sábado, 2 de julio de 2016

La desaparición de la Facultad de Filosofía y el suicidio de la humanidad



Y Sócrates se metió en la bañera llena de agua y se cortó las venas de nuevo.
No es muy difícil deducir, para aquel que tenga algún interés por conocer, que las humanidades, son el estudio del elemento constitutivo y formador del género homo y la especie homo sapiens.
Parece ser que el mundo en general, o mejor, los encargados en la logística de la constitución de los planes de estudios en España, no saben, no se enteran o no quieren asumir, que el único camino para la máxima realización de las personas, como los seres individuales que somos, consiste en el estudio sobre nuestra consciencia propia diferenciadora que se especifica en la investigación sobre nosotros mismos y nuestra razón de ser o nuestra historial y el camino, confuso, hacia ella.
Platón, Aristóteles, Nietzsche, Ortega y Gasset, van a desaparecer entre la sangre derramado por Sócrates cuando se suicidó. Prefirió morir a abandonar el saber.
En el futuro no pasaremos hambre, pero deambularemos sin sentido allá por donde la tecnología decidirá llevarnos.
La mecánica física deshumanizada del mercado, lo abarca y controla todo.
El mercado y las necesidades materiales fagocitan al pobre ser humano y nos convierten en juguetitos ante sus reglas de funcionamiento y leyes de actuación que se escapan totalmente de nuestro control.
¡Cómo un joven va a tener la misma calidad de pensamiento si no ha estudiado, leído o escuchado los pensamientos de otros congéneres que ya lo han hecho en los últimos 2.700 años!
No nazcamos cada diez años.
No tomemos como nuevas situaciones o nuevos problemas, aquello que ya han sido.
Sabéis, los que amamos la sabiduría, la Filosofía o la Historia estamos condenados al exilio.
Las miradas de incomprensión o curiosidad ante mis inquietudes o interés, dejan de ser un acontecimiento curioso y anecdótico, para convertirse en una acción definidora y exclusiva, rechazo, es decir, de los grupos formadores.

La reflexión sobre nosotros mismo como único camino de realización, se trasforma en un acto místico, propio de los últimos iniciados perdidos entre unas convicciones alejadas del mundo actual.
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