jueves, 27 de noviembre de 2014

LA GRAN MENTIRA




Mareado y confundido dejo el periódico, apago la radio o quito mi vista de la televisión.
No, no soy yo el que me equivoco.
Son ellos los que lo están haciendo mal.
Porque mi potencia vocal es limitada, si no, mis risas cada vez que me encuentro con la prensa y me detengo e intento leer con interés alguna noticia de actualidad, referente normalmente los debates públicos de muchas cuestiones en general, se oirían en toda la ciudad.
Me niego a admitir que es un mundo a parte y funciona tal y como nos lo pintan y yo, desde la lejanía y la extrañeza no llegaré a comprender. Óiganme, traidores, que la vida la practicamos todos.
No hablo de otras posturas políticas, abogo por un cambio de talante. Pido por un cambio esencial en el desarrollo. El sitio de llegada es secundario si el camino es llevado correctamente.
Un tanto por ciento elevadísimo de aquellas personas que tienen ya sea en el campo que sea una gran audición, falsean el momento dando el color que ellos quieren que veamos y nunca pero nunca jamás el que ellos ven.
Lo sintamos o no, lo sientas o no, vamos a darles al publico, lectores, oyentes, lo que ellos quieren oír, independientemente de las cualidades o verdades que este mensaje y formas contenga.
Y esto no es sólo una verdad, si no que se estudia y se practica para que así sea.
¿Qué se creen Ustedes que se estudia en los grandes cursillos de ventas y demás?
Como manejar al comprador, como llevarle allá donde tú quieres a fin de conseguir el objetivo.
Se estudia y trabaja con éxito y validez.
¡Grande, eres grande cuando así lo haces!
La manipulación es un hecho extendido y practicado.
La gente no ve ni se da cuenta que esta acción es un elemento primeramente calificativo de aquel mundo en el que nos movemos y vivimos.
Se toma y se practica como una normalidad absolutamente admisible, comprensible y útil. ¿Donde se coge la baja de esta normalidad?, dicídmelo.
La mentira, disfrazada de buenas intenciones impera.
Tenemos la costumbre de calificar las opiniones como ésta, de un radicalismo fuera de lugar y de uso. No se consideran como producto de la reflexión ni se las piensa como abrigo de alguna solución.
No somos malos por naturaleza, pero si que la tenemos corrupta y degradante. Es difícil, muy difícil no venderte, olvidarte y confundirte, teniendo la mala acción sólo al abrir la puerta de casa.
No nos escapamos del engaño del dinero y del poder.
Huyamos de la ética imperante, no tengamos miedo a la diferencia. Atrevámonos a darle los adjetivos correspondientes a las cosas.
Odio y detesto la expresión “tiene que ser así”, cuando alude a un cambio importante.
No pido ni promulgo una imposibilidad.
No construyo un sistema económico o social, pero abogo firmemente por una variación radical en las relaciones de las personas, en la actitud y talante del individuo hacia los demás.
Un cambio al nivel educativo de los individuos.
Hasta que no veamos que todo radica en un cambio de actitud hacia el mundo circundante y la manera y forma de los objetivos a realizar, el sistema, modo, partido o política, seguirán malfuncionando como ahora mismo.
Y ¿cómo vender? En esta milonga que nos forma, trabajaré al supuesto comprador, dale lo que quiere, construye las frases así, dale este orden a los comentarios, ganate su confianza, hazle ver tu profesionalidad, ves elegante, utiliza adjetivos descriptivos y calificadores, sonrie y etc, ¿por qué?, porqué el producto es secundario y el asunto primario es el vendedor, el o ella. Esto es un hecho que refleja tremendamente la falta de sinceridad existente.
El objeto y asunto pasa a ser un segundo lugar.
¿Es producto de nuestra ignorancia e incapacidad propia de cada uno o de la acción sumamente interesada del vendedor?, ¿compramos aquel trasto que no queríamos por qué la vendedora nos pudo o votamos a aquel partido por las expresiones tan correctas que daba aquel político?
¡oh!, ¡Sacadfme de la mentira de las formas y llevadme a la inocencia del contenido!
La realidad se convierte en un mundo constituido y formado por los intereses.

La belleza, fealdad, bondad o maldad, depende del poder, única y exclusivamente.
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