martes, 22 de julio de 2014

IMPOSICIÓN SOCIAL




Hábitos, usos, costumbres e imposición social.
Aquellos que manifiestan su poderío económico rara vez lo hacen de manera particular y consciente y suele ser producto de un acto normalizado y estabilizado de una serie de movimientos propios de aquel que está inserto en los margenes normales a nivel social.
Los estereotipos sociales se infiltran en tus modos e invaden tu actuación.
No somos conscientes que nuestra vida es llevada desde fuera.
Que el modo del triunfo vital y social está estandarizado y como tontos, nos engañan y nos afirman que allí, donde a ellos les conviene, está la verdad, el fin, la felicidad y la realización de las personas.
Pues ¡leches!, allí nos quieren llevar para vender producto.
El mercado no tiene porqué ser un elemento ciego y cruel.
La relación económica se puede normalizar y humanizar.
¡Cuanta gente conozco que necesita exhibir ciertas cuestiones, elementos, posesiones, productos, para sentir la seguridad de la normalización, inserción y admisión social.
Viva aquellos que nos creemos, y aun que sólo nos creemos, pardiez, que somos libres.
¡Qué poca gente conozco que se atreva a nadar a contra corriente!
¡Cuantos elementos absolutamente lógicos son despreciados por la falta de normalidad!
Aquel que se me avergonzó, es decir, le daba “mal rollo”, el hecho de comprarse un bote frio de refresco y sentarse en el suelo con sus hijos en el parqué, en vez de sentarse, con las pierna cruza ditas y la sonrisa siempre puesta, en el bar a continuación del parque, manteniendo conversaciones banales sobre temas que sólo interesan a aquellos que no tienen nada que contar.
Y la gente se repite.
Y cuando me deje barba y me vi guapo, supuse el por qué, cuando al bajar a la calle observe a mas hombres con ella y a grandes anuncios de atractivos modelos con una tupida barba.
Mi mujer estaba hermosa con melenita estilo garÇon y, para mi mal, enfrente de la puerta de mi casa habíase un gran anuncio que aquella famosa actriz y maquillada hasta los tobillos, la mostraba.
Me habían cazado como a un pobre conejito.
Arrastrábanme a donde querían.
Sí, sí, difícil de asumir y aceptar, con muchos puntos negros, pero cuanta razón tenía Nietzsche con la falta de voluntad individual y el sometimiento al borregismo o la multitud.
El coger tu vida por las riendas y elegir la casilla donde pones la ficha es difícil.
A mi y ahora, no me cuesta nada, simplemente porque es de noche, el mundo está dormido y estoy solo, acompañado nomas que por mis pensamientos y ordenador.
Difícil es manifestar tu individualidad y no caminar, con los ojos vendados, hacía allá, donde, no las empresas, sino el mercado, quiere llevarte.
Los usos y costumbres se convierten en hechos que ya han pasado el nivel necesario para ser juzgados y son aceptados y admitidos con toda normalidad.
Es la contaminación moral, que allí está, pero que no somos conscientes y se nos pasa por alto.
La vulgaridad se encuentra en la repetición.
La deshumanización nace ante la falta de oportunidades para elegir.
Cuanta gente conozco que ha perdido su capacidad de elección y juicio y sólo se visten¡, en función de lo llevado por aquellas o lo anunciado por estos.
Por mi cabeza pasean bastantes personas que se mueven en este sentido, forma y manera y que prefiero olvidar. No a ellos y ellas, sino a su manera de concebir y actuar.


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