viernes, 11 de septiembre de 2015

LA COMUNICACIÓN (Cap. I)




I


El desfase temporal, era tal, que jamás, pero nunca jamás, podrían tener un contacto físico directo, así pues, era un total y completo intercambio cultural, de conocimientos científico, filosófico y de ubicación.
Les dijeron que sí, que las habían más allá de donde ellos podían llegar que quizás, en un futuro puedan también ponerse en contacto con ellas.
Trascurría el año 2056 cuando se tuvieron las primeras comunicaciones claras y directas.
No hubo, en el proceso, ninguna duda primera y normal, sobre de donde venia las señales.
No se sabían sus significado ni su traducción, pero los ritmos de emisión, eran claramente ordenados en la variedad.
El lugar de origen era, en su correspondiente zona del mapa estelar, la, entonces llamada, Galaxia UB3457, Estrella UC5464 y Planeta UC46711, situada a 24 años luz de la tierra.
Éste era el desfase de la comunicación y la imposibilidad del contacto directo.
Sabían que allí estaban pero jamás tendrán una interacción práctica la una sobre la otra.
Comprenderse y estudiarse desde la imposibilidad del contacto.
La concepción de la realidad cambió.
Se tardó cuatro años en darse cuenta, buscando relaciones algorítmicas entre las posibilidades, que la solución estaba lejos de allí y consistía en el código de Morse utilizado en las primeras comunicaciones electromagnéticas, con todo su desorden producido por los fallos ocurridos, en su dificultad tecnológica, de aquellas primeras trasmisiones, teniendo todos y los mismo errores que se hicieron, lo que complicó aquel descubrimiento.
Para que aquella primera comunicación pudiera tener lugar, debieron de captar la información del Morse sobre los 60 años atrás.
La distancia temporal insuperable el umbral de los años necesarios para ella, producía que la reproducción, el medio de comunicación fuera siempre pasado, antiguo. Siempre será desfasada, ningún tipo de información puede llegar a la velocidad de la luz y las velocidades mas aproximadas a ella, es decir que hacen posible la comunicación producida una temporalidad mínima de 57 años entre los unos y los otros.
Trabajaban sobre sus pasados.
Así y entonces comenzaron a leer, interpretando un corto mensaje de Morse en el observatorio.
Permanecía a media luz sentado, sujetándose la cabeza con una mano, y girando ésta hacia el folio que sujetaba con la mano izquierda. La releía una y otra vez. Andrés estaba realmente confundido, no por la corrección en la trasmisión del lenguaje, sino por su contenido. Se mareaba cuando era consciente lo que aquello significaba. Tenía cena en casa de sus padres. Hacían sus 23 años de su aniversario de bodas, los mismos años que cumplía Andrés, apenas ocho meses después – efectivo hijo, efectivo, le decía haciendo una broma sobre la proximidad de las fechas. Estaba pasando el año 2060, cuatro meses de las primeras señales y no hacían mas de dos días que habían comenzado a traducir al Morse. No sabía si podría estar tranquilo en la cena. Máximo secreto y silencio. Nadie, nadie y nadie debía de saber esta ultima información que el equipo de investigación ubicado en Tenerife había concretado, hasta el momento indicado por las autoridades para hacerla pública. En el mismo momento que Andrés levantaba la cabeza, entre su perplejidad, entró Cipriano. Los dos se quedaron mirando fijamente.
- He trasmitido toda la información a todas las entidades científicas, matemáticas, y demás observatorios ligados en la investigación y seguimiento y sí, todos, toditos la traducen igual que nosotros.
Tras Cipriano, entró Carmen, directora del observatorio.

- Compañeros, leamos, traduzcamos y presentemos esta noticia a nivel mundial. Vamos a prepararlo bien y mañana por la tarde, a las 9 del meridiano Greenwich,. Saldré en directo, así que vayamos a ver. Andrés leémelo otra vez...... 
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