jueves, 15 de octubre de 2015

...del orden real de los hechos..






Voy a hacer Filosofía al acusar y razonar sobre la miseria humana, lo cual no había sido ningún tipo de convicción en mi corta historia de inquietudes intelectuales.
Dejé de ver el mundo a través de las lentes de los grandes autores y comencé a sentir y temblar al momento en el que fui yo quien miró.
Mi confianza se está acabando.
Lo que quiero creer se me escapa.
Aquello que trato de razonar como necesidad se evapora por días.
No sentí el mal en mi, aunque por defecto, también debe estar.
Me sentí en disputa con muchas de mis convicciones referentes a nosotros cuando vi a un padre llevando a un niño, tal y como podía ser yo con el mio. Imagino que esto detonó la rabia.
La foto era la imagen de un hombre joven (45 años supongo, más o menos) que andaba con su hijo pequeño (10 años supongo también) transitando y caminando hacia el sin destino propio de un hombre que no importa de donde viene y que va a ningún lugar. Entiendo, pues me quedé totalmente sumergido en el impacto de la imagen, que eran un padre y un hijo, huyendo de alguna de las guerras en el oriente próximo.
El niño, en su gran debilidad, permanecía con la cara bajo el brazo de su padre y éste, caminaba, recto pero con cara cansada y resignada
La foto estaba un tanto oscura por la hora del día en la que fue tomada, comenzaba a atardecer por la altura del sol, el camino estaba embarrado y sucio, surcando campos de cañas sin cortar, sin cuidar, y este hombre llevaba a su hijo, parece dormido, horizontal entre sus brazos.
Estaban solos. Era la soledad y abandono personificada.
La foto estaba hecha de lejos y no se avistaba a nadie detrás de él.
¡Qué nadie, pero nadie me venga y me diga que son unas circunstancias las que nos llevan a esos lugares con sus formas y maneras de actuar!
Mi violencia sentida, me ha llevado a cambiar el orden de los factores y pensar que no somos buenos por naturaleza.
Perros rabiosos me pareció atisbar en aquellos o aquellas que dan libertad a su naturaleza.
Serán las circunstancias las que nos saquen de este estado primero y no las mismas las que nos lleven a la miseria humana.
Nacemos violentos, y sin una corrección, nuestros actos son impertérritos hacia el sufrimiento de los demás.
No hay ninguna razón , más que esa, por lo que existan tales angustias.
Si al niño le pones una pistola en sus manos y no le hablas de la necesidad de paz para construir el futuro, disparará.
Quiero creer que cuando se difumine la rabia de aquella foto, volveré a subir a la raza humana al púlpito de la bondad, pero ahora no, pues vi dibujada allí, claramente, nuestra miseria formadora primera. Si no la tuviéramos, esto no ocurriría.
Nuestros instintos de supervivencia, nos sumergen en la violencia operativa, nos diría Darwin, pero ¡Diablos!, tenemos una segunda naturaleza, ya lo dijo Aristóteles que nos saca, por necesidad de allí.
El mundo sigue funcionando pues por nuestra propia supervivencia hemos tenido que corregir y actuar sobre nuestros primeros impulsos destructivos.
Pero los tenemos, están, nos forman y tenemos necesidad de educarnos en cuanto a unos valores cívicos para evitar la intencionalidad de cualquier grupo social.
No, no nacemos buenos, la bondad se educa y se construye.
La sociedad no es producto de nuestros instintos primeros, sino es un acto consciente de librarnos, por las leyes, de esta naturaleza corrosiva que nos abunda y ocupa.
No me quito los ojos de profunda pena y gran incomprensión al ver a este padre llevando a su hijo entre los brazos, cansino en su resignación y perdido en el camino de la huida hacia ningún lugar.



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