domingo, 3 de enero de 2016

LA COMUNICACIÓN (Cap. 14)




- Pero ¿qué me dices Boris?
- Sí, bien lo entendiste, en burbujas de aislamiento.
- ¿Cómo?
- Lugares estancos, donde nos introducirán el oxigeno, para nosotros lo trasformemos en CO2 y ellos lo puedan trasportar a sus ámbitos de vida.
- Bien , pero cómo.
- No lo sé. Por sus palabras imagino que nos situarán con todas los objetos y circunstancias con los que podamos vivir según sus leyes y maneras y nos dediquemos a vivir y a producir.
- ¿Sin pensar, sin avanzar, sin libertad?
- Sí, eso es.
- ¡Tienes que preguntarles más, tienes que entrar ben comunicación con ellos, te han elegido como vicario de sus ordenanzas!
Boris, apartó la vista de Carmen, se levantó y comenzó a andar por la sala.
Carmen permanecía sentada en la mesa con las manos sujetándose la cabeza y ocultando su cara.
Boris, estaba admitiendo su situación, controlando sus sentimientos y comenzando a pensar como comunicarse con ellos. Creía que la lucha militar era imposible o la resistencia violenta también.
Necesitaba, sin ecuanun, establecer la comunicación con ellos, debía dialogar, hablar. Eran entidades inteligentes y quizás llegara a algún estado de beneficio mutuo.
Allí estaban los dos esperando la salida del grupo de los quince de la sala central del conferencias. No salían y llevaban muchas horas ya.
- Boris, tu padre era pastor protestante, ¿tu crees en Dios, en el dios judío, en su reencarnación en Jesús?
Giró la cabeza violentamente, aunque contestó con calma.
- ¿Y eso?
- Pues las consecuencias de la inexistencia de Él, son claras y necesarias en la situación que estamos viviendo.
- Sabes, Carmen, lo que me decía mi padre cuando le mostraba mi incomprensión de actos que no me cabían junto a al existencia de Jesús, era que nuestra mente era demasiado pequeña, finita, para comprender el conocimiento de un pensamiento infinito.
La respuesta no satisfizo a ninguno de los dos, pero a Carmen bien poco le importaban.
Boris nunca creyó en Dios de manera fehaciente, siempre acumuló demasiadas dudas, no tenía la ventaja de una fe ciega, pero su respeto ante la Divinidad era palpable y presente, tanto en sus actos como en sus pensamientos. No pudo evitar volver a esta polémica que, como un subterfugio en su pensamiento, siempre había estado allí.
Continuaron los dos en silencio observando a la esfera que se veía justo encuadernada en la ventana de su pequeño despacho.
- Mi padre, ni su compañera aquí en el observatorio, jamás hubieran podido calibrar o esperar estas consecuencias ni circunstancia.
- Les habría sido imposible, además la suerte ya estaba echada desde nuestra localización.
- Tú crees que podremos seguir existiendo bajo sus condiciones – dijo a Boris mirándole con cara de aturdimiento y pena.
- Sí, claro que sí. Nos van a dar casi todo lo que mueve a esta sociedad en la actualidad. Comida, diversión, capacidad de reproducción, mantenimiento, espectáculos, en un futuro, para el que ya no conozco la esencia humana en le descubrimiento y la constitución del futuro, será una vida buena, pues no sabrán nada sobre nuestros pasado. Dejaremos de avanzar y estaremos en sus manos. El problema lo tendremos nosotros, aquellos que vivamos bajo las inquietudes de la perdida de nuestra libertad.
- ¿Y el arte?
Los ojos de Boris se abrieron. Quizás sea el medio oportuno. Quizás sea una manera de mantener nuestra libertad, quizás sea una manera de conexión con las entidades venidas. Por un momento circuló esta idea por su mente, hasta que pronto salió por su pensamiento de lo necesario de la esencia humana para comprendelo. Esencia que querían borrar. Ahora bien, guardada en la recamara allí le quedo.
Fue entonces cuando oyeron la apertura de la puerta de la sala y salieron, apresuradamente a su encuentro.
El semblante de todos eran cansino, deformado, irritado, desconsolado.
- Hemos leido y estudiado todo el informe, dijo la representante Brasileña, (….), y ya hemos tomado una decisión.
- ¡locura y error señores y señoras, locura y error, afirmo el representante Alemán, (..)!
- ¡Ya esta decidido!, afirmaron tajantemente, el Español, Alberto y el Australiano, (…)!
- Por favor, Señores, no comencemos de nuevo, dirigiéndose a todos, Mónica, la Argentina, les afirmó.
La mujer Congoleña (…) dijo
- No tenemos otro remedio, y bien que lo sabéis.
La rusa, (…) se dirigió seriamente a Boris y le dijo explícitamente y tajantemente.
- Necesitamos todos, absolutamente todos los datos sobre los indeseados visitante. Vamos a luchar contra ellos. Vamos a echarlos de la tierra a la fuerza, en ningún momento podemos admitir sus condiciones, ¿está claro?
- Sí – afirmo Boris- inútil sería discutir


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