jueves, 12 de noviembre de 2015

….de los límites de la teoría...




Básicamente, todos los autores que realizan un estudio explicativo de la realidad y su conocimiento realizan un ejercicio de contraposición de conceptos. De Platón a Hegel, pasando por Fitche, o Nietszche, tal que Marx.
Este ejercicio dialéctico es muy ilustrativo del proceso de desarrollo de la realidad a nivel gnoseológico y cosmológico
La tesis, antítesis o síntesis, haciendo gnoseología, la lucha de clases en el materialismo Marxista o el siempre excitante vitalismo del individuo y la totalidad y más luchas entre los elementos que desembarcan en la configuración del objeto.
Esto será, por necesidad extensible a todos los ámbitos de conocimientos, lo que incluye a la Antropología, o la ciencia del ser humano, de las personas.
¿Cuando somos capaces de desvelar la suerte de nuestras circunstancias?
Cuando tenemos unos hechos comparativos circundantes que nos sitúen en el lugar calificativo y cualitativo de la realidad allá donde nos encontremos.
¿Cuando somos capaces de cualificar nuestro propio momento existencial?
Cuando hayamos tenido diferentes de estos y sepamos apreciar aquel en el que nos encontremos.
Así pues, y ratificado hasta en la visión física de Einstein, el avance y la totalidad, es producto de la conexión entre los elementos circundantes.
Bien como camino para llegar al objetivo o bien para calificar al objetivo como tal.
Así pues, una vez llegado a este punto me encuentro con la problemática de la plenitud del instante y de lo inmediato.
Esta problemática la encuentro en el estudio de mi conciencia.
Fuera de cualquier acto reflexivo está el momento de la sensación independiente del estudio sobre éste.
La conclusión calificativa realiza una operación que atrapa a la realidad directa en una forma no propia de ella, sino construida por la inteligencia para su comprensión y uso.
La desgracia, con la operación del intelecto, se trasforma en suerte al ser tratada por éste y como tal.
El movimiento absoluto, deja de serlo, en cuanto se ubica allá donde estuviera.
La circunstancialización de los acontecimientos es una falsificación de su realidad.
La plenitud es el momento en el cual se produce su existencia y los mecanismos para su comprensión, no le dan validez, sino que le quitan su verdadera realidad.
Siento en el alma situaciones que me llenan y que me son imposibles circunstanciar y relativizar en función de sus vinculantes, ya sean antítesis formadores, y la conclusión en realidades que no sean aquello que estoy viviendo.
La plenitud del momento es total.
El método de encontrar los conceptos correctos o las verdades adecuadas a través de la negación de la verdad primera, no tiene sentido para explicar ni estudiar existencialmente al sujeto primero.
Así actuaba Platón dialogando con el nombre de Sócrates para estudiar y definir conceptos abstractos de la supuesta realidad por él entendida, Hegel en el concepto cosmológico o Fitche, en el proceso gnoseológico.
Pero me resulta de gran problema ajustar la utilización de mis estados como entidades en las que puedo llegar a su realización y definición alegando sus estados negativos.
Allí estaba, asumido en mi suave depresión aquella tarde, cuando aquel buen amigo mio, me contaba lo afortunado que debía y podía encontrarme por las circunstancias en las que podía estar, negándome mis acciones actuales, y sacando como conclusión la felicidad que debía de tener. No, no funciona.
Las intimidades humanas, tienen una plenitud explicativa que no incluyen ningún proceso de comprensión ni gnoseológico, ni cosmológico.
Son producto de una inmediatez total y formadora, sintética total y cuya única manera de su comprensión seria a través de una inducción propia.

En el estudio de mi alma y espíritu, la teoría se volatiliza y los sentimientos entran como una posibilidad de medida y conclusión..
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