jueves, 10 de septiembre de 2015

LA INMEDIATEZ Y ANDRÉS CON SU PSICÓLOGO



Pensaba que si había habido algo de empatía entre él y la psicóloga, pero realmente se alegraba bastante de que hubiese vuelto el de siempre, don Cipriano.
Habían anunciado fuertes lluvias producto, decían, de un cálido verano con lo que Andrés cogió su paraguas azul y comenzó a andar hacia la consulta del psicólogo, realmente pensativo. Era una sensación de la que era consciente y sabia que tenia una repercusión comportamental en su persona. Se había dado cuenta que vivía, asiduamente, en el futuro.
La clínica -de una sala-, que tenia don Cipriano, estaba apenas a unos cincuenta metros de la esquina entre la calle por donde andaba Andrés y la Gran vía, y al tomar ésta, comenzó a llover, y como no merecía la pena abrir el paraguas – se dijo-, llegó mojado.
Se conocían, aun con estos tres meses sin verse, bastantes años ya y tenían una relación y confianza profesional máxima.
Y Andrés, desde su absoluta normalidad solo perturbada, en aquellos momentos, por las preguntas concernientes a su persona, decidió ir a psicólogo aquel día.
Lo encontraba como una acción inteligente.
Tras la las mil veces repetidas acciones para los comienzos de la sesión, incluyendo las preguntas necesarias de situación, siguió don Cipriano con la dinámica normal.
- Entonces, me dices que el futuro ocupa gran parte de tu pensamiento ¿no?
-Sí – le contestó Andrés acomodándose en el sillón-, navego entre mis futuras preocupaciones.
-Andrés, no estamos haciendo literatura – contesto don Cipriano frunciendo el ceño-
- Bien, entonces le digo don Cipriano, cuando me observo, encuentro a mis pensamientos, con demasiada frecuencia, debatiendo y especulando por un siempre, y sólo, posible futuro.
- ¿Y esto los haces extensivo a los demás?, pues preocuparte por llegar a fin de mes es obvio.
- Sí y no, y no haga literatura.
Los dos sabían que habían entrado en aquel momento de las sesiones curatorias en el que la psique iba a dejar de ser de Andrés e iba a adquirir entidad propia. La temática así lo proponía.
Tenía todos y cada uno de los problemas económicos medios de los Españoles, así que conocía aquella mecánica y directa visión al futuro, pero de ello no había venido a hablarle.
-Mire, don Cipriano, en ocasiones me encuentro fuera absolutamente de la realidad primera e inmediata. Especulando y planeando siempre acciones futuras de mayor placer, cual fuera, fuesen tener mas dinero y mas tiempo libre. La consecuencia directa es la desconexión con el primer momento e instante, real y verdadero, por tu situación actual e inmediata pero sentida sin fin en su movimiento. Y esta, se hace eterna.
- ¿Me dice Usted que tiene ausencias? - dijo, inclinándose hacia Andrés con gesto de interés.
- No, no, - sé perfectamente donde estoy, sufriendo aquello que le estoy contando. Precisamente, para mi mal, no puedo tener una gran ausencia temporal de toda la inmediatez, mediadora, que nos circunvala.
Don Cipriano sabía ya, de las conclusiones diferentes, por no decir extrambóticas, sin quitarles un ápice de posible verdad, a las que Andrés llegaba.
- ¿Y esto te conlleva alguna consecuencia negativa en tu persona?
- No, don Cipriano, no, me gusta estudiarme pues nunca o sólo alguna rara vez e encontrado algo en mi persona que no pensase que le pasasen o pudieran pasar a los demás.
Don Cipriano enfundo la pluma y la dejó, junto a la libretita, encima de la mesa, y tras respirar, comenzó a contarle sus conclusiones y sus experiencias clínicas similares. No discutía las temáticas sino le contaba debido a qué sus pensamientos están en un camino u otro, apuntillando siempre con el sustantivo suposición.
Salió por la puerta de la calle bastante relajado y tranquilo. Le descansaba bastante mentalmente tener este tipo de conversaciones – que todos debíamos tener, cierta asiduidad, respecto a las visitas al psicólogo- y comenzó el camino hacia casa, diez minutos no más. Iba meditando sobre las conclusiones que don Cipriano loe había indicado al final. ¿Cómo me las tomo?, ¿las incluyo como elementos formativos de mi personalidad?, ¿les busco una corrección en mis planteamientos operacionales?. Así siguió meditando, hasta que de repente y sin esperarlo escucho la vez de Ana, la hija de la familia puerta con puerta con la suya,
- Ehyyy, tío Andrés, ¡despierta! - le dijo entre sonrisas por la primera cara de meditabundo que llevaba y la de sorpresa que puso después.
Andrés era un hombre de altura media y algo flaco, y manejaba su cuerpo con armonía, le dijo
- Uno, no soy tu tío – sonrieron los dos- y dos, pensaba en el consejo que les iba a dar a tus padres sobre lo que hacer contigo en un futuro.
Los dos rieron abiertamente y Ana le dió una palmada en la espalda mientras se iba sonriendo.
Y Andrés siguió pensando para si, ¿cómo había llegado a su casa sin ser consciente del camino?, ¿donde estaba su persona?, ¿en el futuro, en las posibilidades?. ¿Tenemos que vivir la momentaneidad, sentirse vivo, observar el aquel momento y lo que hay en él como una absoluta singularidad. Cualquier momento tiene unas características propias. El sentir la vida en la inmediatez de la observación es, quizás y sólo quizás el fin correcto como realización de la vida.
Entre estas cavilaciones cogió el ascensor, pensando que afortunadamente estos pensamientos heliocéntricos que nunca le llevaban a ningún lugar, no eran patológicos y mañana se levantaría sin ellos.



Publicar un comentario