lunes, 14 de noviembre de 2016

...del surrealismo con el que yo sueño...



Y allí, en aquel momento me lo preguntaba.
El atardecer se perdía por el fondo de las montañas, mientras la noche atrapaba a las estrellas saliendo por el mar, pero yo, inmóvil en la solución, así seguía.
Anduve, el día anterior por las amplias salas que formaban su museo. Suyo, único e irrepetible.
Y dejándome sentir, comencé a razonar si sería posible traducir el modo, manera, forma y espíritu, de las pinturas de Dalí pero en forma escrita.
¿Quizás pudieras como letras embarcar al lector en el mundo de aquellas mentiras que son reales?
¿Habría alguna manera de escribir lo imposible?
¿Pudiera ser sostenidos los sentimientos de entre líneas sobre las patas flojas y delgadas de una metáfora que imposibilite su significado?
¿Qué forma tendría este surrealismo en la forma escrita?, pero ¿es que la tiene, es que puede ser, es que la irrealidad puede tomar forma y ser entre mis letras?
Quizás al mundo de la mentira, que parece real, se pueda llegar en los sentimientos del protagonista, del personaje, del actor de tus historias. Quizás perdido en sus sensaciones, ideas, amores y odios, consiguiera meter al lector en un mundo que jamás había estado, que nunca pensase que existiere, pero que se lo contaba y entendía al viejo protagonista de la novela, cuando echaba la vista atrás y te narraba como el tiempo en su vida se había dilatado o perdido.
O ¿jamás sin el silencio de la pintura se puede extasiar al sujeto  en una realidad trasversal que no puede existir?
Quizás no.
Quizás sea transmisible la perspectiva cónica, oválica, propia, del escritor, hacia el lector, consiguiendo que éste deje de arrastrar sus orejas por el suelo y comience a volar producto de la imposibilidad de acoplar lo vivido leyendo en su propia concepción vital.
Quizás sea el subir al  lector en el tren del que escribe, y le haga sentir llevándolo por los túneles que jamás él solo hubiera cogido, le lleve entre railes magnéticos y con suavidad al mundo de la dulce y embriagadora mentira del surrealismo.
-         ¡Dios me libre de la mentira! – me dijo aquel
A lo que yo le contesté
-         Pues apártate y deja sitio para que ésta suba hasta aquí donde estoy.
¿Cómo alejar al surrealismo del pincel y darle de beber en la fuente de la escritura?
¿Cómo hacer real lo que nunca será escribiendo?
¿Cómo dejar de escribir y narrar historias ubicadas y comprendidas e introducir al lector en el misticismo y la operatividad der situación sin más que la impresión estética y sin el encadenamiento de las ideas?
¿Quizás escribiendo sólo para él?

Que cada una de las letras consigan que tus pies, dejen de saber donde estas y que tus labios saboreen como calores tropicales cada vaso de agua que intentes beber.
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