martes, 25 de marzo de 2014

FILOSOFÍA APLICADA




Alejemos a la filosofía del puro ámbito del divertimento y disfrute.
Apliquemos al este arte del pensamiento una utilidad.
Su placer no me llenaba al sentir que no producía, ni a mí, ni al mundo, ningún avance positivo.
El avance personal y construcción propia es un elemento inherente y formador de cualquier acción intelectiva y cultural, y más, si es filosofía o historia que te lleva a la reflexión sobre tu naturaleza y la de los demás.
Sí, pero la vida no se puede observar desde la ventana y quedarte en ella viendo pasar los acontecimientos.
La filosofía no sólo tiene que formarte personalmente, sino que además debe de tener una aplicación práctica respecto a la construcción de estructuras o entidades que proporcionen una mayor y mejor relación humana, ya sea en formas de gobierno, en educación y otras actividades similares vinculadas al estudio de nuestra propia esencia, variables, componente y supuestas y difíciles teleologías vitales. 
Así pues y veamos
¿qué rango de creatividad o disciplina habrá que imponer o establecer en los procesos educativos?
¿a qué edad alcanzaremos la madurez para decidir sobre nuestro futuro?
¿hasta donde llega la validez en el tratar con entidades abstractas en nuestros planteamientos futuros?
¿Tenemos un alma, un espíritu, una entidad metafísica que hay que cuidar y potenciar por su validez y existencia?
Al punto de la mañana y aprovechando los primeros momentos del día hasta el comienzo del trabajo propongo, de manera poco reflexiva, estas cuestiones y dispuestas, también desde la rapidez del poco tiempo, las respuestas a estas bárbaras y saltarinas cuestiones que, yo y por ejemplo, planteo.
Los rangos de disciplina y conducción a la hora del trabajo, han de ser bastante altos. A los niños habrá que enseñarles todo pues nacemos sin ninguna configuración anterior. La capacidad del juicio de cada uno de nosotros es producto de una correcta educación. No propongo en ningún momento una estructura de valores y motivos vitales, hablo de una serie de mecanismo y de actos mentales que faciliten y que provoquen una correcta estructuración y posible enfrentamiento hacia la problemática.
Ya lo pensé y me lo dije. La edad sobre la cual se adquiere la capacidad de decisión a altos niveles estatales, el voto en las elecciones u otro modo de actuación a nivel colectivo y social, debía de ser, bastante más tardía que la ahora aplicada. El alcance de una correcta capacidad de juzgar lo conveniente y oportuno para tu sociedad puede que nunca llegue, pero, con toda seguridad, cuan más años de experiencia y preparación mejor será tu capacidad de acertar... ¿18 años?, no, ¡Diablos!, yo me creí entonces con la capacidad de elección de un futuro mejor y con el soñaba, pero no sabía ni un ápice de lo que de él fuera posible y además, un tanto por ciento elevadísimo de mi pensamiento estaba perdido entre las faldas de alguna mujer de mi colegio, entre las risas de ese viernes próximo o entre la polémicas del último partido. Pero no sólo esto me hacia menos competente, si no que además pienso que me sentó bien dedicarme sobre todo a eso con mis 18 añitos.
La tercera cuestión habla de las entidades abstractas y concretas en este asunto. ¿Hasta que punto hemos de actuar desde las intenciones o sino desde las realidades?. Parece una pregunta solucionable desde la unión, pero no es así. Si actuamos con unos planteamientos anteriores a la realidad e imponemos sobre ella unos objetivos, realizamos una acción totalmente diferente si observamos lo que hay y vemos, más tarde, como solucionarlo. Galileo empezó el empirismo, la física, la ciencia empírica, la inducción; vemos lo que hay y operemos sobre ello. Newton, afirmó su no intención de aplicar naturalezas esenciales de las entidades, sino describir con términos diferentes (atracción entere los objetos) unos fenómenos observables. Así pues tenemos dos aptitudes. Estudiemos lo que hay y simplemente apliquemos una justicia social en busca del mayor equilibrio económico y falta de dolor personal sobre lo existente, digamos o busquemos aquellas cualidades formadoras del ser humano en su esencia y tratemos de montar unas estructuras idílicas en las cuales se potencien al máximo estos primeras y utópicas intenciones. Siempre me hundo en el mar del racionalismo y empirismo. Veamos lo que hay y actuemos o pensemos lo que queremos y trasformemos la realidad. No me digas que son dos acciones complementarias, pues llevadas a la necesaria práctica resultante se distancian y mucho.
La cuarta cuestión que escondida en mi mente y sin ningún tipo de premeditación, surgida como las otras tres, en estos primeros momentos del día, sólo ante puestos por una carrera en bicicleta hasta el trabajo (y se me acaba el tiempo), resalta el siempre bienvenido espíritu que tan pronto se nos escapa ante nuestra reflexión. Sí, mi convencimiento sobre él, pero siempre temblando sobre su afirmación, sobrevuela al sentir el control sobre tu cuerpo y diferencia entre lo que quieres y lo que deseas, entre tus pasiones apetitivas y tus intenciones intelectuales. En aquellos momentos en los cuales siento un lado o el otro, por su imposición, valido la existencia de la parte derrotada. Y mi mente se eleva y es capaz de observar, sin sentir se necesidad la apetencias corporales y me hago consciente de esas dos dimensiones formativas “Ves, ya está aquí con sus comentarios” -me dijeron el otro día, con lo que yo pensé inmediatamente lo poco que se auto observaba el personaje. Si te observas detenidamente, es fácil tener consciencia de la doble dimensión corporal que surge entre las apetencias y voluntades que por su diferencia innatas no pueden ser producto de la misma entidad.
Esto es filosofía aplicada pues te lleva a un hecho vital.
Sí te hace pensar sobre tu actuación.
Sí te da motivos para hacerlo.
El pensamiento no se pierde entre las nubes del placer y sublimación y baja a su aplicación obteniendo se gran y buena dimensión.
El arte del pensamiento como tal no se pierde hablando y dialogando sobre la resolución de problemas innatos al funcionamiento humano.
Sigamos disfrutando de la lectura de los grandes autores que no buscaban más que el desahogo existencial que destapase el motivo de nuestra existencia, pero no olvidemos que la necesidad de un pensamiento correcto es evidente para la solución de problemas primeros.
Cojamos las formas y modos, aprendamos a pensar correctamente para buscar aplicarlo a la realidad.
Dejadme perderme en la lectura de los grandes, para construir paradigmas absolutamente diferentes pero con la madurez y efectividad ya adquirida.

Saquemos a la Filosofía de esa bolita de cristal, dejémosla de admirar desde lejos y acariciémosla a manos descubiertas.
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