jueves, 6 de agosto de 2015

De los barcos y la felicidad buscada



Las diferentes perspectivas producto del punto de inicio del razonamiento, enturbian todas mis conclusiones, creyéndolas enfermas de mi propia ideosincrasia.
Veo y comparto movimientos y vida con personas cuyo pensamiento, valores, jerarquias, motivos, causas y otros son totalmente diferentes a los mios, pero y también, su situación vital, económica y social, distan mucho de las mías.
Les miro con la cara del error que mantienen, pero mi espíritu se debate en la discordancia de la probable envidia que allí me lleva.
Veo personas huecas y vanales, que parecen felices por tener suficiente cash para vivir rodeadas de muchos elementos de disfrute, a las cuales critico por verlas alejadas de la realidad humana.
Ante esto, me pregunto, cabizbajo, si no será un acto de justificación de mis actos ante no poder tener los de ellos.
El juicio absoluto, pedido por algunos pensadores, desde la distancia, no existe.
Sólo cabe una manera de juzgar y ésta será, conseguir en el punto en el cual todos nos podamos situar, un estado de felicidad. Si en esta situación no es posible, el relativismo sobre la calidad, disfrute y plenitud de vida, irá de la mano de aquello que nos rodee.
Y ¿cual es este estado?, éste sería el tener los elementos básicos, sin estrecheces ni malvivires, en el cual la persona pudiera sentirse totalmente realizada. En el supuesto caso de encontrar, escribir, trasmitir y poner poner en práctica esta postura vital de felicidad, en unas circunstancias en la que todos pudiesemos estar, sería la respuesta correcta.
Aquel que tiene diez yates, no tendría, si quisiese, la imposibilidad de entrar en esta supuesta felicidad, desaciendose de ellos como dependencia vital. Es decir, sería un estado en el cual la posibilidad se haría genérica y, por tanto, cierta.
Y aquellos que piensen y sientan que la realización del ser humano, de las personas, está en tener diez yates, que piensen y sepan que se equivocan pues su conclusión será única, contingente, selectiva y sujeta a circunstancias.
De Fariseos e hipocritas sería afirmar que no querría tener diez yates o al menos el montante económico  que ello significa, pero me consuelo con la conclusión de que la realización del ser humano como tal, tiene que estar sujeta a unas posibilidades colectivas y necesarias.
No es posible que nuestra naturaleza nos conceda la felicidad y realización con la obtención de ciertos bienes materiales selectivos y particulares.
Sí, es así como yo veo y entiendo la cuestión,  pero me sumerjo y nado, otra vez en mis dudas, cuando me pregunto si en uno de los diez yates fondeado en alguna de las calas de cualquiera de las islas de las Canarias, iban o no iban a cambiar mis conclusiones.
!Bendito de mi, que tengo dinero para vivir muy dignamente, pero no, ni para comprarme un pequeño barco de pesca!

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