miércoles, 12 de agosto de 2015

Andrés, el Psicólogo y la segunda persona.



Cuando salió de su casa camino al psiquiatra, el color de las casa y la luz solar de un cielo  despejado, no le hacían intuir, todo lo que más tarde llovería. Cabizbajo y pensativo, andaba siempre que iba al despacho del doctor. Alguna mirada con algún otro viandante, paradas, siempre desritmicas en los semaforos y, sin prisa, pero andando un tanto más rápido que en la normalidad, llegó a la finca.
La entrada era muy cuidada y correcta, pero denro de este estilo, el mármol subía por unas escaleras, realmente extrechas y oscuras, que a Andrés tanto le gustaban.
Como siempre, y no con él, sino con todos, tumbó, comodamente al paciente, a Andrés, en el sillocito de la sinceridad, mientras el doctor, se subía y ajustaba sus amplias gafas y de claros cristales,  hasta dejarla bien alta en su nariz. Tenía la tendencia a elevar algo la ceja izquierda. Andrés, además de estar ya acustumbrado, jamás le llamó ni un ápice este detalle.
La variación emocional era quizás algo más elevada de lo habitual y el saber por qué era el asunto de su consulta.
- No quiero, pero en aquel momento, con toda  consciencia, fue que sí
- Andrés, ¿y que entiendes por consciencia?
- ¿el contacto directo y primero con la realidad?
- Sí, ¿Y qué me concluyes entonces?
- Mira doctor, yo no estoy aquí para que me lleves allá hasta donde quieras y que vaya y allí encuentre la solución. Te voy a contarte mi problema de esta conciencia perdida.
El real y objetvo formador soy yo, y, mi primera decisión, en más ocasiones, es violada sin piedad, por este segundo inquilino que llega, decide y toma las conclusiones por si solo, abandonando el contacto y noción de la realidad, y empuja  a mi  cuerpo, hasta ese Whisky o aquel porro. !Créeme noto dos personas!, ¿es un símbolo de locura?
- No - el doctor sonrió y se alejó algo más del paciente. Sabía que no tenía ningún tipo de malformación psicológica pero si unas grandes tormentas en su espíritu- no, Andrés, tenemos tres figuras formativas, el consciente, el subconcinte y el inconsciente..
- Sí, sí - no le dejo acabar, y con los ojos, quizás un tanto desmesuradamente - pero doctor !le hablo de una invasión y desplazamiento en toda regla del esta segunda parte formadora!, !comienzo a sentir la molestia del inquilino no querido!.
- Sí, Andrés, un subconsciente que tiene dominado a tu cuerpo, sus pasiones y deseos y que vive, sn embargo totalmente oculto al mundo exterior,  toma las decisiones que le vienen en gana. Sólo se arruga, retrocede y se vence, en la lucha, a muerte, con la cociencia.
- Sí, por fin sabemos los dos de qué estamos hablando - el doctor reía para sus adentro. Su salida amplia, excesiva, gesticulante, pasional, sólo había sido para poner a tono a Andrés -  mi doctor cuantas veces los siento y trato de imponer lo que soy. Cuando tengo deseos pasionales, rabia, amor, libidez, egoismo, vicio, perrería y otros, no es mi primera persona la que está siendo afectada por estos impusos. Éstos forman parte de este segundo Andrés invasor que pretendo alejar. Y cuando lo consigo  - se alzó a la par que  apretaba los puños - me siento feliz por dominar este falso yo, por mi persona.
- Siga, vamos a darle más generaliddad y verdad entonces.
- ¿Generalidad?, aquí te las digo y te afirmo que cada uno de nosotros, si no, todos, estamos sometidos a estas dos personas que luchan dentro de nosotros, pero no las vemos. !Démosle una realidad onotlógica a las dos partes de la disputa y nos daremos más facilidades para saber quien es la buena persona y cual es la mala, que te forman entre las dos, para actuar.
- Andrés, ¿no me haces literatura?
- !No!, ni metáforass, ni personificaciones no!, estoy describiendo realidades actuantes y formativas, que a las personas se nos escapan de nuestra realidad precisamente por el grado de simplicidad que se encuentra en ellas para la solución del problema.
- Bueno, ya sabes que freud habló de ese asunto, ¿no?
- Sí, lo sé. Pero no más lejano lo puedes colocar de lo qué yo te voy a decir. Me dijste, ya hace unos meses, cómo había dividido a la persona este sujeto para expicarla, primeros movmientos, inmersión social, reacciones conscientes, o algo así creo recordar.
- Sí, crees; pero más o menos correcto, sigue.
- Bien, pues no, te hablo de las dos personas, sino de la dualidad que siento y veo en mi, en algunos momentos de lucidez.
Andrés paró, se levantó, se fue hasta el bacón, mientras sacaba y se encendía un cigarro. Discrétamente y tratando que tirar máxima cantidad de humo por la ventana, un cigarrito se lo fumaba.
- Cuando soy consciente del duo, actúo correctamente.
- Mira Andrés, las conclusiones teóricas sobe la constitución ontológica del asunto no son correctas, ahora bien, tus palabras tienen una gran aplicación práctica y son una muy buena posición en la vida. Tienes un asunto concreto que hacer, los personajes y la lucha, pero ¿Usted tiene algun problema de tales magnitdes que le lleven a un descontrol como poseso por otra supuesta persona?
- No doctor, no, !cómo quiere que hablemos de los estados aímicos y la composción sensible del sujeto! los dos sabemos que ambos llevamos una vida dentro de los márgenes de la normalidad, pero mi mayor y más amplio deseo es tener un máximo control sobre mi persona.
- Pensar, en su caso, es decir, en la normalidad, nunca jamás es malo, siga así, mi paciente y amigo.
Se despidieron muy dicretamente y se dieron la espalda el uno al otro rápido.
Andrés pensaba y  se imaginaba, ahora que estaba en perfecto control mental y emocional, a aquellos dragones rojos con forma de ideas y tentaciones que a todos nos han invadido en algún momento y  hemos comeido el error de asignarlos a nuestra persona - !es una entidad que nos invade!.
Ya llegando a su casa se paró y estuvo mirando a los ojos del doctor cuando le dijo que no hiciera tanta literatura - ¿la hago?, ¿me lo invento?, ¿nado en el error?, ¿soy de los pocos que decimos las verdades tay y cómo son y no tenemos que escondernos en la ténica conceptual y estudiada para disimular nuestra vergüenza y miedo al error?
La portera de su edificio, lo conocia hacía ya muchos años  - !demasiados! - le decía ella, entre sonrisas, pues son refejo de lo mayor que estoy - y lo saludo con mucha cercanía. Andrés era una buena persona y la gente se lo había notado, siempre, rápidamente.

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