domingo, 4 de enero de 2015

La última decepción (II)

II


Es Valencia, justo el 24 de Febrero de 1978, cuando Ana y Andrés, viniendo de Madrid y de la mano, estaban los dos parados observando la plaza del ayuntamiento de la ciudad entre las sombras que los arcos de la fachada de la estación, dibujadas en el suelo por el sol del atardecer. No se lo proponían pero en más de un momento se sorprendían cogidos de la mano observando el mundo.
Cuando se quisieron dar cuenta ya andaban, sin freno ni compasión, hacia el lugar de la cita. Cruzaron por en medio de la calle ancha alargándose cogidos de la mano mientras el bolso de Ana rebotaba rítmicamente en su cintura.
Andaban en paralelo, pero cuando se miraban para situarse, la conexión era máxima y el mundo desaparecía a su alrededor. Los coches pitaban y sonaban los motores de forma cansina. Estaban en una gran ciudad. A ninguno de los dos les gustaba pero sin embargo se movían como peces en el agua. Parecían Japoneses. Esquivaban con rítmicos movimientos al resto de los transeúntes.
Anochecía, y en Valencia, cuando hay luna, no hace falta nada para ver con normalidad.
Llegaban bastante pronto, pero aún así, tenían prisa. Eran de movimientos pausados y medidos, pero tenían una gran inquietud primera que se veía reflejada en la constante circunvalación que los ojos de los dos realizaban por todo aquello que les rodeaba. 
Botas discretas si, él por dentro, ella por fuera. Elegantes, discretas, conjuntadas, pero éstas que no falten y más cuando fueron el motivo que les llevó a acabar en la misma moto. A la entrada de la plaza, Andrés se giró, clavó su mirada en los ojos de Ana, levanto sus manos y poniendo las dos en sus mejillas le dijo:

  • Aquí empieza la aventura, donde tu y yo ya no nos conocemos ¿quieres que demos la marcha atrás?
Ana se alejó con cara de desconcierto
  • ¿qué si no quiero seguir?, ¿te pasa algo?, ¿por quien me has tomado?
Se acercó despacito. Era más bajita pero casi se encontraban los ojos en el mismo plano. Le paso los brazos por la cintura y apoyó las dos manos en el culo de Andrés.
  • Pues claro que seguimos ¿qué no recuerdas quien te ha hecho un hombre? -Le dijo riéndose a lo que él entre risas le contestó
  • Sabes que es mentira, pero hubiese disfrutado muchísimo si me hubieras enseñado, ahora, bésate y vayámonos.
Se besaron y se fueron por caminos contrarios.
La partida ya estaba organizada hacía ya, al menos, un mes. Nadie sabía de su relación y las invitaciones les habían llegado por diferentes lugares. Se habían conocido, ya hacía algunos años en una gran partida. Los ojos de furia y truenos cuando Ana recordaba como perdió en manos de los engaños de Andrés, escandalizan todo aquello que le rodea en ese momento. Aquel mismo día acabaron tocándose y durmiendo en la misma cama. Poker, moto y ellos dos ¿qué más, se decían?
Ana se subió algo más la chaqueta de tonos verdosos y tela gorda y abrigada, dejando a las coderas en su altura mientras le daba la espalda a Andrés y comenzaba a andar, siempre bonita, hacia el lugar de su cita.
Andrés se quedó mirando como se iba, le gustaba y también inició el camino hacia su lugar.
Las partidas se organizaban en diferentes ciudades.
Había mucho dinero y mucho nivel.

Los dos habían encontrado y entrado las partidas a partir de aquellas más pequeñas que se organizaban en los propios casinos. Fueron ganando, y ganando, cada uno por su lado, hasta llegar a un gran nivel, de partidas, por que ellos ya lo tenían en el juego.
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