jueves, 10 de marzo de 2016

...de la toma de realidad vital de los sueños...



El sueño está entendido gruesamente de dos maneras.
O bien se entiende como objetivo realizable, buscado y seguido, pero difícil, arduo y con muy pocas posibilidades o sino, también se dice y serían las maravillosas imposibilidades propias en el acto de dormir.
Si eres un atleta y corres los 400mtrs, soñarás con ganar en los juegos Olímpicos. Es un sueño posible y realizable según una serie de circunstancias.
Si eres un niño , cuando te vas a la cama o vas creciendo en un mundo que no es, buscas, quieres, o sueñas con una serie de imposibilidades.
Pero pasa el tiempo y los sueños y nuestra capacidad de soñar, desaparece o se minisculiza en ambos sentidos.
Crecemos y perdemos, por la evidencia de la imposibilidad,  los sueños.
Pero, el problema y su solución estriba en cambiar, por vía directa, a los sueños como proyección del sujeto, a un estatus vital, ontológico y formador.
Es decir, que la capacidad de soñar sea un acto formativo, de divertimento, de alegría del sujeto, con la total consciencia ante su imposibilidad.
El crecer nos aleja por motus propio de nuestros proyectos soñados o de las maravillosas imposibilidades propias de la infancia o primera juventud.
Pero no sólo por esto último, sino por algo más grave, y esto es cuando el asunto de soñar se trasforma en un hecho o despectivo o compasivo o benevolente.
La cultura actual, debido a su improductividad e inutilidad en cualquier ámbito propio social, tiene al elemento, constructivo y sin fin, del ejercicio del disfrute de los sueños, talmente apartado.
Parece un monólogo de un idiota por el caldo de cultivo y el aforo al que se dirigiera
Pero no.
La capacidad de soñar es un hecho total y absolutamente perteneciente a las personas y debemos tomarlo como un divertimento realizador.
Y ahora, no quiero parecer un poeta tumbado sobre la luna, sino una persona que utilizando la razón y digo que la entrada en el trance de los sueños no debe de ser anulada.
La sociedad actual nos aleja demasiado en el asunto de mover nuestros pensamientos y razones sentimentales de todo aquello que se separe de lo absoluto e inmediato.
El hecho de tener actos reflexivos, abstractos pero no racionales pueden recibir el calificativo de locuras.
No sé cuáles, pero abogo por la existencia de métodos educativos que den al sujeto la capacidad de enagenarse u obviar la realidad circundante. Esto buscado no con el propósito del relax mental, sino la de actuar en estado puro.
Durante breves instantes sentí como soñaba, pero estaba despierto y pensé lo tan importante que nunca realizamos.

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