viernes, 10 de julio de 2015

LA TOURNE (Cap. 13) (correcciones)



!Cuan equivocado que estaba¡ – oyó decirse a si mismo don Cipriano- pero, para su fortuna y no hundirse en arrepentimientos, el minibús paró en las puertas del ayuntamiento , de mármol blanco,  cubierta de arqueadas y bajo  una gran balconada. Bajaron inmediatamente. Aquellos eran una Troupe, andando perdida por las playas del arte. Era el ayuntamiento de València. El conserje les introdujo dejándoles en el lugar de espera situado en el patio interior.
La alcaldesa  bajó, como siempre, con una gran sonrisa. Tras unas discretas y informales presentaciones, comenzaron a subir, las escaleras que dibujaban dos semicírculos opuestos, hacia el primer piso.
Delante de todos, iban Pedro, Marisa y la Alcaldesa, introduciendo, entre risas, el contenido de la conversación logística, tras ellos y, en solitario, subía Carmen, realizando un gran contraste de su pelo negro carbón, largo y el mármol blanco impoluto de las escaleras – tal cual India bailando una danza embragiadora - pensó Andrés, que subía al lado de Don Cipriano, el cual había tenido un pensamiento que no había aparecido ya hacia 20 o 30 años..... proximidad, cercanía, unión......, hacía mucho que no sentía nada parecido.
No fue una reunion larga, pues no era dificultosa, ni en logística, ni en contenido, ni en dificultad, lo único  problemático  o, mejor, diferente que se deslizaba del plan inicial, eran las nuevas sensaciones que comenzaron ya a volar algunos días atrás.
València, bella y hermosa, alegre y acogedora, y comenzaron a andar por ella.
Dos  conciertos en la ciudad de la música , la ópera y uno en el Palau de la música .
Apenas tuvieron que hacer modificaciones, entre lo que ofrecieron, les gustaba y pedían  tanto unos como otros. El acuerdo y organización  de conciertos y contenidos estaba zanjado, el alojamento y dietas, lo mismo y ahora venía  lo mas difícil , tenían  toda la tarde libre para permanecer en unión  los cinco y sus sutiles relaciones en la inquietud del no hacer nada.
- Es pronto, nos vamos a caminar por el paseo de la playa?, el viento del mar, siempre refresca - dijo Andrés.
Pedro, que venía  de Madrd, con el ya ido conjunto de baile, no tardó  en decir que sí a que continuó  afirmandolo con una sonrisa  de aceptación  por Marisa.
Carmen permaneció  desde la lejanía , pero atención, de los privilegiados para la música  y sin duda, dispuesta a ir donde fuera, per sempre, si, pero a su ritmo, - si no, taxi y casa, amigos, añadió  con supuesta generosidad . Don Cipriano era un hombre fuerte y bien cuidado, pero el sol no le gustaba en absoluto y se preguntaba si era aquella indisposición  psicológica era la que le traia conscuencias fisicas con éste . Además  vestía de negro casi siempre. Por fin dijo - sí , relajemosnos todos, estiremos las piernas con calma y disfrutemos del aire fresco nocturno , del mediterraneo.
Estabamos al final de las interminales tardes del verano que desesperan, cuando nunca llega, las noches. Llevaban  andando más  de media hora, relajadamente y en frugales y fáciles  conversaciones, todo el tiempo, sus rostros estaban relajados y contentos. Desde la mayor diferencia posible, los mas jovenes comenzaban a tejer linces desde ella y los dos mayores, cada vez andaban más juntos. Don Cipriano comenzaba a pensar que quizás , pero sólo quizás, fuera la vida la que le debiese cosas.
- Bueno, compañeros, aquí, vuestro amigo, deja de andar y se va al mar - les dijo Pedro, y sin dar mas explicaciones, comenzó a desabrocharse la camisa, a quitársela junto a los pantalones vaqueros, sonriendo cuando les mostro el bañador que se había puesto.
- Pienso, igual que pensé que al agüita solito me iré, pero mis ya amigos, esperarme aquí. Despidiéndose estaba con la mano y mirando hacia la mar, cuando Carmen, como siempre observando  muy atentamente le dijo
- Pedro, muy buena idea, no te iras solo, ¿me guardareis a ropa? - les dijo mientras se quitaba su traje largo e informal de tela blanca y quedando en ropa interior ancha y larga como un bañador, pero con unos trencidos, con la ligereza de ropa interior, muy intimos, bonitos y sugerentes.
Pedro y todos se rieron, mientras Carmen sonriendo siempre y nunca con benevolencia, comenzó a correr por la playa. Entre sonrisas y metros entre ellos se bañaron muy gustosamente. Los otros tres, en la baja cerca del paseo, sentados los observaban . Volvieron jutos de la playa hacia ellos. Altos, delgados, guapos,  fibrosos. Iguales físicamente  pero hablando dos lenguas diferentes  - ¿Será esto lo que les lleve a tener un asunto importante  - término  utilizado en la jerga  de sus amigos- entre ellos dos?.  Le faltaba mucha información de ambos.
En una hora tras el baño, todo estaba seco. En terraza viendo el mar, los refrescos, cervezas y demás, bien frías , habían significado placer por vena.
Andrés  se fue, contento  feliz, a contarle a su madre las enormes emociones que estaba teniendo en los tres o cuatro días sin verse y lo bien que le sentaban.
Don Cipriano, se irá a casa, sintiéndose  solo como nunca le había  ocurrido . Con los ojos abiertos de extrañeza, se acostó.
Habían  quedado mañana a las diez para tener el ensayo de la pieza que interpretarán en la sala de la ópera aquella misma tarde. Se fueron a dormir, unos más felices que otros, pero todos tranquilos . Descansaron  bien, pues a guerra vendrá mañana.

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