lunes, 25 de enero de 2016

Cuando la razón se destronó



En cuantas, casi demasiadas, ocasiones encuentro y veo una aparente gran felicidad en gente que no tienen ni el más ligero interés en buscar un significado alguno a su existencia o a los motivos de acción. Se dejan arrastrar, repito, arrastrar dócilmente. Aparentaran felicidad. No tengo potestad para dudar de ella.
Y aquí viene el problema de colocar a la racionalidad como elemento definitorio y esencial del ser humano, si entendemos que la máxima, por necesidad y naturaleza, realización del sujeto, es la felicidad.
La racionalidad tuvo que tener un origen practico, es decir, la utilización de elementos abstractos brutos no aparecen de la nada.
Ademas de cuestiones vitales, alimentación y protección, también tenemos propias y formadores, también con un origen practico y primero, tales como la comodidad o la diversión.
La razón nacida en los brazos de estas necesidades.
Y ¿por qué insistimos en que la realización del ser humano como tal consiste en la realización de una acción contemplativa abstracta a través de la razón?
La utilización de la razón comenzó en la práctica y quizás allí haya que dejarla.
En ocasiones las personas nos vemos convencidas y empeñadas a ir algo más allá del movimiento cotidiano.
La razón no lleva impresa en su etiqueta de compra, la necesaria observación de los elementos abstractos como elemento realizador del uso y razón de su ser.
Igual no es la capacidad de razonar lo que nos distingue, y quizás la mayor diferencia con el resto de los animales sea nuestra capacidad de divertirnos realizando acciones agradables para nosotros. Y a esto, la razón nos hace maestros ¿por qué no estará aquí su máximo hacer propio?, somos seres racionales con lo que podemos ampliar hasta grandes limites nuestra capacidad de disfrute y diversión material.

Sea como fuere, la frialdad y lejanía del pensamiento me lleva a la duda de la realización del ser humano a través de la razón abstracta.
Le doy licencia a mis inutilidades y hago genéricos mis errores.
Cada día caigo en la trampa de la búsqueda de las explicaciones mediante la razón, cuando puede que su único uso sea llevar a cabo operaciones tal y cuales nos den de comer, protección y diversión.
Si mueres en la felicidad es absolutamente independiente e incomparable, o bien hacia aquí o bien hacia allá, tú vida de la que hubiera sido del otro que también murió feliz.
No paró ni un minuto a pensar en abstracto y murió muy feliz en paz con el mundo.
El pensamiento no es el elemento definidor definitivo del ser humano, si el fin de éste es ser feliz.
Es una obviedad o un juicio analítico puro que la máxima realización del sujeto será ser feliz, y esto no tiene que ser el camino de la razón.
Quizás sea, no mas, que una herramienta que hemos tratado de darla como elemento esencial.
A ver, díganme, ¿vale más o menos la felicidad que pudiera obtener cualquiera leyendo a Kafka aun que nunca hubiera ido a un partido de fútbol, que la de aquel que no había leido nunca un autor como tal, fuera feliz, mucho cuando ganara su equipo?
Es felicidad y no más que felicidad.
Pero es el fútbol el que nos arrastra, son los espectáculos y las curvas lo que nos enajena, es la frivolidad lo que cura nuestra alma de dolores, es la repetición sobre el olvido y se es en muchas ocasiones, tan justificada y con la misma validez, feliz.
El camino de la razón va junto al barranco de la desesperación y el engaño.
Lo que crees como grande y necesario, puede ser no más que un problema para alguien que lo quiso tener.
La razón es la carrera sin meta ni premios más que el ejercicio de realizarla.
Siempre temblando de lo consciente que soy de la influencia de las circunstancias que me rodean al momento de afirmar mi opinión, me revuelvo entre las risas vacías y frívolas de personas que aparentan disfrutar de su desinterés existencial.

¿Os pasa a alguno/a más?
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