domingo, 21 de junio de 2015

Y ME RIO DE LA MORAL


Y me dijeron que había que hacer.
Estupefacto permanecí todo el tiempo escuchando la propia discusión que habían fabricado.
Que si Platón, Aristóteles o Santo Tomas y su valor moral inserto en nuestra naturaleza, los unos, que si Hume, Rousseau o Montesquie y sus acuerdos sociales, los otros y, así sin parar.
Discutían el origen y que todos, daban como hecho y conocido esos actos que llamaban morales.
Tras disfrutar del muy buen uso que habían hecho del vocabulario y sus diferentes construcción es y expresion
es, salí por la puerta de atrás de aquel lugar que emanaba un dulce olor a libros con sus hojas ya torridas.
A los pocos metros comencé a reír con una gran ironía del asunto de la máxima importancia que daban a aquello que llamaban moral.
No sabían que no es nada, absolutamente nada, más que los machos que atan para continuar tirando de la vida.
Es un enorme y gran sinsentido tratar de encontrar una explicación o justificación de los elementos más perdidos y destructivos de todo cuantos hay.
Mírenes Ustedes, desde los calcetines hasta la frente.
Hablemos de Moral en cuanto sepamos lo qué es.
Lo único que discutimos es la calidad, justificaciónaque, utilización  y origen de aquello que nos viene dado como tal.
Ésta para poder ser juzgada y estudiada, sólo seray compréndiendola y viéndola como una entidad inberbe y libre de todas las acciones que la cargan.
Aquel que me saque la moral si mismo y traté de justificarlo en el funcionamiento del grupo debía de hablar, no de una figura abstracta como parece que se haga y aludir al penoso funcionamiento, con sus reglas y motivos de cualquier sociedad.
Mi gran Aristóteles, dando una justificación racional ética en nuestra naturaleza, de unas reglas de juego impuestas por Pericles, allá,  en Atenas, cuando aquella, manos de los privilegiados, era una joya en bruto del pensamiento y, no menos grande Hume, en el énfasis de la explotación mundial del mayor imperio, tratando, con sus usos y costumbres, de encajar el funcionamiento y maneras que el oro marchaba.
Saquen al término moral de cualquier contexto, hagámoslo abstracto en nuestra persona, justifiquemos nuestras acciones solos y bajo una palmera cocinera en la más recónditos y pérdida isla del desierto.
!oh!, mi gran, único e irrepetible Ortega, llevaremos a todos que nos hablen del bien y del mal, a la butaca del cine y que vean lo ridiculo de aquellas ideas que las mezclamos con el término abstracto y perdido, llamado moral.
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