jueves, 11 de febrero de 2016

EL CAFÉ Y LA LIBERTAD



- Pero, si no podemos deshubicar a las personas, ¿dónde queda nuestra libertad de actuación al estar encasillado en unos márgenes fijos?
- Bien, vale, y te digo ¿ tiene algún sentido hablar en términos de personas deshubicada?

En silencio se quedaron los dos mirando al barman pasar con una envidiable tapa de bravas que apunto les hizo olvidar el nudo de la conversación.

- ¿Me estas diciendo, Andrés, que nuestra propia naturaleza nos lleva a la esclavitud?
- Es un silogismo leve, un modus ponen fácil, pues si el ser humano es un ser social, y la sociedad es esclavitud en el comportamiento, la conclusión es la esclavitud de las personas.
- Bien, la figura lógica, Andrés, es correcta pero las conectivas  no. Una sociedad bien construida no tiene por qué ser esclavista de personas.
Alberto, que era el más introvertido y huraño del café, que tenía una relación franca y buena para con ellos, y que rara vez salía de su metafísica en las discusiones, entró en ésta, haciendo más ruido que un  elefante en una cristalería, y les dijo
- Bien, amigos, escuchando estaba, como en otras ocasiones y os pregunto, ¿qué acciones prácticas ponemos en marcha para corregir la esclavitud social?
Sorprendidos se quedaron los dos al oír intervenir sin ser aludido y, además, buscando una respuesta práctica.
- Alberto, pienso que es un camino sin salida y que todo propósito y propuesta será cíclica y siempre será un bucle en su respuesta,  pues siempre volveremos a la pregunta – le dijo Andrés
- Andrés,  a ti, también te pido practicidad – le dijo bajando lentamente la cabeza y señalándole con el dedo.
- Andrés, Alberto, os voy a enseñar, no necesidades gnoseológicas sino imposiciones formativas. No podéis quitarle al ser humano nuestra libertad, es un elemento supuestamente constitutivo. No la neguéis con tanta facilidad pues recordar que sin libertad, no hay responsables.
Permanecieron los tres en silencio mirándose, justo al momento que pasaba Carolina por su lado que resoplando y moviendo la mano.
- ¡me voy rápido que no quiero que se fundan mis neuronas! – dijo sonriendo. Tenía una sonrisa preciosa.
Pasó rápido y se perdió en la lontananza de la madera trabajada y curtida de la barra.
- No sólo tendríamos que hablar de cómo construir la sociedad, pues además habría que hablar del comportamiento moral. Sea cual fuere el sistema social sin educación no hay solución. La sociedad es un elemento constitutivo. El ser humano no es nada fuera de ella – dijo Pedro frunciendo el entrecejo.
- Entonces ¿deberíamos de tratar de definir qué es la libertad para aproximarnos lo más a ella posible, dentro de estas cuerdas que socialmente nos atrapan? – inquirió Andrés  a lo que Alberto carcajeando dijo
- ¿quieres venirte conmigo al taller de la metafísica? , ¡la libertad no son conceptos!
- ¿Qué es, entonces?,- le preguntó Pedro quizás un tanto altivo
- Acción y acción,  donde da igual sus motivos y verdades.
- Es decir – apuntó Andrés,  que independientemente del motivo causante último de la acción, es el hecho que el sujeto sienta la elección como suya.
- Andrés - algo alterado inquirió Pedro - ¿me dices que también hay libertad en engaño?
Alberto volvió a carcajearse y tranquilamente volvió a su rincón. Tal que esto y a la par, entró Vicente, gestor general, diciéndoles que era la hora de la reunión. Mientras se levantaba, se decían.
- ¿Eres consciente del vacío que propone aceptar la libertad en el engaño, Andrés?
- Pedro, la libertad en el engaño no es la antinomia de la verdad ontológica,  puede ser el camino de la realización.
Seis o siete del café salieron juntos, trabajadores de la editorial.
Ellos iban los últimos,  pues Pedro meditaba sobre la posible realización en un acto y hecho defectuoso.

Alberto


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