sábado, 7 de junio de 2014

EL CAFÉ EN LOS GRANDES ALMACENES.

Paseando íbamos los dos y en el primer café que encontramos, allí nos metimos.
Era un grandes almacenes de primera linea y además situados en el centro de la ciudad.
Pedorras, ilusos, desencantadas y perdidos, con cash, vacías, tontos a tropel, allí andaban todos, locamente, en búsqueda de gastarse el dinero, aquellos porque les sobra y esos otros pues les gusta comprase pequeñas cosas allí donde todo es carísimo.
- Un carajillo cognac – pidió Pedro.
- Para mi un poliol.
Apenas habíamos hablado hasta ese momento pues los dos estábamos deleitarnos con los especímenes que nos cruzábamos, hasta que me dijo.
- Andrés – apenas cambió la expresión de su cara, ¿tú crees que la cultura y la sabiduría te aleja de toda concepción divina?
- ¿Me hablas de la debilidad que Nietzsche otorgó a los ignorantes?
- ¡No, no!, no te vayas tan lejos y quédate aquí. Te pregunto si con el mayor conocimiento del funcionamiento, a todos los niveles, del mundo que nos rodea, aleja de nosotros la necesidad de las divinidades
- Dan como cierto, Pedro, las personas cultas y especialistas en la temática que así empezó el movimiento religioso, que surgió ante las dificultades máximas de comprensión. Pero claro, estamos en el mismo problema pues es la decisión tomada mediante estudios, análisis, trabajo, restos, escritos y otros elementos para explicar la aparición de las religiones, por una parte involucrada en la cuestión y que por su mecanismo de acción, parece ya tener la decisión tomada.
- Bueno, en la misma problemática metodológica caería aquel que hablara, digamos, de la revelación intencional Divina, que podía existir, perfectamente en esas alusiones prehistóricas en forma de dibujos que hacían en los fondos de las cuevas.
- Debemos de concluir, entonces, que es una opción de elección intuitiva y no de decisión personal, que siempre estará ahogada en las circunstancias, anteriores y actuales.
Se miraron y cogiendo las tazas giraron la cabeza y comenzaron a pensar los dos en la imposibilidad de la discusión o debate sobre la existencia de las Divinidades.
- ¿Quieres decirme, Andrés, que antes de iniciar cualquier razonamiento ya viene definido por tus valores? Pues entonces tienes un cambio de paradigma o no cambiaras de situación.
- ¿Y cómo aparece este cambio paradigmático, es decir, radical?
Nos callamos.
- ¡Yuuju!, chicos ¿que tal?
No, era Jenny.
No era su nombre pero así le gustaba que le llamarán.
Ni una tormenta, desnudo, en invierno, en mitad del monte, me hubiera importunado tanto.
Pedro alucinaba, pues era una de las pedorras que tanto criticábamos y que venía a saludarme como si de toda la vida nos conociésemos. Eso pasaba y hacía siempre, aunque solo te conociese tres minutos antes.
Tras llenarnos de besos huecos de sentido pero llenos de carmín, se volvió a sus falsedades y nos dejó, a los dos, en nuestros errores, vale, pero en el campo de la verdad.
- Pienso que estamos mezclando dos campos de pensamientos.
- ¿Si?, dijo Pedro.
- Mira, poco tiene que ver como hemos conocido o no conocido cada uno de nosotros a estas divinidades y la influencia que ha tenido estas mecánica pedagógica en nosotros o la demostración racional y la explicación por fe. Son dos temáticas diferentes.
- ¿Hacemos teología y filosofía o nos vamos ya de aquí a buscarnos la vida en otro lugar?
No fuimos de allí, siendo dos marcianos en la entrega de diplomas en un acto de fin de curso.
La multitud se fue dispersando a medida que llegábamos a la bifurcación de nuestros caminos.
- Sabes Andrés, en ocasiones mi cabeza encuentra la solución a la problemática pero, en otras, mi corazón niega estas conclusiones.
Así que nos despedimos con naturalidad pues nos veríamos pronto.
Me quedé tranquilo por ver que mi amigo estaba tan perdido como yo en está temática.
El mal de todos es consuelo de tontos, pero estar solo en tus conclusiones, es peligroso.
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