jueves, 29 de enero de 2015

..de la música y mi espíritu


La música convierte y trasforma unos momentos en otros.
Es un hecho evidente y claro que los ritmos, letras y aquel lugar donde la oímos por primera vez alteran, enturbian, confunden a nuestro estado anímico.
Es un estado conocido y sabido por todos.
Lo menos tratado es la definición de la música y la relación entonces con nuestro estado anímico, es decir, cómo, entonces, una acción externa, material tiene acto sobre lo más abstracto y racional, es decir, nuestro espíritu, nuestra persona.
Son, sin duda, dos elementos distantes que en esta conexión dibujaran más y mejor sus elementos propios confortantes.
Las ganas de escribir poesías o la pasión por dibujar cuando escuchas alguna canción, poco tiene que ver con la frecuencias de distancia entre las olas de esa onda acústica.
Entonces y quizás la primera conclusión es la independencia esencial
Una clara interacción pero por definición entre dos entidades diferentes.
Veo imposible que está relación directa a nuestro estado emocional pueda venir de un elemento físico. Las lagrimas en mi corazón o las alegrías en la boca, no concibo su existencia por unas determinadas cargas y descargas eléctricas llevadas a cabo entre las conexiones neuronales.
Es un asunto difícil y complicado, pues si se acepta plenamente las conclusiones y se llevan al máximo sus consecuencias, el cambio es más bien grande por aceptar nuestra naturaleza.
En la sociedad actual, al menos, la que se llama occidental, el aceptar verdades solo adquieren su fiabilidad cuando se les aplica una forma material.
Además, el estudio o búsqueda del termino espiritual conformante de las personas, de manera científica, es decir, no más que interesada en su conocimiento para su posterior utilización, que en justificación de unas ideas u otras ya sean religiosos o metafísicas.
Tenemos el sentido auditivo para interactuar correctamente con el exterior. Así la naturaleza ha ido seleccionando a individuos con estas características hasta llegar al moderno ser humano que posee oído para que reacciona ante hechos externos sonoros. Pura adaptabilidad con sentido y explicación metodológica de funcionamiento.
Ahora bien, ese oído, preparado para captar la frecuencia del sonido asociado a una pequeña rama y salir corriendo ¿cómo ha llegado a cambiar el color de la realidad, mirando la belleza,de lo que antes se consideraba desgracia con la lluvia de unas notas?
Es sencillo no buscar una solución a esta importante interacción. Está asumida pero no desarrollada.
Se ve a los poetas y a otros artistas, como gente que vive un tanto lejos de lo que es, cuando en realidad puede que vivan más cerca que ninguno de la verdad constitutiva.









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