miércoles, 23 de septiembre de 2015

LA COMUNICACIÓN (Cap. 3)




Los coches de tres espacios aparecían subiendo, como torpes caracoles, por las curvas, cerradas y caprichosas que les llevaban hasta el observatorio.
Ya hacia unos años atrás, todo aquello, había sido construido y reformado y tenía a continuación las grandes instalaciones y salas de trabajo, donde estaban, Andrés, Carmen y Pedro, esperándoles.
Bajaron de los coches al compás en el que iban llegando.
La Unión Europea, los Estados Unidos de América del norte, la Unión de América del sur, dirigentes de la China democrática junto a Japón, representando a los países asiáticos, Rusia y Australia y un observador de la incipiente creación de la Unión de Estados Africanos.
Ocho mujeres y seis hombre caminaban, sin relax ni comodidad hacia ellos.
Allí y entonces todos sabían de la importancia total que iban a tener esas reuniones.
Al momento en el que quisieron darse cuenta, cientos de folios, en Ingles, recorrían la mesa de trabajo en todas direcciones.
¿Qué era lo que nos definía?
¿Qué le queríamos contar de nosotros?
¿Cómo englobar nuestros principios formadores de todos los habitantes de la tierra?
¿Qué símbolos metafóricos, interpretables o directos les enviaremos?
¿Cuando, donde, cómo?,
Debido al pequeño y reducido grupo necesario ¿Qué equipo y quienes confeccionarían el mensaje para tomar decisiones? así y más.
El mandar un mensaje en el cual pudieran englobar toda la esencia formadora del ser humano y su manifestación en la realidad de siglo XXI, se mostraba difícil y complicado, pero todos, absolutamente todos, sabían de su importancia y dejaron a un lado sus intereses propios pues sabían que esto afectaba a todos en el mismo nivel.
Tras dos años de trabajo se compuso unos datos representativos. Fotos, textos, formulas, técnicas, ciencia, mapas, mensajes, conocimientos, historia, arte y filosofía.
Se trató de trasmitir un mensaje de bienvenida partiendo de los códigos del Morse trasformados en imágenes y símbolos formativos de un lenguaje.
Andrés, Pedro y Carmen, estaban y participaron en todas estas reuniones.
El estupor, la humildad, la impresión, el retraimiento propio al estar ante los representantes de tal alta alcurnia, quedo en nada cuando fueron conscientes que iban a ser los científicos, lingüistas, filósofos, ingenieros y demás los que mandaban y actuaban. Ya no entraban en las salas con cara de inocencia hacia los diferentes representantes burocráticos e incluso les corregían y enfadaban cuando repetían el error en base a su poco comprensión sociológica, comunicativa, técnica o lingüística.
Dos años de trabajo en los que el sol pareció no aparecer nunca en sus vidas.
Cuando el mensaje fue codificado en las posibilidades de las ondas electromagnéticas con las cuales podían ser mandados, lo fueron y el silencio se hizo dueño del lugar.
Con las letras en la pantalla anunciado la correcta realización del proceso, cinco minutos de contemplación hacia la pantalla fueron necesarios, para que todos los técnicos, científicos y humanistas, volvieran a tener conciencia de la realidad y saliesen de aquello que todavía, en ocasiones les parecía un sueño.
El mensaje tardaría, con total seguridad, 19 años en llegar al planeta Monolito, no sabían cuanto tardaría en llegar su respuesta, en el caso de que la hubiera.
Esa misma noche, los tres científicos y compañeros, se fueron, ya por fin, relajados a cenar.
La noche era clara y fuera de toda contaminación luminosa, en la terraza del restaurante bien pagado por los científicos de diferentes países, pero por ello mismo, tranquilo, apartado y solitario en una pequeña aldea cercana, se relajaron y conversaron.
- Y la tierra, la gente y la organización, ¿habrá cambiado mucho cuando llegue, si llega su respuesta?, recordar que trabajamos en un descompas temporal?, pensar en lo que han cambiado las cosas desde los finales del siglo XX o los del siglo XIX, cuando les llegó nuestra primera información.
Carmen se incorporó ligeramente. Era una mujer hermosa, de cabello negro, opaco, liso y largo. Sus ojos eran exactamente igual y urgían la atención cuando los ponía sobre cualquier persona.
-Mira, Andrés, llevo dos años, hablando, planificando, dialogando, comiendo, durmiendo, trabajando, todo y de todo, conforme a esa temática. ¡cambiala!. Hablame del hijo que esperas, pues, veo que tú si que tuviste un rato, no sé cuanto, hace ocho meses en el que olvidaste este, llamémoslo, problema.
- Sí, Carmen, todo va fenomenal. Al parecer, yo no quería saberlo hasta el momento del parto, pero accidentalmente me he enterado, voy a tener una niña – le dijo con una franca y tierna sonrisa.
- Que tendrá unos 20 años cuando llegue la respuesta, si llega – dijo Pedro, aguantando la mirada de corrección de carmen.
Fueron capaces de olvidar durante la cena el asunto y al encontrar el relax que habían perdido dos años acompañado de una buena botella de vino, tuvieron una velada estupenda y llena de risas, muchas risas.
Como habían bebido, alquilaron, los tres unas bicicletas y volvieron con ellas a casa.
El cielo resplandecía con gratitud de su conocimiento. Al llegar a la puerta de su casa, apagó la luz exterior y se sentó a disfrutar del dulce y pequeño mareo del buen vino de Requena. Se iban, por necesidad a tomar una semana de máximo relax, hasta reencontrarse el lunes de la próxima semana. Habrá que estudiar que hacer si algo pasara.

¿Cambiará mucho nuestra vida?, ¿recibiremos datos y conocimientos que moldeen nuestra existencia hacia el cambio radical?, ¿tendrán alguna aplicación sus pensamientos y datos o la diferencia será máxima y sólo tendremos, la ya enorme noticia, de otras inteligencias en el mundo?, ¿estaré todavía trabajando aquí aquel día en el que llegue la supuesta respuesta? Sus ojos comenzaron a cerrarse entre la agradable frescura de la bella noche bajo las estrellas e imaginándose corriendo por los pasillos del observatorio al recibir la respuesta.
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