viernes, 12 de septiembre de 2014

EL MERCADO. ENTIDAD PROPIA E INDEPENDIENTE



Nos creemos que tenemos algún grado de actuación y control sobre el funcionamiento del mercado.
Nos pensamos que algunas grandes empresas dominan y lo manipulan.
Creemos que nosotros, como compradores de sus productos, provocamos los vaivenes propios de éste.
No.
El mercado tiene entidad propia y funciona al margen de los intereses e intenciones de ningún, repito, ningún elemento personificado.
Es decir, el cúmulo de las variables participativas que van a definir el movimiento, las tendencias, la actuación en cualquier momento y lugar, son tantas, tan varias y tan distantes que no hay entidad o persona algunas que las domine o maneje.
Digamos y como ejemplo sólo ilustrativo partiendo del desconocimiento puntual del asunto, el petroleo no sube por que Arabia Saudí así lo decida. Sube porque la guerra de los pueblos adyacentes así se lo condicionan, porque hay una huelga en las petroleras americanas de Texas, porque el combustible de soja brasileño, por la falta de lluvias ha caído en su producción, porque la ford de almussafes a bajado el precio del nuevo ford fiesta y hay mas coches que necesitan petrol y así infinidad de criterios que condicionan y producen los diferentes condicionantes de la subida y bajada de los precios del petroleo.
He utilizado quizás aquella parte del mercado en el cual hay más dominio, dentro de su incontrolabilidad, se produce, pero en el resto no se da ninguna.
¿Creemos que hay una posibilidad de planificar le funcionamiento del futuro económico?
Sí, pero poco y mal, pues se hace desde la distancia que supone su independencia.
Se atisban las posibles consecuencia y se actúa en función de lo que pudiera ocurrir.
Pues el mercado cobra entidad.
El mercado alcanza vida.
Defiende sólo sus propios intereses en su funcionamiento.
Se mueve en este mundo por si sólo independientemente de las personas que los formamos.
El mercado es necesario, pues nuestra relación social está constituida en un cambio de mercancías y objetos.
Pero o se cambian totalmente las reglas de funcionamiento como podría ser poner unos límites infranqueabres en costes y beneficios, las alzas y bajas de ambos, son incontrolables.
El petrol, se pongan como se pongan jamás pudieraser vendido por encima de un máximo y Bill Gates, hubiera hecho lo que hubiese hecho, no podría haber ganado tanto.
Límites marcados en costes y beneficios frenarían bastante y mucho las alteraciones de éste, pues algunos movimientos y cambios dejarían de ser rentables y aunque se dieran las condiciones , no se harían y el número de variables de actuación quedaría disminuido.
No soy economista, pero si sé que hay elementos propios que marcan la idiosincrasia pertinente y que podrían ser categorizados y regulados para poner bridas y frenos al mercado.
Pues o le ponemos riendas al mercado o alcanza vida propia y se nos escapa de nuestro control.
Los crisis surgen sin el más mínimo vaticinio.
Se estudian ciclos, deducidos a partir de su existencia pasada, es decir, sabemos que el mercado en su entelequia y funcionamiento propio, cuando le viene en gana se va al traste.
- Bueno, sí, pero es todo explicable – me dijo aquel
- Claro, a toro pasado, no explicas, si no que describes lo ocurrido. - le contesté.
La soluciones de no comprar este tipo de PC para que su precio no suba, son utópicas pues jamas pondremos de acuerdo a 5.000 millos de personas y los diferentes grupos millonarios de ellas, es decir, países y continentes, tienen una idiosincrasia propia que les dará una u otra actuación, cuya suma de ellas resulta imposible e incalculable.
El monstruo del mercado está vivo.
Fagocita cada uno de sus elementos.
Actúa sin piedad ni remordimientos.
O le atamos las bridas o se escapa.
Si no le ponemos una calzonera, ahogará hasta donde le plazca.

El mercado alcanza y tiene entidad propia e independiente.
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