martes, 9 de septiembre de 2014

ME EMOCIONÉ Y NACE LA FILOSOFÍA



La filosofía, entendida como el arte del desarrollo del pensamiento va íntimamente, es mas insolublemente, unido al sistema y estado emotivo.
Desde la dura y pura biografía del autor hasta la música que oyera en el momento de aquella composición engendrando aquellas ideas.
Fácil es relacionar las maneras, formas y costumbres de diferentes autores con el contenido de sus obras.
Es más, es relativamente sencillo inducir el momento en el cual ciertos pensamientos surgen o fueron construidos por aquella persona.
Tengo en la cabeza algún otro que llevó una vida separada, radical, dispersa y que su filosofía fue revolucionaria en su dimensión de diferencia hasta lo hecho o la de aquel que su vida no fue sino el orden y la rutina personificada y sus escritos analizaron con orden y despacio todo lo circundante.
El estado animico vital condiciona directamente las obras propias.
El asunto de que es primero, si lo uno o lo otro, si la vida o la obra en su pensamiento es altamente secundario, pues lo único deducible y noticioso será la relación directa entre las dos cosas, la obra y el estado anímico del pensador.
Y con esto ¡oh!, la verdad y su diseño se nos escapa entre las manos del corazón del que la escribe.
Situémosnos históricamente y encontremos la razón de ser de aquel pensamiento en las coordenadas allí tratadas y consecuentemente concluimos al condicionamiento directo e inevitable de la supuesta verdad a estas situaciones emocionales.
Es más, tus propias conclusiones, la de este simple escritor o la de aquel gran filosofo, estuvieron o están condicionadas por una obra de Bach o Wagner o una canción de los Beatles o Juan Luis guerra, ese gran filosofo por los primeros y el segundo humilde escritor por ambos y todos cuatro.
La verdad se me deshace en verdades múltiples arrastrándose por los gritos de horror o gozo que sofocan o queman en la garganta de algunos.
¡Quién no ha oído hablar de los problemas cerebrales del archiconocido e superutilizado Nietszche y la locura propia suya y la acorde con todos estos elementos en la disconformidad y disonancia de una inmensa verdad encontrada en su obra con todo los demás pensadores y por qué no ver y estudiar a aquel profesor, Kant, humilde, tranquilo que jamás salio de Königsberg y en este reposado laguito de tiempo, escribió una inmensa obra en la que desde la claridad del espíritu dibujó una verdad según el era.
Pero no quiero hacer un estudio del la verdad en la grandeza del orden supremo como elemento explicativo que encontramos en el Partenón de Fidias o la Republica platonica directamemnte surgido de aquellos personajes que tuvieron el tiempo dentro de la riqueza e intereses comerciales para indagar y preguntarse por el cosmos, ni tampoco en la Europa que Jhon Watt dejó con su máquina, el comercio total, la grandes empresas y que Marx trató de desmontar en sus pensamientos.
Sólo abogo como idea superior que cualquier verdad viene directamente condicionada con sus condiciones totales propias y esto, que me lleva al abandono de la búsqueda de la verdad única e inmóvil.
La esencia está en el movimiento emotivo y aquí se encuentra la verdad constitutiva.
Tu visión del mundo cambia de una mañana a otra o, es más, de una canción a otra que oyeras aquella misma mañana.
La filosofía tiene entonces sólo dos salidas.
O disfrutamos con el puro y duro razonamiento, sin más objetivo que el que tendría aquel gran arquitecto al construir aquella catedral en busca de la belleza y no en encontrar ninguna verdad.
Construyamos discursos llenos de estructuras necesarias que nos deslicen fácil y sencillamente por las ideas y pensamientos más complicados.
O sino, si queremos encontrar alguna verdad, hagámoslo estudiando la propia evolución emotiva y circunstancial de la filosofía y encontrémosle cabida a esta situación en nuestra propia situación y estatus esencial y propio.
Es un camino que nunca acaba.
Es un viaje sin destino.
No sabemos cuando comenzamos, pero sabemos que jamas llegaremos a su final.
Los últimos acordes de la canción desmontan mis ideas en el volumen que me rodea.
El mundo de las probabilidades se desvanece con las últimas notas.
El pensamiento, va de la mano de las emociones.
Lo intelectual no es contrario al sentimiento.
La música me empuja hacia otra composición como este escrito

Fregue, Russell, Wittgenstein lo supieron y ejecutaron a la filosofía en formas lógicas de la razón.
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