viernes, 4 de abril de 2014

CONVERSACIÓN



Caminando concentrados en la conversación, los dos amigos recorrían las verdes laderas de la casa de campo del mayor, Andrés.
Pedro iba a verle con frecuencia, por su amistad y por la cercanía de sus casas.
Enrroscábanse en conversaciones inacabables.
Subíanse por las temáticas más alejadas.
Oraban sin complejos, reían sin tapujos y sobretodo disfrutaban de los conocimientos propios de cada uno y compartidos por los dos

- Perdido en la imposibilidad de la incomprensión está aquel que no concibe la vida como un corto trayecto – le dijo Andrés, la suma de las dificultades de la transcendental convierten este camino en el infierno de lo irresoluto. la búsqueda de lo que no es, se reflejará, la no existencia, como el baile con tu sombra.

- Andrés, todos no opinan como tú y buscamos una razón donde esconder nuestras inquietudes. Una explicación que me haga encontrar un sentido dentro de un mar de banalidades.

- No, no, no hablemos de nuevo sobre las inquietudes y dudas que nos sacan de la prontitud de la vida y nos llevan hacia construcciones fantasmagóricas, eternas y trascendentes, no, ahí está el error.

- Andrés ¿tú no ves necesidad ni razón de ser de tus hechos y de los de todos?, ¿no entiendes que tengamos una dinámica con sentido?, ¿no piensas en una mayor comprensión de nuestra esencia?

- No, Pedro, amigo, no. Hay dos tipos de personas que no aciertan ni quieren pensar en términos trascendentales. Unos son los que su cabeza e inquietudes no le llevan más allá de calcular e inquietarse por el dinero del tabaco y hay otros, y aquí interesémosnos, que son conscientes del angulo irresoluto de la vida y no pretenden estar toda su vida buscando el final que no existe.

- Andrés, estarás de acuerdo conmigo a que eso no es más, sino, que una posición vital y nada resolutiva ni deductiva. El vivir mejor sin explicaciones, no significa que no las halla.

Siguieron caminando hasta bajar a la posada de la vera del camino. Apenas tres habitaciones, pero sí, unos potajes y cafés magníficos.
Hoy eran sólo los cafés.
Pedro era, pocos, pero algunos años más mayor que Andrés pero sus pensamientos se debían más diferencia. Él, sí que había encontrado algún resquicio de explicación vital en las doctrinas de los grandes pensadores y las escondidas lecturas de los demás. Tendía a pensar, desde el atril del conocimiento, que la vida, cobraba un sentido en éste.
Andrés algo mas joven pero bastante más innovador en el pensamiento, hasta el punto de llegar a renunciar, en secreto eso si, a todo lo que había estudiado. En secreto y con Pedro, que Andrés sabia que podía corregirlo.

- Pero, Pedro -continuo Andrés, ¿de que te vale encontrarle un gran valor de continuidad a los principios formadores de la vida si no es más que un corto viaje en el que no llevas en la maleta sino los posibles envases para la felicidad?, ¿hasta que punto te lleva esa explicación de lo que no sabes si está?

- Y yo te digo Andrés ¿cómo se vive el sinsentido?, ¿qué hago?, ¿qué haces?

- ¡ahyyy!, ¡Ahyy!, el vicio de las explicaciones como único medio de comprensión. Mira amigo, la vida no se disfruta sólo cuando se comprendiera. La vida es el camino que vale recorrer por si mismo sin necesidad de más justificante. El placer lo encontramos en solo cursarla y recorrerla.

- Bueno, me hablas de una totalidad que no tiene por qué ser así, es decir, si tú, que has conocido las explicaciones trascendentales, no te llenan y buscas la realización en la inmanencia es, y que no se te olvide, una posición vital y trascendente, yo no puedo huir de mis vicios y uno de ellos es la filosofía deductiva. Tú asunto intuitivo, es también un acto racional y podemos teorizar sobre éste.

La charla continuó bastante tiempo más y ninguno encontraba un punto desde el cual acercar sus posiciones.

- La angustia de la incomprensión agota las fuerzas de cuestionar y la vida irresoluta te lleva a las más excéntricas e inútiles explicaciones, - le dijo Andrés
- Pero la vida sin sentido ni vocación de tal, te arrima a la locura, la esquizofrenia y el esperpento, - le corrigió Pedro

- Al fin y al cabo, Andrés, lo cojamos por donde te plazca, ambas dos posiciones son fruto de un razonamiento y posición existencial y trascendental. La búsqueda de lo necesario es a la postre la búsqueda de la verdad.

Ellos eran conscientes de la fusión que se producía entre sus pensamientos, en muy diferentes temáticas y en más distantes y distintas posiciones, cuando se entrelazaba una conversación afable entre los dos.




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