martes, 1 de abril de 2014

MI RACIONALIDAD Y MIS SENTIMIENTOS




La racionalidad se me escapa entre los dedos de mis manos con las notas de la canción.
Mis sentimientos hunden, sin piedad, en la miseria a aquellos esquemas lógicos pero, sin pausa de continuación el horizonte de las verdades objetivas, se esconde entre las historias melancólicas de algunos de nosotros.
Y leo a Sartre y escucho a Cabriel y sus dudas se convierten en melancolía en los ojos rasgados del autor mientras piensa en la angustia de la vida para éste y del amor para aquel.
Y estudio a Aristóteles oyendo a beethoven y lo veo a lo alto del montículo con los codos apoyados en sus rodilla, sujetando entre las barbas y el mentón a su rostro caracterizado por unos grandes ojos abiertos ante la inmensidad de la naturaleza. Inquietud, asombro. Su ciencia se evapora entre la ansiedad, como sentimiento, por conocer
Los sentimientos comienzan a invadir y ocultar su pensamiento.
Y me aparece Nietszche, entre las operturas y dramas de las operas de Wagner y veo la locura y lucha contra el mundo. Dejo de razonar entre las barbas de la esquizofrenia.
Y contemplo a Kant, a la vez que me deleito con Bach, acurrucado en el último rincón de la gran biblioteca, elevado a la perfección de sus pensamientos al ritmo suave, armónico, sutil y sensible de esta música. Es entonces cuando sus juicios sinteticos a priori se me pierden entre las manos de un hombre mayor perdido entre la montaña de libros que le acompañan
Y cuando me quiero dar cuenta paseo al lado de Marx por aquellos barrios prusianos miseros de trabajadores y siento como envuelve sus dedos entre las barbas llenas de rizos moviéndose al lado de la voz imborrable y dramática de Freddie.
La filosofía me invade y la música me saca de ella a la fuerza.
Los sentimientos se apoderan de mi persona sin mi más absoluto permiso e intento salir de ellos razonándolos, situándolos, explicándolos. Y sí, lo consigo, hasta que me ponen aquella canción o alguien me nombra a aquella situación o persona que nubla mi corazón y exprime mis pensamientos.
¿Donde encontrar el lugar?
¿Donde está el sitio?
Me siento mejor y feliz, pero mas confuso en el mundo de mis sentimientos, en el aliento de tu boca o en las caricias de tus dedos en aquellas cuerdas,.
Y no estoy satisfecho, pero tengo más claridad y fortaleza cuando Descartes me describe mis más internas ideas.
Los Beatles, magníficos, genios, irrepetibles me arrastran entre la genialidad y la locura a los inocentes años 60 hasta que aquel libro me trae los pensamientos de Santo Tomas y mis pies aterrizan en el parquet de mi casa.
Escucho a Freddie cantar y cuando ya creo que el corazón me explota de vértigo y emoción, alguien me trae los escritos y me pide que le lea a Hegel y el orden total se vuelve a apoderar de mi.
Y ¡qué hago!, ¡donde dejo mi corazón cuando leo Filosofía!, y ¡donde guardo mi fría razón cuando escucho a Camarón!
Si la solución es la doble dimensión, el problema se potencia y si he de elegir entre lo uno y lo otro, la angustia se me apodera ante la imposibilidad de hacerlo.
Hubiera deseado que Platón hubiera escrito el Fedón en el cual habla su maestro Sócrates, escuchando a Vivaldi y las estaciones que nos dibujo. Quizás no hubiera escrito lo mismo.
O ¿que hubiera hecho el megantropico de Beethoven con sus obras tras hablar en algún café de París con un gran amante del género humano como fue Rousseau?
Cuando el sentimiento se me apodera por circunstancias que no serán, nunca y jamás, objetivas en su descripción, mi pensamiento se ciega entre algodones, pero cuando la razón se impone en mi persona, mis emociones se apagan tal que carbón ya quemado dentro de mi persona.
Es la gran lucha, es la gran duda.
¿En que vehículo hemos de ir?
¿Por cual camino llegaremos al final?
Mis dedos se mueven sobre las letras impresas en forma de teclas escuchando esa música que nunca importó cual, disfrutando del baile suscitado en mis ideas y pensamientos.
¿Seré capaz de disfrutarlo mañana, por el día cuando lo lea sin esta música?
¿Estas miseras palabras de mañana lo dejarán de ser hoy ante la grandeza que siento al escribirlas al compás inmenso, la grandeza de la voz, el virtuosismo de la guitarra, los sueños de mi violín o el placer de la viola, del ayer, siglos o de los últimos años?

Creo que jamás saldré de la duda y que cuando crea haberlo hecho, alguien cantará esa canción en mis oídos que me harán caer en el hermoso y dulce sin pas.  
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