sábado, 6 de febrero de 2016

LA COMUNICACIÓN (Cap. 23)


Todo brillante, limpio, puro.
Oxigeno fresco.
Condiciones ambientales controladas y normalizadas.
Sonrisas por doquier. Bruno y Carolina estaban totalmente desconcertados, impactados, asustados. Se preguntaban si habían entrado en alguno de sus sueños.
Las ciudades eran exactamente igual que hace 275 años. Nada había cambiado desde entonces, cuando ellos, los visitantes, los invasores, aquellos con los que empezó aquel pequeño contacto, comenzaron a hacerse cargo de la vida en el planeta. Su control sobre la trasformación y tratamiento de la materia era total. Descomponían en sus formas atómicas y como tal construían. Los edificios nunca envejecían, igual que la ropa, que acompañando con alegría, les duraba toda la vida.
Los pudieron ver, el primer grupo o club, como tal. Eran un grupo de mujeres que sentadas en la mesa del bar discutían sobre la cocina rápida antes de los partidos
- Crema Violeta, Carolina.
- De acuerdo, un color que se aproximará bastante a las inquietudes y acciones para los que han estructurado en el grupo de orden femenino.
Sólo ellos se escuchaban el corazón a sabiendas de aquello que estaban planeando y la importancia de sus máxima precisión y calculabilidad. En pocas semanas tendrían una reunión conjunta con el resto del grupo de los elegidos. Habrá que dar instrucciones, instrucciones para acabr con ellos.
La gente sonreía.
Los pajaritos cantaban. Eran canarios. Estaban controlados por los visitantes haciéndoles creer a las ya casi semipersonas que eran ellos.
El asfalto había desaparecido.
Las calles estaban compuestas de un pequeño, algo mas que granitos de arroz, empedrado.
Sólo soplaba el viento generado por los grandes ventiladores donde salia el desecho de sus mecanismo para obtener la energía, es decir, el oxigeno, el Mana de la vida, que sentían los habitantes en sus rostros pero que no provocaban corrientes y la tranquilidad todo lo invadía. En la parte superior unos grandes aspersores capturaban el carbono. Se sentían incapaces y ya habían aceptado su ignorancia, de explicar como trasportaban la materia y con ella trabajaban.
A la izquierda del camino, junto a unos grandes Abedules, un grupo de hombres dialogaban enérgicamente sobre la evolución del equipo de junior de su barrio. Les apasionaba y divertía con enormidad aquellas preocupaciones.
- ¿Color Azul, Bruno?
- Sí, yo creo que sí, Carolina.
En la historia, donde estaba la razón de ser, entelequia, sentido y fin de las personas, había muerto, y con esta, nuestro sentido. Eran zombis y vivían en la mentira que les habían construido. Boris y Carolina eran no más que los instrumentos, no eramos más que dos más. La cara de alegría y felicidad que encontraban allá donde miraban, se contrastaba con una cara de pena y tristeza grande en los dos. Y otra vez, oyeron de la nada y ellos solos pues nadie se alteró.
- Vayan trabajando directamente recorriendo el paseo marcado. Cambien la expresión. Ninguna variación sufre jamás ninguno en su vida, y no quiero que las dudas salgan de vuestras caras.
Carolina no podía evitar mirar hacia todas las direcciones con la cara algo excitada. Boris estaba bastante más tranquilo y relajado. Tenía la virtud de encontrar curiosidad siempre en el desarrollo de las situaciones. Miraba con calculo y tranquilidad lo que le rodeaba. Cogió la mano de Carolina y, sin cambiar la expresión de ella, es más, medio sonriendo, una lagrima rodó por toda su mejilla.
Estuvieron aproximadamente unas cuatro horas recorriendo la ciudad. No había dinero. Cada uno tenía una misión concreta para el correcto funcionamiento de todo. Desplazándose en vehículos eléctricos, sin estress y sin prisas repartieron casi todos los colores. Les quedaban muchas horas de laboratorios y de investigar nuevas diversificaciones y agrupaciones posteriores. Todo el plan debía estar acabado para dentro de seis meses. El tiempo había dejado de existir y de tener sentido.
Llegó las 20'00. Se tenían que ir. Los espectáculos deportivos iban a empezar. Las calles se vaciarían, o en las casas o en los grandes estadios o en las grandes pantallas localizadas. Todos a ver deporte el cual evitaba otro tipo de ansiedad vital que llevase al cambio del orden establecido. Hacia ya 200 años que nadie de los que había en el planeta hubiera, siquiera oído hablar del posible pasado. Esto era lo que había sido siempre. Tenían que estudiarse aquello que debían decir y aquello que no.

A la vuelta la temperatura bajó mucho y el viento era frio. A la distancia se podía ver el sol esconderse entre los últimos suspiros de agua del mar. La cromaticidad impactante. Carolina apoyo la cabeza en el pecho de Boris. No había nada más que la necesidad de sentirse viva y humana.
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