martes, 9 de febrero de 2016

LA COMUNICACIÓN (Cap. 24)




El por qué habían elegido al ser humano y no a otros animales como suministro de CO2 intrigaba a Boris. No era una conversación prohibida ni comprometedora con sus planes así que la mantenían abiertamente y con tranquilidad.
- Yo creo que es un tema de investigación – le dijo Carolina mientras dibujaba unos planos numerando en ellos los pasos, tiempos y movimientos-, somos para ellos y sin duda unos minúsculos seres con los cuales querrán investigar las formas de vida más primitivas que pudiérase que ellos también tuvieran.
Carolina seguía siendo más proclive a desarrollar especulaciones atrevidas.
- No, Carolina – le dijo moviendo el dedo mientras subía las escaleras hacia su mesa de trabajo en la parte más alta del observatorio - si tuvieron capacidad para venir, ni una minúscula parte de información se les hubiera escapado tener aun siendo desde la distancia.
Tras la visita a la burbujas, estuvieron un par de días muy excitados por lo visto. A penas habían hablado de nada pero aquello les dejo fuera de su consciencia durante algún día. Aquella gran felicidad les subía, como una gran duda, en espiral desde los pies y por todo su cuerpo.
- Pero¿tú viste autentica felicidad?
- Sí, y mucha - le dijo Carolina a Boris clavando sus negros ojos en los de él.
- ¿Crees que algún día, los visitantes, nos explicaran de manera directa sus motivos? - comento Carolina, mirando al limpio y de piezas de mármol del suelo, con un tono discreto, de melancolía en su expresión.
- Lo dudo muchísimo, pero deseo con todo mi corazón que así lo hagan. Mi alma me duele por varios motivos, pero entre otros, por el desconocimiento.
- Y ¿viviremos para siempre?
Ahora si que se miraron con interés y detenidamente. Parecían estar investigándose. Vivirían siglos juntos. Estos días estaban siendo maravillosos. Tras tantos años sin hablar ni relacionarse, el mundo había cambiado de color para los dos.
En ese momento y sin más motivo que ninguno, se oyó la voz de un visitante, de alguno de ellos, o de él – decía Boris.
- Mañana tarde, 17'30, vendrán a este observatorio los formadores, junto a vosotros, del equipo responsable del traslado a nivel mundial y la reagrupación de los individuos.
Y tal y como empezó, terminó.
- Bueno Boris, habrá que preparar todo el material de trabajo que llevamos semanas arreglando.
Se estaban acostumbrando a vivir en la mentira de sus conversaciones. Ya, casi todas las palabras y sus correspondientes situaciones, tenían ya una lectura diferente y personal. Boris seguía trabajando apurando los supuestos colorantes para colocar a los participantes en los diferentes grupos de felicidad. Eran inconscientes de su verdad y esclavos de las voluntades externas, pero – Dios mio- se decía Boris, temblándole la voz de emoción- son felices.
- Los estudios de capacidad cuantitativa en las estructuras formadoras ya está terminada, la formación cualitativa de los movimientos grupales humanos, están casi acabados, pero necesito alguna puntualización más por su parte.
Se miraron los dos. Debía ser la primera vez que ellos, en un asunto de su trabajo, tenían que hacerles alguna pregunta referente a éste. ¿Y la comunicación partiendo de ellos hacia los visitantes?
- ¿tenemos que hablar solos aquí y esperar a que se apiaden y nos hagan caso? - Carolina tenía mucha fuerza y pasión por vivir, pero comenzaba a sentir demasiado odio hacia los extraños visitantes.
- Dudo mucho que tus prisas y pasión les importen más que nada.
- Sí, vale, pero me estoy cansando de vivir en la resignación del desconocimiento.
Levantó las manos y mirando hacia la cúpula abierta del observatorio dijo gritando
- Por favor, por favor, ¡sacadme de este impás de siglos!
Tras este movimiento, miró a Boris, le dió la espalda y se fue. Boris, frio y calculador, sabía que no le valía de nada la desesperación y siguió allí con los colorantes.
Al día siguiente, tras sus trabajo matutinos y repetitivos que los mantenía mentalmente vivos, esperaron en el máximo silencio y tranquilidad la llegada del resto. No había nada vivo y la inmovilidad era total. Los minutos en los que ellos estaban parados, todo el mundo moría con ellos.
Tras comer aquella comida sintética y plástica salieron al balcón externo de la cúpula y comenzaron ver llegar a los aparatos voladores. Ocho, de diferentes lugares y con un orden, lapso y lugar de deposito.
Se miraban y sonreía como si estuvieran felices, o enamorados, pero los dos sabían que era mentira, al menos lo primero.
El primer elegido ya había subido a mitad de la montaña y podía distinguir a los dos del observatorio. Movió la mano para saludar y Boris y Carolina y estos le devolvieron el saludo. El hombre cayó de rodillas y puso su cara entre las manos.
Los sentimientos estaban a flor de piel. Tras años en la rutina del mayor abandono, estaban teniendo contacto humano. Carolina lloraba y Boris miraba desde la distancia, desde la incomprensión y con la necesidad de actuar.

La escena se culminó cuando como hormiguitas, todos uno tras otro comenzaron a subir hacia la esperanza que les habían preparado.
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