domingo, 9 de marzo de 2014

LOS ARTICULOS



Qué fácil es que sean tus palabras las que te traiciones, pero no por tu indiscreción, sino por una errónea interpretación.
Hablo de los escritos, me refiero a aquello leído desde la distancia.
Desde unos determinados principios y axiomas propios y el desconocimiento de aquellos del susodicho escritor, la posibilidad de hacer aquella interpretación que, a ti y buenamente, te venga en gana, es total.
Es decir, los términos y las ideas utilizadas, pueden ser leídas con un tono o con una relación con lo anterior que no sea correcta en la intención del escritor.
Cierto es que hablo de cortos textos, artículos, breves ensayos y demás, en los cuales se desarrolla la idea muy sucintamente, con pasión y con la razón de convencimiento mediante evidencias.
Evidencias, sí, pero para el escritor y siempre sujetas a la distinta, mala para él, interpretación.
Cuando se es taxativo a la hora de esbozar una idea, te lleva a pensar allá, donde han llevado discursos tajantes en otras cuestiones, aquellos que lo leyeron y lo llevaron como les vino en gana.
Siempre sin poner ejemplos, han habido buenos, grandes y estructurados pensadores que han sido mal interpretados y que han costado grandes sufrimientos a otros personas.
El lenguaje oral, tertuliano, directo, en cualquier conversación, siempre está sujeto a aquella puntualización que hace que el contertulio entienda correctamente la idea esbozada.
La interrelación entre los que dialogan es fundamental a la hora de llegar a verdades.
El aclarar el camino a seguir en un razonamiento te lleva a tu comprensión.
Y lees artículos de opinión y es totalmente imposible que la coordinación de las palabras no te haga ponerles un tono determinado y de ahí una idiosincrasia propia del que escribe y tras esto un juicio a priori de lo que está diciendo.
Escribir sin la presencia del lector esbozando ideas directas y puntuales es un ejercicio peligroso.
Y éste que lee esto, se pregunta
¿Tiene miedo a escribir?
¿Piensa que no se expresa bien?
¿Ha encontrado casos como similares al leer algún texto?
¿Conoces algún ejemplo de mala interpretación?
Y sigo y os digo que pienso que el alma de las palabras se dibuja cuando atrapas las intenciones del escritor.
Y, también, el alma del escritor, dibujan la forma correcta de sus palabras.
Pero ¡ahy!, cuan lejos se queda, en muchas ocasiones, el alma de los fríos folios impresos.
De la duda más inocente del mundo, se puede pasar, según la lectura de ese pequeño párrafo, a una ironía enorme.
Hay que escribir despacio, mucho, por esto.
La dialéctica te lleva a la verdad, los monólogos te sacian de dudas pero te abren otras.
El primer interlocutor te lleva a las explicaciones y el segundo las pide si tu expresión no coincide nada con el contenido.
En los escritos la interrelación se rompe y muere y el asunto puede deformas la intención.
¡Cuantas ganas me quedan de haber conocido personalmente a algunos de aquellos que he leído y estudiado!. La interpretación que yo le doy y las que otros me dice, puede que no fuera la correcta, mirándole a los ojos, y escuchando el tono de su voz.
El espíritu y la máxima comprensión vendrá con el trato directo.
La lectura siempre te deja en el baño de la interpretaciones.
Las mismas palabras dichas en tonos diferentes dan, en muchas ocasiones, una diferente concepción.
Si que es cierto que el significado se obtiene en la contextualización de ellas, pero para ello el escrito debe de ser amplio.

Loa suscita opinión y más por escrito es, al menos, de gran facilidad malinterpretarle.
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