lunes, 4 de julio de 2016

La materia pensante.






Si no aceptamos que existe un alma o espíritu particular, propio y único del ser humano, las posibilidades de vida consciente, aun siendo en cualquier otro nivel, se multiplica, a saber, por cuanto.
Las personas actuamos mediante la acción de una serie de conexiones neuronales. Los impulsos eléctricos que recorren todo nuestro cerebro provocan la acción y recepción propia sobre y en el mundo circundante. Este artículo, lo que trato de decir, de trasmitir, hacer sentir, de hacer comprender, de embellecer, de hacerlo interesante, de ordenar mis pensamientos y así y más, estará entonces proporcionado por una serie de circunstancias espacio-temporales de la materia que actúa y forman mi mente, mi cabeza, mi cerebro.
Es decir, máximamente conceptual, es materia pura y dura la formadora de mi conciencia.
Y, más que nos duela, la vida se convierte y pasa a ser, directamente una cualidad y posibilidad de la materia, no del ser humano, pues sólo somos una forma como tal y actuamos en función de sus normas y posibilidades.
Si, no, como ya insistí, aceptamos una conciencia material que ordene, comprenda y dé entidad a nuestra persona, nos encontramos con una forma más no necesaria, ni en forma ni en existencia, que posibilita la existencia, entonces, de otras formas materiales, contingentes, como la nuestra.
Y ¿Dónde?
Pues, y por qué no, me digo, aquí en la propia tierra, pero de alguna forma incomunicativa con loa nuestra.
Le quitamos toda la máxima importancia que tendría reflexionar este asunto vital. Si lo tomáramos con seriedad, veríamos de inmediato, lo pronto que nos llegarían situaciones límites.
Tal fueren la aceptación de una forma inmaterial, propia y única del ser humano con todo lo que ello trae o, la comprensión del cosmos como una entidad consciente, pues su materia formadora, así lo produce.
¡Poneos a pensar!, ¡por favor!, deducir si es tu alma quien piensa o si son unas estructuras físicas quien lo hacen.
-         No, es mi alma – dijo y yo seguí
-         Entonces, ¿Y dónde está?, ¿está en las manos de Dios?, ¿navegamos por la dimensión de lo metafísico?, ¿tenemos el momento de interacción directa en el plano y nivel espiritual?. Si le damos verdad, las consecuencias, existen y son.
-         No, hombre no – me dijo aquel otro-, no tenemos ni alma ni espíritu ni nada similar – dijo haciendo un ademan de desprecio con la mano.
-         Y yo te digo – le conteste- ¿por qué crees que esta organización material que te permite pensar se da sólo en ti?, ¿tiene la exclusividad el ser humano de ella?, ¿no se pueden dar, entonces otros objetos, en la propia tierra que demuestren o tengan, mejor, conciencia de ellos mismos en unos determinados cánones organizativos materiales?, ¿es una cosmología material con la conciencia inserta en ella?
Lo reflexiono, lo pienso y lo medito y no acabo, no concluyo, no sé, donde situarme o colocarme.

Sólo sé con seguridad que la toma completa de una postura u otra, te llevaría irresolublemente a una forma de vida, esto siempre, cuando tomes tus conclusiones dándoles importancia y aplicación..
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