lunes, 14 de septiembre de 2015

LA TOURNE (Cap. 21)

Todo el mundo, lo entendia como un hombre feliz distante de las preocupaciones, digamos existenciales, que todos habían  tenido alguna vez o en la actualidad.
Y así  era, hasta ayer.
- !no, no puede ser! , no me puedo enamorar precisamente de una mujer lesbiana - se decía
 paseando por el paseo que recorría  el cauce del Manzanares.
Pedro, no iba ni había  sido un mujeriego, pero no había  tenido, hasta el momento, ningún  problema máximo , para tener relaciones con ellas, les ofrecia una relacion sincera, directa, pero eventual y libre. Era, él, realmente, irresistible, en algunos momentos.
No era eventual de ellos, pero se paró en un bar de la siguiente esquina y se pidió una copita de Whisky. Sentía  amor. Se dio cuenta que a Carmen la miró siempre desenfocada del resto de la realidad. Entendió  que jamás  le había  pasado. 44 años, buen trabajo, sana famila, divertidos amigos y soltero. Magnifico para un alma libre, desenfada y buen humor. Pero la tristeza por un amor imposible le estaba invadiendo.
- !No!, Andrés, es un muy mal negocio  - decía.
Jamas pensó  que iba a navegar  entre la tormenta de las tristes despedidas. Apenas se bebio media copa y, tras mirarla con desprecio , la dejó en la barra del bar y salió  de éste , rumbo al hotel, donde habían  quedado ya para despedirse.
Andres se volvía  a casa, y con él, todo el mundo.
A pesar de haber saboreado, apenas lamido, el triumfo, decidió acabar sus estudios y seguir viviendo con su Mama en Valencia. La tranquilidad volvio a su espiritu,  y con ella, las decisiones.
El AVE, salia a las cinco de la tarde y a las seis y media, estarían  en Valencia a pocos metros donde de este sueño, empezo, Andres, Marisa y don Cipriano. Pedro, pudiendo elegir seguir organizando eventos en Madrid, tenía ciertos galardones, decidió  irse a Alicante, querÍa irse algo lejos para olvidar, con el AVE también , pero otra linea. Carmen una vez acabado el trabajo, es decir La Tourne, se quedaba en su ciudad, Madrid, tocando y amando a su violín  y a vivir con su compañera, Raquel, que tan dulce hacía  su vida.
El primero en llegar fue Pedro, y allá, al fondo de la entrada y con los codos apoyados en la barra de la recepción , miraba hacia la entrada , sobre la cara de sorpresa del propio conserge que casi se quedaba escondido detras de él. A lo lejos, y moviendo las caderas al ritmo que se veían  cuando se cerraba y abria la puerta, venía  Carmen.
Las casualidades no existen y el corazón  de los dos les llevo a llegar algo más  pronto con la esperanza del momento, que aparentemente, se habían  encontrado accidentalmente
- Carmen, bonita, como estas.
Y Carmen comenzo a sonreir
-Parece mentira que en estos largos días, no hubieras podido deducir que no me gustan esos adjetivos - guapeton.
- Si, !Dios! - comenzo a sonreir tambien - ! claro que lo sabia!, sólo  pretendía, ironicamente, pero con una sonrisa en la boca, que me dijeras algo bonito, tal y como guapetón.  Se siguieron mirando y sonriendo con sinceridad.
En otras circunstancias, a pesar de todo, tras la larga mirada de silencio y complicidad, su hubieran, sin duda y sin dudarlo, besado.
Les interrumpio Andres, también  con un gran sonrisa, a sabiendas, de la vuelta a la vida en la inocencia de sus estudios de música , su madre y amigos del conservatorio para hablar de música , que había  bajado, recién  duchado, con la maleta y feliz, de la habitación del hotel.
En un corto intervalo de tiempo después estaban ya bajando, despacito, hablando y al unísono, don Cipriano y Marisa, por las escaleras  centrales de la sala de entrada.
Alli estaban todos sonriendo.
- Dediquemos  un rato sólo a nosotros y sentemonos a tomar algo aquí , en el propio bar del hotel.
Todos asintiero  y fueron hacia la unica mesa libre. Una vez todos sentados, Don Cipriano, se erguió un tanto hacía la mesa y comenzó a hablar.


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