sábado, 12 de julio de 2014

SOÑAR




Arrancarme quería de mis sueños la áspera realidad.
Agarrabame a cualquier pequeño saliente de esos mundos irreales que me satisfacen.
Pero la vida, se vistió de negro, y salió a buscarme sin dejarme quedarme allí.
Si la felicidad no la tenéis, yo os la repartiré en mis sueños, que tengo para todos.
Y, en mis sueños y con aquella canción, el tiempo se paró a mi ladito y comencé a escalar por las locuras que entonces tenía.
Me estiran, me empujan y piensan derrotarme rodeándome de imposibilidades y limitaciones que se autoimponen todos los demás.
¡Soltarme la camiseta!, ¡dejad de agarrar mi camisa!, ¡no enganchéis mis pantalones!, dejadme huir a donde tengo lo que vosotros nunca fuisteis capaz de darme.
De un lado a otro de la cama, evaporo mi cuerpo y me pregunto cómo sería mi vida si jamás tuviese que regresar y pudiere estar danzando entre mis sueños hasta el final.
Y siempre concluyo igual y le digo a ese que piensa entre las niebla de lo perdido que la vida no es más inteligible que mis sueños.
Ayer, en el autobús, soñé como lo conducía cuando el conductor se desmayó y había que llevar a esa mujer que iba a parir.
Al coger el avión pensé en la azafata que se enamoró de mi y que se bajó conmigo para quedarse a mi lado en mi destino.
O, en la reunión de la naciones unidas, viendo a la dirigente dándose un abrazo con su rival y rodeados de un gran aplauso la paz llegó.
Que vivo, allá, en el último y más alto monte, alimentándome de la sonrisa del pastor y de la dulce voz de su mujer.
Soñé que nunca paraba de soñar y me ponía a llorar a sabiendas que mañana debía de despertarme.
Perdido está el que opine que la vida no son los sueños que tenemos en ella.
Pobre de aquel, que no tenga capacidad de levantar sus pies volando entre los sueños.
Ayer soñé que por fin fui un maestro virtuoso en el violín y que desde el misterio, caminaba por las calles tocándolo, levantando la alegría, estupor y curiosidad de los transeúntes.
El amor es parte inherente de los sueños y sin este no se entienden.
Soñar, soñemos que es una virtud.

Quien lo trate con desprecio es porqué no ha probado el caudal del rio de miel que surge de entre los pliegues de la almuada.
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