domingo, 10 de julio de 2016

La vuelta del resucitado y la eutanasia humana.



-         -  Bobos, inútiles, desagradecidos, así pagáis mi carne y la mirada de Dios.
Decía, mientras los cientos de miles de creyentes apoyados sobre sus rodillas le escuchaban. Levitando en el aire y con una toga muy blanca y luminoso, deambulaba de un lado al otro del círculo central. Una breve y sutil destello dorado bordeaba su cabeza.
-         - Mis palabras, sabías y verdaderas, cayeron en un pozo, las leyes divinas, las únicas válidas, han sido olvidadas, pero ¿A dónde creéis que vais?
Las nubes no entraban en el círculo que formaba el espíritu divino en torno a su figura. Miles de personas delante y millones detrás del televisor. El estupor y la inmovilidad eran totales. Incomprensiblemente, la vergüenza comunicó una tras el otro, poniéndolos en el mismo lado del error.
-         - Os dejé escrito el camino de la felicidad, os enseñé a vivir según lo que erais. La comprensión de mis palabras fue difícil, apenas fue aplicada, a la par que la corrupción y deformación del mundo que mi padre os ha dado, ha aumentado.
El silencio era palpable, se podía tocar. No se oía nada más que sus palabras, que resonaban por todo aquel lugar donde hubiera alguien viendo.
-         - Y, mi padre, se está, dentro de su inmensa misericordia, cansándose de vosotros
Los cientos de miles de creyentes se pusieron de pie, rogando y pidiendo perdón, mientras la figura del que volvió, se elevaba bruscamente. En aquel momento, la pantalla de cine utilizada para la superposición de las imágenes y el efecto en ella, se descolocó y acabó cayéndose al suelo. Allí se quedó, Rodrigo, autor y protagonista de la película, colgado de una cuerda, mientras actuaba simulando la subida del nuevamente resucitado, y viendo como toda la pantalla, con todos los creyentes se desplomaba bajo sus pies. El director, todavía andaba gritando “corten, corten” por todo el plató.
Arreglado todo el escenario y ya cambiados y duchados, se sentaron a cenar. Compartían el mismo hotel.
-         - ¿No tienes miedo a que pudiesen interpretar de modo negativo tu película?
-         - Ay!!, no sabes el puto caso que suelo tener yo a los juicios morales que me hace la gente. No ataco a nada. No ofendo a nadie. Cuento la historia de un Dios cansado de la suma constante de los errores humanos, cavilando si los había creado con toda la completitud que pensaba.
-         - ¿No habrá ninguna religión que se ofenda?
-         ¡- No!, no hablo de ninguno de sus Dioses. Hablo de un padre desconsolado por la posible eutanasia para evitar el sufrimiento de su hijo.
Pedro, permaneció callado mientras miraba a Rodrigo. Desconocía en qué punto estaba el comienzo creativo de esta película. No sabía si era su auténtica genialidad de insertar el interés, desesperación y curiosidad de la película o ,  realmente, reflejar su histerismo existencial. No sé si era feliz.
-         - ¿Va haber una oportunidad más o se acabó el cuento?, ¿vas a narrar el justificado fin del mundo a razón de una eutanasia misericordiosa?
-         - No lo sé, depende de la junta directiva. Imagino que harán unas encuestas en cuanto al final que más gustaría.
-         - ¿entre vivir y no vivir?
-         - No, Pedro, no, también, que si nos lo merecemos, que si dejemos a los animales tranquilos, que si iremos con ese Dios, muchos grandes deprimidos, que el mundo es cruel y, muy importante, el mayor número de votos, lo espectacular de ver cómo somos absolutamente y totalmente exterminados.
-         - Espero que mañana en cuanto la pantalla vuelva subir y estés - bajo los efectos especiales - suspendido en el aire de las manos de Dios, ya tengamos la solución de la junta directiva sobre si Dios aplica la justa por hecho, misericordiosa por cura, eutanasia, o el dicho enviado les dará una oportunidad más.
Se dedicaron las buenas noches y cada uno se fue a su cuarto. Pedro fue pensativo, deambulando, notando como una pura fantasía, podía tomar un día, la forma de la realidad.

-         - Es cine, es cine – se repitió un par de veces.
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