domingo, 1 de marzo de 2015

EL PLACER Y LA RAZÓN

Podemos tratar de hablar de nosotros mismos desde la tranquilidad de la razón o podemos lanzarnos a las reflexiones desde la pasión de nuestro espíritu.
Podemos movernos bajo los vientos cálidos y suaves de los trópicos reflexionando ordenadamente o pelear con los vientos y aguas gélidas de los polos que vienen directamente del corazón.
Y ¡Cual es lo bueno! O ¿alguna es mala?
Es difícil la decisión puesto que hablamos de las personas, del ser humano, que puede, trata y debe de crear un mundo racional donde ubicarse, sabe y tenemos que saber que nuestra felicidad está algo más allá, llegando incluso a una realización intuitiva e irracional.
Irracional no quiere decir absurda, dañina, degradante, sino que se sale del orden lógico en el camino hacia nuestra realización.
El raciocinio puro y duro me empuja hacia la cueva del aburrimiento.
Los escritos en los que no veo a quien está detrás de ellos, se me caen de las manos pues me resultan insulsos.
Orden para relacionarnos a nivel colectivo donde no puedes imponer tus condiciones a la totalidad de los que te rodean, pero libertad y tolerancia en cuanto a nuestra propia realización, donde voy a meter a la lógica del raciocinio sólo hasta donde yo considere necesario.
Quizás el estudio de todos aquellos que han razonado lo máximo, me haya llevado al disfrute de la operatividad que siguen pero me ha alejado, sin duda, de la búsqueda de respuestas en ellos.
Tenemos la mala costumbre de realizar asociaciones incorrectas.
Ligamos a la pasión con el desorden y al orden con la razón y formalidad.
- ¡No!, salid del engaño, una y otra no son dos términos que se excluyen el otro del uno.
Es la locura del pensamiento, pero no por su modo de operar, sino por los diferentes lugares hasta donde nos lleva.
Y aquel continuó preguntándome y comentando
- Amigo, somos por naturaleza los únicos seres racionales, es decir con capacidad de ordenar y organizar la totalidad bajo unos límites y fronteras lógicos, y esto es lo que nos define, forma y constituye.
- ! quien te dijo que no¡, lo que te puntualizo es aquello que quieres ordenar y a lo que tu ves como elemento ordenable. Yo llego hasta lugares en donde tu orden y razón no caben – le dijo con soltura.
Lo que entendemos como equilibrio en algunos aspectos formadores de nuestra vida y realidad, no deben de ser así.
Nos cuesta aceptar la sin razón que se da en algunas oportunidades como elemento formados del mundo y de nosotros.
Hay que buscar una vida feliz y plena pero ¿por qué ha de ser así necesariamente por su existencia?
Tenemos el vicio y la costumbre de estimar unas condiciones propias de la vida que no tienen por qué cumplir.
Los tontos se mezclan entre la mezquindad de los tumultos y nunca siente la necesidad de preguntar, los temerosos nos escondemos detrás de un Dios o de ideas abstractas que jamas tocaremos y sólo los valientes actúan sin miedo y con valor, absolutamente conscientes de la finitud e intensidad de sus vidas. No son toros embolados ciegos por las llamas como aquellos que ríen ya sin motivo, son leones que disfrutan paseando, ruguen, buscando, preguntando y peleando por la larga vida llena de arboles de ramas horizontales
Es nuestra necesidad del orden en el sinsentido de la razón.
La buscamos, la queremos, nos es útil, pero dejar la cabida a ninguna duda, las personas vamos y queremos ir más allá.
¿El placer vulgar, banal, barato, hueco?, ¡pardiez!, no, el hedonismo bien razonado.
El orden se escapa del alma inquieta.

El cansancio y el abuso del pensamiento y el raciocinio, te lleva, como paradoja a su abandono y a la búsqueda del placer del sinsentido.
Desde el hotel de la tranquilidad ya veremos donde se quedan estas palabras.
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