sábado, 2 de abril de 2016

EL CAFÉ Y LA SUPUESTA Y SIEMPRE FALSA, DEPRESIÓN.



- Tú, ni te has asomado allá hasta donde yo he estado. Mis pensamientos ya estaban sufriendo las consecuencias de aquellos conocimientos, mientras los tuyos no hacían más que todavía amamantar en la inocencia de la juventud – la cara de Andrés se tornaba por momentos en una expresión de ira, represión, desilusión y amargura.
- No te golpees así, como si fueras el único que ha pisado detritos consecuencia de sus actos equívocos- le dijo Pedro.
- ¿Equívocos, amigo?, no consecuencia de la inestabilidad de y para aquellos que vemos más allá de la punta de nuestra nariz.
Se giró y miró con firmeza el espejo de la pared de la barra.
Se encontraba terriblemente deprimido. Una depresión vital, extrovertida. Comenzaba ha estar harto de los colores con los que los otros le pintaban.
Él se fue buscando la normalidad y llegó aquel que no era.
Algo que él jamás podía haberle dado sin renunciar así mismo.
La angustia le envolvía y la imposibilidad de acción le calmaba al sumergirlo en el mar de la inacción. Ya sólo le quedaba observar su fracaso y tristeza.
- Pedro, tú sabes abrir abrir la boca cuando toca y cuando el mundo dice que hay que hacerlo, yo no. Mis pensamientos cabalgan sin control por encima de aquello que conviene y que no conviene.
La encargada del supermercado contiguo a la editorial había sido ojos y luz de Andrés durante muchos últimos años. La belleza de los primeros momentos, se convirtió en la desidia, por parte de ella, ante la inoperativilidad constructiva en la verdadera realidad circundante. Con hijos hubiera sido diferente. Sin ellos y con pena era un final anunciado por aquellos que ya supiesen observar los movimientos.
- Andrés, pero tú que esperabas ¿te crees que es fácil aguantar a tu lado?, ¿qué cuantas personas crees que te pueden acompañar con ilusión tu camino de búsqueda de imposibilidades?
Andrés lo sabía, y por ello quizás tras el primer dolor, se abrigo entre las manos de su supuesta diferencia.
- Pero Pedro, ¿donde está el libro que nos marque y diga cuales son los pasos conclusivos entre los cuales las personas alcanzaremos mayor grado de felicidad?, en ningún sitio. Lo que hay es una suma y montante terrible de individuos que no toman ninguna decisión ni postura y desprecian a los que si lo hacemos. Estoy ampliamente triste pues estoy cansado de los buitres que devoran mis últimos rastros de carne.
El barman seguía la conversación parado, estático, expectante, como nunca lo había hecho. Miraba fijamente a Andrés a la par que sus palabras le envolvían en emociones. Le hacia vivir y vivir, lo que nunca pensó ni que existía. Sentía una pena justificada, fuerte, merecida y de colores oscuros pero con tensión. Con la cabeza reposada sobre su mano intentaba opinar mientras un cliente le llamaba la atención. Era un muy buen trabajador y, aun siendo suyo el local, jamás, pero nunca había hecho esperar un minuto ciego a ningún cliente.
El Café estaba hoy más oscuro que ningún otro día. Habían saltado los tensores eléctricos y no se podía subir, el electricista estaba de camino. Unas hermosas velas alumbraban las pocas mesas del fondo y su luz pastosa había atraído a un par de parejas.
- Andrés, espero que mañana hayas recuperado la cordura y sepas controlar mejor esos instintos destructivos hacia el mundo circundante que te rodea.
- Pedro, sí, siempre me puede, pues no tengo fuerzas para seguir el camino que mis pensamientos que surgen de mi alma me pintan, dibujan y me proponen. Volveré al agujero de la discreción y repetición.
Estos momentos de máxima rebeldía surgían cada determinado espacio de tiempo en las conversaciones de Andrés con Pedro. Su inconformismo era constante, pero oculto lo llevaba en el bolsillo de su corazón. Apenas lo sacaba a pasear, y sólo lo hacia, en el jardín que para su pensamientos significaba aquel café y con su amigo y compañero Pedro.
Se dirigieron al barman.
- ¿qué te debemos?
- Nada, os invito, hoy debía de ser yo quien pagase la ronda.

Tras esto, las sonrisas que se repartieron los tres fue lo mejor y más valioso del día. Por ellas ya había merecido levantarse el día de hoy, se fue pensando Pedro.
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