jueves, 24 de septiembre de 2015

LA COMUNICACIÓN (Cap. 4)




Habían pasado ya, 32 años desde que se mandó aquel mensaje.
La emoción diaria, fue pasando a la esperanza anual y a la desidia con cada decena que pasaban.
Pedro ya se había jubilado y hacia varios años que ya no estaba, siquiera en las Islas canarias.
Carmen y Andrés seguían allí.
Las condiciones en las cuales se había redactado el primer mensaje habían cambiado.
La energía era básicamente renovable. Aire, agua y electromagnetismo.
El orden global en la tierra, en los ya finales del siglo XXI, estaba muy normalizado.
La fuerza fue utilizada en busca de la paz a nivel global para ello, pero partiendo de la unión de todos aquellos países que así la buscaban. La utilización de la alimentación genérica y trasgénica daba de comer, con absoluta salud y validez a todo el mundo, en el cual seguían habiendo diferencias pero de una forma mucho mas pequeña y leve que digamos, a principios del siglo XXI. La comida natural existía, pero era como un buen vino de principios de siglo, es decir, se disfrutaba y saboreaba. La alimentación estaba, por ley, al total alcance de todos de manera gratuita y la máxima calidad de ella, es decir, la criada y cultivada en pequeñas huertas propias, como disfrute, había que pagarla. El que quisiera y pudiera, tenía unas lechugas, Calabacines y Pimientos, digamos, plantados en la parte trasera del, también afortunados, pequeño adosado con pequeño jardín.
El paladar de Andrés era muy poco, poquísimo exigente y desde hacia 20 años, cuando se instauró la alimentación generalizada a nivel mundial, no gasto ni un Carquio, que era la moneda a nivel mundial, por comer.
Lo único en lo que la humanidad no sólo no había mejorado, sino que habíase sido dejado atrás debido a la inestabilidad en las convicciones y al aumento de la investigación materialista, eran los conocimientos de las letras en la juventud. Andrés, seguía buscando un pequeño pasado perdido entre las lineas de Quijote. Lo habían comentado con Carmen. Pensaba que solo los mayores de 60, que ya tuvieron unas mínimas enseñanzas, conocían con relativa completud, las artes, literatura y filosofía clásica podrían trasmitirlo en persona y no por el colegio. Pero Carmen estaba absolutamente convencida que no se había perdido, de por vida, una solo línea de todos estos conocimientos, pues almacenados en todo tipo de formatos y que con toda fuerza, surgirían de nuevo.
Seguía encantado con su trabajo en el conocimiento del cosmos circundante y el la cartografiá de las galaxias posibles, pero su corazón seguía criando y alimentando aquella respuesta que siempre no paraba de amamantarla.
En los finales del siglo XXI, la amistad y compenetración en el trabajo de Carmen y Andrés era ya máxima. Trabajaban realmente agusto el uno con el otro y confiaban plenamente en sus conocimientos respectivos.
Andrés tenía dos hijos, dos hombres, y éstos, tres cada uno, hombres y mujeres. Se había casado con una mujer de la isla, María, y tenían un matrimonio estable y bueno. Vivían toda la familia, en la ciudad de Tenerife, aunque seguía durmiendo algunas noches en su casita de madera, la cual había cogido más cuerpo y espíritu con el paso de los años.
Carmen nunca se casó. Vivía para y por la ciencia. Le satisfacía, le llenaba, le daba tranquilidad y necesitaba poco más. La familia de Andrés era la suya también.
- Andrés, ¿has procesado las últimas variaciones magnéticas provenientes del la galaxia OrioB345?
- Sí.
- ¿Algo especial?
- Sí, el proceso de expansión alcanza unas cuotas mayores.
- Esto nos lleva a una disminución desde el momento de la concentración en el punto primero e inicial.
- Sin duda.
- Habrá que poner esta noticia en conocimiento del circulo Europeo de investigación.
- Sí, mañana.
- Andrés – le dijo Carmen, mirándole con cara de ternura- mañana es mi cumpleaños, 68.
- No¡
- Sí¡
- Y ¿qué vamos a hacer? - le dijo Andrés guiñándole el ojo.
- Nada, estoy un poco agotada. Quizás necesite algo más de vidilla. Sigo enamorada de mi trabajo, pero..
No acabó la frase, Andrés sabía que los planes y proyectos de la antigüedad la habían alejado bastante de la vida social. Sus Padres habían muerto ya y su único hermano, vivía en la península. Quizás, la soledad que las estrellas antes llenaban, crecía en demasía.
- No,no, no Carmen. Mi mujer nos hará una enorme tarta de chocolate, que nos comeremos en mi casa. Voy a reunir a toda mi familia, para que por orden de estatura – se giró riéndose- pasen a felicitarte.
Paseaban por los últimos pasillos, camino de la puerta de salida y apagando las luces, cuando detrás de una puerta que hacia tanto tiempo que no habrían, comenzaron a sonar, unos leves pitidos de actividad. No reaccionaron ninguno de los dos. Apenas se miraron. Pero la mirada continuó y continuó a la par que sus ojos se iban abriendo con emoción.
- Andrés, es la sala especial del asunto B56 – La comunicación-
- Sí, lo sé – le contestó ante la imposibilidad de quedarse callado.
Diéronse la vuelta con rapidez y habiendo rejuvenecido quince años los dos, fueron, como si perdieran el autobús de su vida, hacia esta sala. El aviso se hizo más claro y patente. Había actividad en aquel lugar que dejó de haberla hacia ya más de treinta años. Abrieron la puerta. La sala estaba en perfectas condiciones, mantenido por los equipos propios de cuidado, aunque la maquinaria era ya antigua.
Se acercaron los dos a la pantalla y el canal seguidor del mensaje hacia el planeta Monolito daba señales. Se cogieron de la mano. No hicieron ningún comentario y se sentaron en las banquetas que durante tanto tiempo habían sido sus asientos llenos de convicciones, ilusión, trabajo y convivencia. No dijeron ni una palabra técnica, ninguno trato de dar ninguna suposición o base interpretativa. No esperaron descodificar ni comprobar nada. En sus caras había una gran sonrisa, de satisfacción, de melancolía agradable. En un segundo todo su trabajo cobró validez.
Se levantó del asiento Andrés, el cual tecleó el código de emergencia en la puesta en marcha del protocolo conveniente. Llamarían a Pedro. 30 y muchos años habían sido mucho tiempo y Andrés, ya con 69 años, esa noche no tenía ganas de más ciencia. Salieron contentos, sonrientes, relajados, dispuestos a mañana, con tranquilidad continuar el trabajo. Se dijeron que de momento, ni una palabra al mundo entero, pues si no, de inmediato, estarían allí la mitad de los dirigentes a nivel mundial.
- Yo no me lo creo todavía – le dijo Andrés.
- Yo plenamente – le contesto carmen- es el regalo y el premio a mi trabajo
Se sonrieron y abrazaron los dos.
Carmen le llevo a su casa y allí le dejo.
- Como cambia la vida en dos minutos, Carmen.
- No Andrés, no, será la tuya, pues esta información lleva viajando de una parte a otra del espacio ya casi treinta años.
Arrancó el coche
- !Ah¡, Andrés, tráete la antigua bata del observatorio para comenzar el trabajo mañana por la mañana como yo haré
La incredibilidad que sentían de la noticia, les dejó dormir con tranquilidad aquella noche.
La noche, con calma y tranquilidad, transito por el cielo de la isla hasta la mañana siguiente.


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