdad estriba en que la deformación y la patología es del que acosa.
Las consecuencias del acto injusto, son, o suelen ser graves.
Ahora bien, dejemos de referirnos como un acto de debilidad la incapacidad de responder violentamente y démosle más valía a la actitud no-violenta del que sufre las incoherencias y defectos personales de la mal llamada, parte fuerte del asunto y empecemos a denominarle, tal y como es, es decir, una pobre alma en pena que busca en sus actos una realización que jamás tendrá.
El paciente, el sujeto a tratar, deberá ser el acosador.
Las patologías y los elementos a estudiar y corregir, será el de aquel o aquella, chulo, macarra, faltón, que debido a su falta de personalidad y su estado hueco en sus conocimientos realiza actos de escape.
Poco tienen que ofrecer más que la violencia.
A los acosados habrá que ayudarlos a salir del estado traumático, pero el que necesita un tratamiento psicológico, debido a una patología, que hace daño propio y daño exterior, es al acosador.
Quizás fuera un elemento correctivo el hacer público estas características del agresor.
Quizás dejando claro la poca valida de aquellos que aterrorizan ante su falta de todo lo demás.
Quizás con la opinión colectiva que repudiara ese acto como degenerado de la persona que lo hiciera, estas acciones, se redujeran.
Sigo convencido que la manera de solucionar el problema, es curar a los enfermos, enfermos patológicos, es decir, los que no tienen más elemento de avance, que la violencia.,
La patología del cobarde y no el problema del débil.
Es la agresión frente a la ligereza.
Estas convicciones irían aumentando la opinión colectiva sobre y en contra de los acosadores o chulos macaras del patio del colegio.
Ante la negación colectiva y miradas cargadas de reproche, se reduciría al máximo el asunto de acusación que se produce en los colegios, no por ser tal, sino porqué están los muchos chavales.

Con la mentalización y aceptación colectiva del problema y éste se acabaría.  
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