viernes, 2 de mayo de 2014

LA MODERACIÓN




Hoy fui testigo, en primera persona, de ello.
Se puede viajar a través de tus ojos, o con el corazón, la mente y la capacidad de interpretar.
Comencé, de manera accidental, la conversación, con aquella mujer, que en todas las partes del mundo que ella había estado, yo apenas me había acercado.
Me contó una información particular, con la que estuve de acuerdo, pero al irme a casa pensé que si esta mujer, una agradable Judia, Israelita que como siempre han sido su pueblo, también había caminado por medio mundo, me hubiese propuesto ciertas conversaciones sobre valorar otras ciertas acciones, seguro estoy que hubiéramos encontrado momentos de mutua incomprensión.
Estoy contando un caso en el cual la diferencia no hubiese sido más que una experiencia enriquecedora.
Y esto me trajo a la mente esta idea que tanto arrastro en todos mis pensamientos.
¡Cuando aceptaremos todos que nuestros planteamientos vitales se extienden entre un grupo mínimo y reducido de los habitantes de este planeta!
Tenemos una gran, por cantidad y no por calidad, costumbre de pensar que tu razonamiento a partir de lo que ves, es el correcto y rara vez somos conscientes que tu claridad en algunas ideas, pueden no ser más que pequeños errores en la constitución cosmológica, ética, civil, o estética ante los demás.
Hagamos un punto y a parte en nuestros principios.
Aprendamos a vivir conforte a ellos y huyamos del torrente que arrastra de las mayorías, pero siempre hay que tener en cuenta que sólo tenemos una visión censurada y reducida del mundo en nuestra ansiada, por algunos, y necesaria, para todos individualidad.
Respetemos a los demás, aun siendo sólo por reconocer la limitada visión que tenemos, para juzgar y definir en general y todo.
Cansado estoy de escuchar que esto está claro cuando no son conscientes que debaten y opinan desde unas decisiones ya tomadas por antelación, consecuencia de los principios que manejamos cada caballo en su caballeriza.
Vivimos cegados por nuestras circunstancias.
Queremos creer que toda persona con estabilidad y lucidez mental ibanse a pensar como yo.
Nos cuesta descolgarnos de los hilos que nos tratan tal que cual y como marionetas, movidos por las manos de la cultura, estructura, intereses y educación que nos hace bailar al ritmo, de además, la música que, en el peor de los casos, las fuerzas de influencia deciden.
Es la ceguez producto de la prepotencia surgida del siglo del miedo, el XX (Jean Paul Sartre. Moral y Política)
Démosnos cuenta que la razón sólo es aséptica haciendo matemáticas y lógica formal. ¡Ni siquiera un pensamiento lógico con contenido, pues los conceptos en sí pueden estar ya mal formados o equívocos con el ansia de totalidad!
La música y la tranquilidad me llevan a elevar la posibilidad del error al punto máximo que nos permita actuar y avanzar pero nos evite la imposición de nada asumiendo la falibilidad propia de nuestras acciones.
Con ganas me quedé de seguir hablando de sus viajes, sitios donde vivió y familia. Poco tiene que ver su experiencia vital a la mía. ¡Y cómo me voy atrever a juzgar desde la distancia un conflicto de 4000 años del pueblo Judío allá, en oriente próximo, en la Jonia, en Babilonia, en Egipto, en la Europa central y Oriental, en la España de entonces de los Sefardíes, desde la tranquilidad de la otra orilla del mar del disfrute y sosiego, aquí, en la costa de donde nace el sol, en las playas de Valencia!
Seamos tolerantes, pero no desde la misericordia que demos sino desde la ignorancia que admitamos.


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