lunes, 8 de febrero de 2016

EL CAFÉ Y LOS LECTORES DESCONOCIDOS


- Mira, Pedro, cuando escucho el número de personas que hablamos la misma lengua, me imagino, cómo son y quiénes los pueden estar leyendo lo qué escribo.
- Andrés, tu imaginación te mata.
- No, Pedro, no, soy consciente de la cantidad de posibilidades que hay. Estás, bueno, un 99% serán aproximadamente como tú, pero habrá un 1% que se salgan de la aparente normalidad y tengan alguna característica especial.
- Tú, por lo que veo, te has cultivado en el grupo del 1%, ¿no?
Sonrieron los dos. Hoy estaban almorzando. Pedro, medio bocadillo, pues tenía tendencia a engordar – la tranquilidad, que forma parte de tú persona, da quilos, se dijeron, compartiendo más risas calmadas.
Andrés, entero. Estaba fuerte y delgado, y continuaron riéndose mientras hablaban que un manojo de nervios e inquietudes, jamás engordaría.
- E imagínate a aquella mujer, que vive, digamos, en el tercer piso de este edificio, que se descubre enamorada perdidamente de su compañera de trabajo. La noción y visión de su vida cambia, jamás pensaba que esto le iba a ocurrir y ahora, estuviera leyendo un escrito mio, aquí arriba, desde los sueños del amor. ¿Y si nos cruzáramos ahora?, ¿Cómo se imagina al escritor?,¿le piensa muy lejos de sus inquietudes? o, imagínate también, a aquel joven Mejicano, que vive en una pequeña ciudad cerca de la frontera con los EE.UU, con problemas familiares, precisamente por la ubicación de su casa, y, aquella noche, leyendo en la parte más oscura y tranquila de la casa algunas líneas que escribí.
Siento escalofríos de compartir emociones y pensamientos primeros míos, que leen aquellos que publico, ¿con cual cara lo leerán?, ¿cómo lo vivirán?, ¿qué pensamientos suscitan?, ¿cómo verán al posible escritor?, ¡qué cerca y tan lejos que me siento!
Distantes y diferentes con normalidad, pero muy, muy cerca e intimo, en aquellos momentos de lectura de los textos. En todos hay, necesariamente, alguna idea que nos une, los normales y los diferentes.
- Andrés, pones casos exagerados.
- Pedro, sabes que considero la vida de cada uno como algo particular y único.
- Cierto, ¿cuantos leen tus escritos?
- Si entiendo bien el asunto del blogger y los bloggers, más o menos 30 o 40 personas cuando algo publico.
- Bueno, Andrés, con esas cifras poco margen de movimiento y actuación les das.
- Vale, pero te hago a la posibilidad de las circunstancias de ese único lector y que además ¡le guste lo que escribes!, ¿cómo serán aquellos que les gustaren tus escritos?, ¿tendremos unas características comunes, unas circunstancias repetidas?
- El anonimato de Internet lleva lecturas como esta – dijo Pedro, sin reírse ni siquiera sonreír, sabía que era un tema muy sensible para su amigo.
- Imagínate a una persona al otro lado del océano, en situaciones máximamente diferentes pero con un nexo en común al leer interesados mis escritos, ¿quienes serán, donde estarán, a qué se dedicaran?. Tiendo a pensar, dadas las características de mis escritos, debemos de compartir, desde la distancia y el anonimato, unas características comunes. ¡Me gusta soñar con que pensamos todos al leer y escribir estas lineas!
En tono y maneras conclusivas y sin ninguna pasión, Pedro le dice
- Esparces tu persona y te gusta ver como la roban para llevársela a un lugar escondido y lejano.
Se miraron y se rieron con franqueza.
- Pedro, ya te digo que si escribo Filosofía, que es mi necesidad y estudios, o si escribo pequeñas o grandes historia es porque es mi pasión, o si escribo artículos de opinión, que son mi máxima perdición, siento siempre intriga por conocer y hablar con aquel que se lo ha leido y con placer así me lo ha indicado, ¿tú sabes de los los avisos de lectura y gusto por hacerlo?
- ¿Cómo?
- Aparece un uno en rojo como aviso de un lector interesado en tus lineas y yo, automáticamente, sonrío.
- Tú misterio sobre el mundo circundante lo llevas muy lejos.
- No, lo dejo en su sitio. Eres tú el que tienes miedo de aceptar la enorme diversidad y diferencia que nos constituye. Sabes, el próximo día que tengamos que trabajar hasta las 2 o 3 de la madrugada y nos vayamos hacia casa, piensa en el camino, cuantas ventanas encendidas encontrarás, hasta que llegues y trata de imaginar que podrán hacer todos ellos a esa hora en casa.
- Beber agua en la cocina.
- O estar teniendo un momento final del mayor éxito en su vida, descansando y sentada, en este caso sobre el borde de la cama antes de irse a dormir, o de aquel otro, que sin ser más que uno más, vive todas las mañanas su más absoluta particularidad, cuando en la soledad de la ciudad, se afeita para entrar al trabajo a las 5 de la mañana. Ponte a imaginar y no llegarás jamás al número de situaciones que te puedes encontrar totalmente lejanas y distintas, pero no menos reales, que las tuyas
- Andrés, sé la verdad de tus palabras, pero sólo tú las llevas tan lejos.
- Sí, pedro lo sé.
- Bueno, pero lo disfrutas, que yo lo sé mejor que tú y que además, por no ser juez y reo, tengo la potestad para decírtelo.
Rieron muy francamente los tres, Andrés, Pedro y el Barman, que no se había perdido ni una línea.


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