sábado, 5 de diciembre de 2015

LA FILOSOFIA COMO MEDICINA




Cerrando el libro de física de Aristoteles, le dijo
- No, el conjunto de los hechos te lleva a la conclusión – le dijo Mario
- No, Mario – contestó Andrés- dados unos resultado, le damos una descripción en función de unos elementos que a estas conclusiones nos van a llevar.
- ¿Me quieres decir que el mundo no tiene esa explicación sobre la que todos actuámos, sino que no es más que una invención que nos permite dar unas predicciones?
- Sí, Mario, las explicaciones están basadas en supuestos elementos que no tienen porqué actuar así en la realidad-. Las regularidades que damos como leyes, pueden surgir de otros muchos elementos.
- Locuras me dictas Andrés.
- Vivimos en el mundo materialista en el que nos pensamos que la relación entre unos supuestas medidas físicas, son las que determina el resultado final de los acontecimientos.
Continuaron andando. El camino caía muy empinado por entre los filos de los precipicios que lo rodeaban.
Vivían los dos en la pequeña aldea, refugio exsociete de ricos propietarios. Caminaban y dialogaban continuamente fuera del estres del mundo moderno.
Mario, dos ataques de infarto, Andrés, dos divorcios.
Con Aristóteles y sus paseos tras su lectura, volvieron a la vida.
Andrés sólo y tranquilo.
Mario, sano y delgadito.
- Sí, Andrés, pero necesitamos encontrar un funcionamiento ordenado a la realidad que nos rodea, necesitamos predecirla, estudiarla, comprenderla – acaban sus palabras elevando las manos al aire-
- Vale, Mario, bien, pero la posibilidad de no saber absolutamente nada sobre el funcionamiento del mundo es evidente. Vemos unos datos materiales que envuelven a los sucesos y los explicamos en su función, cuando pueden ser no mas que situaciones puramente circunstanciales y accidentales respecto a la razón de lo que sucedió. Y pienso que esto ocurre en la explicación física, imaginate hasta donde llegaré en la social o antropológica.
Llevaba su corazón a 75 pulsaciones por minutos y la tensión arterial apenas la pasaba de los cien. Mario era feliz. La búsqueda de la ganancia de dinero y las compras consecuentes le habían devorado la salud. Constantes preocupaciones, la cabeza ocupada todo el día en el trabajo, siempre atento a cualquier noticia, información, recado. Hasta que comenzó a pasear hablando con tranquilidad, le decía a Andrés, no había comenzado a vivir.
Y Andrés, ya por fin estaba tranquilo consigo mismo y consecuentemente con los que le rodeaban. No pudo convivir con sus dos mujeres ni con sus hijos. Habíase llevado la sospecha de los negocios hasta lo más hondo de su casa. Le dijo a Mario que en las charlas había conseguido salir de su máximo egocentrismo al que le llevó el mundo de los negocios.
- Pero y bueno, los dos sabemos que será un asunto que jamás nadie podrá demostrar ni resolver el problema
- No es ningún problema Andrés, es una locura de una posibilidad.
Andrés rio y Mario, girándose también.
Llegaron a la entrada de la aldeita. Tenía lo minino para una vida tranquila. Cultivaban una pequeña huerta, tenían gallinas y unas pequeñas casitas. Una vez al mes, todos iban a comer al lago, y un equipo de limpieza y preparación tomaba toda la aldeita y la arreglaba y suministraba de todo lo necesitado.
Tenían dinero, pero vivían en la austeridad de la sabiduría.
Los respectivos hijos iban a verlos con frecuencia.
En la aldea vivían tres matrimonios y tres personas más.
Los nueve con unas historias similares consecuencias todas de lo lejos que lleva el mundo actual de lo propiamente humano.
El tratamiento era el mismo y el mismo éxito se dió en todos.
Estaban entrando ya por el último camino cuando Mario se giró
- Bueno Andrés, estoy de acuerdo contigo, en el que todas nuestras explicaciones no son más que una prescripción interesada de lo que vemos, pero entonces conclúyeme ¿la vida es un sueño, tiene algún razón superior que no este sujeta a la apreciación de ningún sujeto?, ¿existe algún lugar en el que podamos vernos desde la tribuna?
- No Mario, pienso que no, que explicaremos y encontraremos alguna de estas siempre que se ajuste a lo que vemos, de manera interesada y propia. A todos los niveles, físico, social, antropológico. Las leyes no son mas que producto de la necesidad humana de dormir a su lado, pero no son, en ningún momento realidad.
Los dos sonrieron. Veían salir de una de las cabañas una nube de humo. La chimenea estaba encendida. Era un otoño frio y lluvioso.
Los pasos iban a la misma velocidad que su corazón y pensamientos, despacio y con calma.
La medicina que los curó era fuerte y poderosa.

Aun no habiendo ninguna verdad en sus palabras ni en la de Aristóteles, el estudio de éste les había devuelto un equilibrio y estabilidad mental.
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